Procesiones de Semana Santa: ¿por qué se celebran y cuál es su origen?

La llegada de la Semana Santa trae consigo decenas de procesiones que llenan las calles de nuestras ciudades. Se trata de desfiles religiosos con los que los cristianos conmemoran la Pasión y Muerte de Cristo. Pero, ¿conoces su origen?
 

La Pascua de los cristianos se celebra prácticamente desde el inicio de esta religión para recordar los últimos días de Jesucristo y llevar ese mensaje al resto de la población. Aunque las procesiones --entendidas como desfiles religiosos-- se celebran en todas las religiones, las de España por Semana Santa son diferentes y tienen su propio origen e historia.

 

ORIGEN DE LAS COFRADÍAS

 

El nacimiento de las Hermandades y Cofradías se sitúa alrededor del siglo XV. El profesor de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid Javier Burrieza explica que fueron grupos de laicos --es decir, personas no religiosas-- los que se unieron con dos funciones principales: la de apoyarse mutuamente en momentos difíciles (como enfermedades y muertes) y la de experimentar la Pasión de Cristo (la Penitencia).

 

Fue por este deseo de "vivir el dolor de Cristo" por lo que comenzaron a salir a la calle a representar los padecimientos de Cristo durante la Pasión. Esto explica dos cosas: por un lado, que las primeras imágenes que salieron a las calles fueran de Crucificados y de Dolorosas y, por otro, que hubiera dos clases de cofrades: los de luz --como los de hoy en día-- y los de sangre, que se autoflagelaban.

 

Fue después cuando las procesiones adquirieron la dimensión "teatral" que tienen hoy. "Había una liturgia en las iglesias que no era entendida por los laicos, estaba muy alejada de ellos y era en latín", explica este profesor, que agrega que esto hizo necesario "crear una liturgia" más cercana al pueblo: la que se desarrolló en las calles a través de las procesiones, "ya no solamente a través de Crucificados sino con imágenes más teatrales y más escenas, que son los pasos procesionales", agrega.

 

CONTRARREFORMA Y SEMANA SANTA

 

Las primeras manifestaciones de representaciones de la Pasión y Muerte de Cristo datan de la segunda mitad del siglo XV y del siglo XVI, viviendo su culminación en el siglo XVII. Se trata de unas fechas que coinciden en el tiempo con el Concilio de Trento (1545-1563) y la Contrarreforma, la respuesta que la Iglesia Católica dio a la Reforma Protestante de Martín Lutero en el Siglo XVI por la que se tomó la decisión exteriorizar la fe.

 

De este modo, aunque las procesiones de Semana Santa en España ya existían, a partir de esta fecha "tuvieron un impulso" en todo el territorio español, tal y como explica este historiador.

 

CAMBIOS EN LAS PROCESIONES

 

La principal diferencia entre los pasos de Semana Santa de aquel entonces y las procesiones de ahora son las autoflagelaciones. En el siglo XV, las Hermandades entendieron que ésta era la mejor forma de ponerse en la piel de Cristo durante su Pasión.

 

Fue el Gobierno de Carlos III (siglo XVIII) el que prohibió estas actuaciones, pues los ilustrados del momento consideraron que la flagelación pública no contribuía "a la sincera piedad", sino que más bien era "un auténtico exceso", explica el profesor.

 

IMAGINERÍA

 

El origen de las procesiones se relaciona también con el de las tallas que se pasean. La modalidad del arte que se dedica a la elaboración de estas figuras es la llamada 'imaginería', y se caracteriza por la representación de temas religiosos, generalmente realistas y con intención devocional o litúrgica.

 

Las primeras muestras de la imaginería en España datan del Románico (siglos del XI al XII), aunque fue después cuando tuvo su 'época dorada', especialmente después del Cocilio de Trento (1545-1563) de la Contrarreforma, cuando la Iglesia Católica potencia las artes plásticas para llamar la atención de los fieles.

 


En esta época se dieron varias corrientes diferentes de imaginería, destacando dos: la Escuela castellana, con Alonso Berruguete (Renacimiento) y Gregorio Fernández (Barroco) como dos de sus principales exponentes; y la Escuela Andaluza, donde destacan, entre otros, Juan Martínez Montañés (renacentista y barroco) y Pedro de Mena y Alonso Cano (ambos barrocos). Todos ellos han dejado grandes muestras de imaginería que aún pueden verse hoy.

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