¿Qué opinan los españoles? (I)

YO, CLAUDIO. OFICINA DE DEMOSCOPIA Y COMUNICACIÓN

Hace ya muchos años, en 1963, se creó el Centro de Investigaciones Sociológicas. La base de datos que ha acumulado, con miles de encuestas realizadas en estos 56 años, es la fuente de información más amplia y detallada sobre la evolución de las opiniones de los españoles. Pero no es de cumpleaños que queremos hablar. Y tampoco del pasado.

 

En la era de Internet y del Big Data nos podemos preguntar ¿para qué sirve hacer encuestas?. 

 

Existen muchos datos, todos los rastros que dejamos cuando usamos dispositivos electrónicos. Las huellas son virtuales, cuentan la tienda online en la que hemos comprado, dónde nos informamos, que hemos escrito… Y son también físicas, nuestros teléfonos móviles informan exactamente donde estamos en cada momento de los 1.440 minutos de cada día. 

 

 

Hay tantos datos sobre cada humano, que se ha llegado a decir, que el modelo de negocio de Internet es la vigilancia; y los especialistas en análisis de datos son los cazadores del antropoceno. Se estudian las huellas para predecir donde capturar al cliente, que cebo ofrecerle para que compre, como influir sus opiniones y su conducta.

 

¿Para qué entonces, en este superpoblado ecosistema, generar nuevos datos con encuestas?.  De entre todas las razones, que no son pocas, hay algunas que me parecen especialmente relevantes.

 

Generamos respuestas consistentes en el tiempo a las mismas preguntas, por ejemplo, ¿si hubiera elecciones hoy, de los siguientes partidos, a quién votará usted?. Aquí estamos en la física clásica.

 

Podemos crear respuestas, formulando preguntas que nadie se ha hecho antes y anticipar cuáles son las reacciones. Creamos al tiempo que medimos. Si queremos influir en la agenda pública esta es una herramienta imprescindible. Entramos en la física cuántica.

 

Y con la publicación de las encuestas resolvemos un viejo problema conocido como la ignorancia pluralista. Cada uno de nosotros tiende a pensar, unas veces, que su opinión es compartida por mucha gente y otras veces, que su opinión es compartida por muy poca gente. Y no, esto no depende solo de cuanto vino de Ribera o del Bierzo, hayamos bebido en la cena. ¡No cabe duda que cada copa aumentará nuestro optimismo!. Lo cierto es, que con o sin la ayuda del rojo rubí o del rojo purpura, nadie está de verdad seguro de cuantas personas comparten su opinión. Y aquí la encuesta es imbatible: nos despeja esa duda.

 

Las consecuencias de resolver la duda no son tan fáciles de predecir cómo algunos spin doctors y otros amanuenses de la comunicación suelen asumir. Lo que sí es seguro es que cada vez que se publican los resultados de una encuesta, hay una teoría en uso sobre su función performativa, sobre cuáles serán sus efectos.

 

Y es esa teoría en uso,  la que guía el proceso de maquillado de los resultados, para hacer que la ignorancia pluralista se despeje en el sentido que nosotros queremos que se despeje, motivando a los nuestros y desmotivando a los demás. Sí, es como si les invitáramos a  otra botella  del mejor vino de nuestra bodega.

 

Como esas teorías son desconocidas, solo las podemos imaginar. Y la imaginación es,eso, imaginación.

 

Algunos han intentado resolver la incertidumbre, amalgamando los resultados de todas las encuestas publicadas, con la esperanza de que todos los errores se anulen. Por muy sofisticada que sea la técnica utilizada para amalgamar, y ciertamente algunos se han esforzado no poco, introduciendo técnicas bien sofisticadas, si en la caneca hemos introducido uvas podridas, las levaduras lo tienen difícil.

 

Para resolver ese viejo problema de saber cuántos comparten nuestras opiniones, nosotros vamos a seguir un camino diferente. Vamos a tratar de utilizar las mejores uvas.

Y volvemos donde empezamos. El Centro de Investigaciones sociológicas realiza cada mes un estudio llamado Barómetro; después analiza los resultados, los interpreta y los publica.

 

En la interpretación es donde entra eso que algunos, despectivamente, llaman “cocina”; aunque la cocina, como todo buen amante del botillo o del pate de vino sabe, es lo que diferencia, con los mismos ingredientes, un plato mediocre de uno excelente. 

 

Aparentemente el Centro de Investigaciones Sociológicas hace lo mismo que cualesquiera otros de los publican encuestas. ¿Qué hay de diferente?.  La diferencia es muy relevante: aproximadamente un mes después, nos permite acceder a las entrevistas individuales, a los ingredientes. Y podemos determinar como de bueno estuvo el plato. Esta es una diferencia muy notoria respecto a cualesquiera otras encuestas publicadas, cuyos autores no publican los ficheros con las entrevistas individuales. Y como todo doctor sabe, sin esto es imposible reproducir los resultados.  

 

Como ya paso un cierto tiempo, aproximadamente un mes desde que se hicieron las encuestas, y los platos recalentados no suelen estar buenos, nosotros no vamos a dedicarnos a la cocina, vamos a trabajar en nuestro laboratorio, para determinar objetivamente, cómo evolucionan las opiniones, a partir de los ingredientes crudos. Y de paso, aunque este es un objetivo secundario,  obtendremos un indicador de como de buenos son los “cocineros” que emplea el Centro de Investigaciones Sociológicas.

 

Además de la razón que hemos reclamado en nuestro auxilio, hay una segunda, no menos poderosa: hoy por hoy la encuesta que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas es la encuesta más grande y más representativa de cuantas se realizan en España. Y es la única que se realiza con entrevista personal.

 

Lo primero, la más grande, es indiscutible. Aproximadamente cinco veces más grande que todas las demás.

 

Sobre la representatividad caben algunas dudas, no relacionadas con el diseño de la muestra, que es impecable. Las dudas vienen del método de recogida de datos, la entrevista personal.

 

No es que el método sea malo, que no lo es. Es que tiene algunos sesgos: no todas las personas son igualmente accesibles para una entrevista personal. Es conocido que este método subrepresenta a los que pasan poco tiempo en sus casas; y estas gentes poco hogareñas,  suelen estar muy arriba y muy abajo en zigurat social.

 

Dado que este es un método costoso, todas las demás entrevistas, se realizan por teléfono y a veces por Internet. También estos métodos tienen sus sesgos propios, que con frecuencia son desconocidos y por tanto todavía más incontrolables.

 

Momo, si pudiera elegir la forma de la ventana para mirar dentro del alma de España, elegiría la entrevista personal. Y también, de vez en cuando, la calibraría con entrevista telefónica.

 

Nada es perfecto, ni en este mundo ni el otro. Además a las personas a las que debiéramos haber preguntado y no hemos podido, están aquéllas a las que les hemos preguntado y no han querido responder y aquéllas otras que no tenían opinión formada ni la han construido cuando les hemos preguntado.

 

Por tanto, nosotros, de la mano de Momo, vamos a interpretar cada mes el alma de España, no con alquimia ni tampoco con cocina; simplemente aplicando el método científico a los materiales que nos proporciona el Centro de Investigaciones Sociológicas.

 

Ni más ni menos que lo que hace todo buen laboratorio, en una sociedad abierta y pluralista.

 

Así pues, una vez al mes, en cuanto estén disponibles los datos de los entrevistados, publicaremos nuestro análisis de España. Y quinces días más tarde, replicaremos nuestro método sobre los datos de Castilla y León.

 

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