¿Qué opinan los españoles? (II): Efecto Band Wagon

YO, CLAUDIO. OFICINA DE DEMOSCOPIA Y COMUNICACIÓN

España tiene Gobierno. Cuando se constituye un nuevo Gobierno, suelen producirse dos efectos en las encuestas: más gente, de la que realmente ha ido a votar, recuerda haber votado; y recuerdan haber votado al partido ganador más votantes de los votos que realmente ha obtenido.

 

Este efecto genéricamente conocido como “band wagon”, se debe a diferentes conductas. Las personas que han votado al partido ganador, están más dispuestas a decírnoslo cuando les preguntamos en tanto que las personas que han votado a partidos perdedores prefieren no contestarnos. Y también a que unos cuantos que no votaron y que simpatizan, o al menos no les irrita, la opción ganadora, se apuntan a “caballo ganador” y declaran haber votado por el más veloz.

 

Detrás de estas conductas hay una tendencia a la conformidad, de la cual sabemos bastante al hilo de todos los estudios que han buscado explicar porque gente “normal” lleva a cabo conductas “aberrantes” bajo presión de la autoridad o de sus iguales más fuertes; y una tendencia a obtener información de la conducta de otros.

 

Esta última clase de conducta es lo que se conoce en economía del comportamiento como cascadas de información: de un modo secuencial, uno detrás de otro, cada persona va adoptando la conducta que han adoptado otros en su entorno, para no marcarse como muy diferentes. Sabemos que los humanos no suelen tolerar bien al diferente, salvo que el diferente esté bendecido por Afrodita. Y sabemos también que, si por algo se caracteriza Afrodita, es por su escasa prodigalidad y la aún menor resistencia que opone a Cronos.  Estas cascadas de información están detrás de otras muchas conductas, por ejemplo  la que nos lleva a vestirnos según la moda del momento, y a consumir productos de belleza para lidiar por nuestra cuenta contra Cronos, pese a que todos sabemos que la lucha contra los dioses solamente puede acabar en derrota.

 

El efecto “band wagon” tarda un cierto tiempo en diluirse. Por tanto, al mirar los datos de una encuesta electoral en el periodo inmediatamente posterior a la constitución de un Gobierno, es conveniente no dejarse confundir por súbitas subidas de los datos.

 

El Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas de Diciembre de 2019 está hecho antes de la proclamación del nuevo Gobierno PSOE-UP; el de Enero de 2020 después.

 

Y cuando miramos los datos de la intención de voto declarada (sobre el total del Censo) el “efecto band wagon”  se manifesta bajo dos formas.

 

Se reduce en 5 puntos los que de una u otra manera nos dicen que no van a votar (36% en Diciembre y del 31% en Enero). Seguramente una parte de estos “nuevos votantes” se han apuntado a algún caballo ganador; probablemente 2 puntos han ido al PSOE, que pasa de 22% a 24% y 1 punto a UP.

 

Pero este efecto “band wagon” es realmente moderado. Parece que sucede algo más: polarización.

 

Para entenderlo, hay que tener en cuenta que el Barómetro de Diciembre de 2019 se hizo antes de las elecciones. De haber conocido el resultado de las elecciones, unos cuantos votantes de Ciudadanos que no fueron a votar, recuperarían su opción y por eso su intención sube 2 puntos en Enero. Y algunos votantes de VOX probablemente votarían en Enero de modo diferente de como lo hicieron en Diciembre, razón por la cual VOX pierde 1 punto. Seguramente la suma de “abstencionistas” de Ciudadanos y “arrepentidos” de Vox explica la ganancia del PP, que mejora 2 puntos y pasa del 12% al 14%.

 

En Castilla y León,  todos los movimientos que hemos descrito, son más extremos y algo diferentes. Quienes de una u otra manera nos dicen que no van a votar cae 11 puntos (de 42% a 31%). Una parte de estos nuevos votantes se suman en el “band wagon” de la intención del voto del PSOE que crece en 7 puntos (de 22% a 29%), incluso a costa de UP, que cae 1 punto.

 

En el bloque de la derecha, los abstencionistas de Ciudadanos han despertado, pero no como les gustaría a sus líderes: su intención de voto a Ciudadanos no se mueve y seguramente van en su mayor parte al PP, que incrementa su intención de voto en 3 puntos (del 17% al 20%). Tampoco hay “arrepentidos” de Vox; al contrario, su intención crece en 2 puntos.

 

Aunque los datos de Castilla y León hay que tomarlos con cierta precaución porque la muestra es pequeña, todo parece indicar que en nuestra comunidad los movimientos son más extremos que en el resto de España. Tanto el efecto “band wagon”, como la polarización son más acusados.

 

La cuestión es si para liderar una nación, y nuestra Comunidad, siempre ha tenido esa ambición de liderazgo, es mejor estar en el promedio de la nación o en sus extremos.  Sin duda los extremos hacen más nítidas las imágenes que el centro, que siempre es más confuso, pero también hacen más difícil los acuerdos mínimos necesarios para sostener la convivencia civilizada. La belleza está en el ojo del que mira, pero en cada época y territorio Afrodita adopta una forma, construida con números áureos, de la cual la inmensa mayoría de los humanos nos enamoramos. Pequeñas desviaciones de la simetría son toleradas, incluso aumentan la belleza percibida. Diferencias grandes, crean fealdad y alimentan las perversiones.  

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