Puerto seco: la incapacidad por costumbre
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Puerto seco: la incapacidad por costumbre

Fernández Mañueco y Fernando Rodríguez, antes de un pleno

"El puerto seco es un engaño masivo". La frase la firmaría casi cualquier salmantino que pudiera conocer con algo de profundidad y sin adornos la realidad del plan que hay debajo de esas dos palabras tan contradictorias: puerto y seco.

"El puerto seco es un engaño masivo". La frase la firmaría casi cualquier salmantino que pudiera conocer con algo de profundidad y sin adornos la realidad del plan que hay debajo de esas dos palabras tan contradictorias: puerto y seco. Aquí se ha perdido hasta el autor intelectual de la idea, un 'padre' institucional que ya no brinda las atenciones precisas al que fue proyecto mimado de Salamanca. Y la verdad, no extraña, porque el fantástico proyecto de dar a la ciudad una salida al mar portugués para que circularan por la provincia mercancías llegadas desde Oporto se resume hoy en tres palabras: nada de nada.

 

Está claro que es muy poco para una idea que lleva más de una década resonando amplificada al máximo por las instituciones salmantinas con el sanbenito de que es 'el futuro de Salamanca'. Por lo que nos han vendido, es una máquina mágica de atraer empresas, generar empleo y proporcionar a Salamanca ese músculo industrial que añora la ciudad, el 'as' electoral que todo político salmantino aspira a poner sobre la mesa alguna vez en su vida. De cara a la opinión pública, lo tiene todo. Tiene tren, porque es un nudo ferroviario; tiene mercancías, cuyo trasiego es riqueza; tiene suelo, y el que tiene tierras tiene capital; hasta promesa de fondos europeos, que es garantía de dinero en cantidad y fácil de gastar. El que no apostara por el puerto seco es que no tenía vista.

 

En realidad, ni hay fondos europeos, ni tren ni mercancías. Por no haber no hay ni socios, esos que venían de Portugal para compartir con nosotros su posición de privilegio como puerto de verdad, con agua, pero también con tráfico de mercancías real, actividad real, empresas reales. La única vista posible en el proyecto salmantino son los terrenos vacíos para albergarlo en Peña Alta que se ven desde la sede de Zaldesa, el 'zombi' societario creado al efecto, poco más que una (cara) oficinita con un señor allí sentado.

 

Lo que era un proyecto de ciudad es ahora un marrón de ciudad. Pierde centenares de miles de euros cada año y arrastra una deuda millonaria que alguien se tendrá que 'comer': en primer lugar para hacerlo, los contribuyentes salmantinos, a los que los sucesivos equipos de gobierno del PP han estado engañando para enterrar sus impuestos en esta genial idea. Otro de los muchos castillos en el aire con los que, durante años, los endémicos representantes institucionales salmantinos han demostrado su incapacidad.

 

De todas las ideas locas, mi favorita es otro puerto, el de Vega Terrón. Un muelle en los Arribes para que las mercancías (hay cierta fijación en esto) subieran y bajaran por el río con origen y destino Portugal. Se celebró con júbilo que una empresa había decidido iniciar la actividad. Y años después, la bofetada: la empresa no había pagado ni un euro del canon establecido y la Diputación de Salamanca ni se había enterado. Agujero millonario y a salvar el ridículo como se pudiera. A pesar de todo, vuelve periódicamente a la palestra, una fijación tozuda propia de reincidentes casi criminales.

 

Le pasa lo mismo al otro puerto, el seco, el de Salamanca, que ya lleva el ciernes casi tanto tiempo como el del Duero. El último en creer que le sacaría partido ha sido el alcalde y candidato in pectore Fernández Mañueco que, por cierto, también tuvo lo suyo en La Fregeneda. El todavía primer edil salmantino quiso jugar esta carta, dada por el 'crupier' oficial de la materia, Fernando Rodríguez. Hace cosa de un año le dio un giro al asunto: el puerto seco iba a ser un nuevo polígono industrial con suelo barato al que iban a llegar como moscas las empresas, tantas como  hay a las puertas de Salamanca esperando turno para instalarse (léase la ironía). 

 

Un año después, nada de nada. Por no hacerse, no se han firmado ni los convenios. Dicen las malas lenguas que no ha habido manera de 'engañar' a la Junta para que arrime 4 millones de euros en vez de cobrarse el crédito que se le pidió por la misma cuantía. No se ha urbanizado nada, no hay parcelas ni naves ni empresas. Sólo una nueva muestra de la incapacidad por costumbre. Un puerto seco que no es más que humo. Si este es el futuro de Salamanca, preparemos una elegía.