Rafa Iglesias: de marchador 'a la fuerza' a ser el gran maratoniano del atletismo salmantino

Rafa Iglesias anuncia su retirada tras cerca de 30 años en el atletismo, y una década en la élite del maratón español. Talento tardío, antes de explotar llegó a hacer marcha y se vio envuelto en una sanción, pero encontró su lugar en la mítica distancia. Su espinita, no llegar a ser olímpico.

Rafael Iglesias Borrego (Salamanca, 5 de julio de 1979) ha puesto punto final a su trayectoria de casi 30 años en el atletismo, que mamó desde pequeño y en el que encontró su sitio cuando ya había brillado en pruebas de fondo en pista. Sobrino de un conocido juez de atletismo salmantino, sus inicios no fueron fáciles. Tras la etapa escolar, empezó a trabajar las pruebas de fondo con su primer entrenador, el olímpico Honorato Hernández, gestor entonces del club de atletismo Sol Fuerza.

 

Eran los años de esplendor del atletismo salmantino, con clubes como el ADUS y el Atlético Salamanca, multitud de atletas campeones de España, internacionales, en clubes como Larios-Moratalaz, entrenadores de postín como Carlos Gil, Rosa Colorado, Cordovilla o Sánchez Paraíso. En ese panorama, al joven Rafael le costó despegar, como recuerda Hernández. Tanto, que su club optó por ponerle a hacer marcha en las competiciones por equipos.

 

Fue después cuando empezó a despuntar como júnior y, especialmente, como promesa (sub 23) y en competiciones universitarias junto con el otro gran talento del fondo en Salamanca, Miguel Ángel Pinto. En 1998 ya consiguió ser internacional júnior con España en un Europeo de cross; en 2000 fue campeón de España universitario y en 2001, campeón de España promesa de 10.000 metros. También logró ganar dos veces la San Silvestre de Salamanca. Y ahí se cortó su trayectoria.

 

La culpa fue de un caso de dopaje, del que TRIBUNA informó en su momento. En abril de 2002 fue apartado de la competición por un positivo que después se demostró falso porque estaba bajo tratamiento de una prostatitis. Se le comunicó de viaje a una competición internacional universitaria de cross, recurrió y llegó a competir, pero la sanción se confirmó. Estuvo dos años apartado y sancionado, pero recurrió: su positivo se demostró falso. Años después, consiguió recuperar todos sus resultados anulados y que se le indemnizara.

 

A su vuelta, rondaba en su cabeza un nuevo desafío: las grandes distancias en ruta. Ese camino lo había dejado abierto el que había sido su entrenador, Honorato Hernández, ultramaratoniano y olímpico. Y lo había retomado Ramiro Morán, que se pasó de los obstáculos a la ruta con éxito: fue campeón de España de media maratón. Un nuevo Iglesias encontró aquí su sitio, hasta el punto de que su carrera en ruta ha sepultado su 'pasado' de fondista. Se estrenó en 2005 en la media y dos años después hacía su primer maratón en Berlín 2007 con grandes sensaciones. Desde el principio, los resultados fueron sobresalientes. 

 

Alternó media y maratón en sus mejores años de atletismo. En 2009 ganó la maratón de San Sebastián con el que, todavía, es su mejor tiempo en la distancia: 2h10'44, una marca de categoría, y se proclama campeón de España.  Ese mismo año termina tercero en el maratón de Sevilla con su segunda mejor marca de siempre y también sufrió su primera retirada en el Mundial en Berlín. En 2010 terminó segundo del ránking nacional en media y logró su mejor resultado internacional: un sexto puesto individual inolvidable en el Europeo de Barcelona, que terminó exhausto y con el premio de la Copa de Europa con la selección española

 

Iglesias y Chema Martínez, en el Mundial de Daegu.

 

En 2011 se proclamaba campeón de España de esa distancia con su mejor registro, 1h2'40, además de ser mundialista en Daegu donde es bronce por equipos con España. Ya es uno de los indiscutibles del fondo en carretera del atletismo español. Y el atleta que mantuvo durante años viva la llama del atletismo salmantino, muy apagada por entonces.

 

Los últimos años, no obstante, fueron amargos. Iglesias empieza a sufrir lesiones que complican su preparación y le apartan de su último gran objetivo: ser olímpico. EN 2012, lanzado como fondista, sufre una lesión del hueso sacro en febrero que le impide finalmente buscar la mínima para Londres. Esta oportunidad pasa, pero en 2013 vuelve a correr un maratón y en 2014 gana el de La Coruña. Vuelve a estar preparado para el sueño olímpico. En 2015, en pleno asalto para la mínima de Río, se lesiona y tiene que renunciar a Berlín, donde quería conseguir la marca de clasificación. Y una inoportuna enfermedad le impide gastar el último cartucho en Sevilla. Adiós a Río, y adiós al sueño olímpico.

 

Tras la decepción, sólo la alegría de poder terminar su último maratón, el pasado noviembre en Valencia. Y los planes para despedirse con dos carreras este 2017, con la satisfacción de treinta años de atletismo y la única decepción de no convertirse en olímpico.

Noticias relacionadas