Productores de patata y remolacha, con el agua al cuello

La predicción de la AEMET es que el verano será "normal" en Castilla y León

El tubérculo por excelencia acumula más de un mes de retraso en la siembra y el cultivo remolachero puede perder productividad y hacer que aún más agricultores abandonen este sector.

El campo salmantino sigue pidiendo, a voces, una tregua al cielo. Y es que la lluvia impide la realización de las labores propias de esta época del año y cereales, patata y remolacha se ven claramente perjudicados por este hecho, con especial mención para los dos últimos.

 

De hecho, la siembra de la patata va a acumular un retraso de un mes y medio porque las previsiones meteorológicas aún indican lluvias en próximos días y eso impide a los agricultores entrar en las tierras para iniciar su preparación de cara a la sementera. “Las patatas de siembra van a brotar y eso va a provocar aún un mayor retraso. En las tierras buenas, no se va a poder entrar en las dos próximas semanas como mínimo, y en el resto no se sabe. La producción va bajar y la situación se complica”.

 

Así lo indica Juan Manuel Redero, agricultor de la zona de Las Villas, quien señala además que hay preocupación dentro del sector por esta situación, que se extrapola también a un sector muy dañado como es el de la remolacha. “Este cultivo va a acumular un retraso enorme y eso va en perjuicio de la producción, por lo que incluso más agricultores van a dejar de sembrar remolacha, agravando la situación de este producto”, apunta Redero.

 

Tal es así que Salamanca perderá buen parte de las 1.500 hectáreas con las que cuenta de remolacha en la actualidad ya que el sector ha caído en un pozo del que será difícil que salga si la industria no pone de su parte y ayuda a los productores inyectando una importante cantidad de dinero.

 

Por su parte, el maíz también presenta un nuevo retraso tanto en la siembra como en la recolección ya que aún queda entre un 10 y un 15% de superficie por cosechar pero que por el momento se hace imposible al no poder entrar en las tierras con la maquinaria.

 

Y por último, el sector de los cereales ve cómo los agricultores tiene que echar el abono de primavera desde el aire con helicópteros porque las tierras embarradas impiden ejercer esta labor con la maquinaria habitual.

 

Por ello, el campo sigue mirando al cielo en busca de una pequeña tregua con el fin de evitar que se dé al traste con gran parte de la producción.