Primer día en fase 1: la 'nueva realidad' a 80 kilómetros de Salamanca

A unas decenas de kilómetros de Salamanca capital, municipios como Miranda del Castañar, Cepeda o Sotoserrano, que casi no han tenido incidencia de coronavirus, entran en la fase 1 de la desescalada con prudencia y en medio de un diluvio, pero convertidos en auténticos oasis.

Camión de reparto y un bar con la terraza puesta en Cepeda. Foto: F. Oliva

El paso a la fase 1 del plan de desescalada ha desatado una tormenta política desde que el pasado viernes se supo quiénes cogían el tren hacia la 'nueva realidad' y quiénes tendrían que esperar un poco más. A tenor del volumen que ha alcanzado la gresca entre administraciones y sectores, cabría suponer que a la vuelta de las 00.00 horas de este lunes esperaba un oasis de permisividad, terrazas y salidas a la calle, aunque como todo depende de la realidad de cada uno y de como se tome la vida.

 

Miranda del Castañar, cerca de la una de la tarde de este lunes 11 de mayo. En este pintoresco y turístico lugar de Salamanca también hay tormenta, pero es de las de verdad. Su imponente castillo, más de 500 años de historia, nos recibe con los chuzos de punta que caen sobre su tradicional plaza. Son las precipitaciones anunciadas por los hombres y mujeres del tiempo para la jornada; la lluvia, que no iba a aparecer en todo el día en la capital salmantina, se manifiesta con rabia a 80 kilómetros. Tan diferente como la realidad del coronavirus en Salamanca y en plena sierra.

 

En este enclave el 'bicho' ha hecho poca mella. Lejos de las cifras gigantes del municipio más grande de la provincia, aquí presumen de 'incidencia cero' en varios de sus municipios. En toda la zona básica de salud, 13 personas enfermas en toda la crisis, hoy solo cuatro casos activos según sanidad. Un 0,77% de todas las tarjetas sanitarias. Nada, o casi.

 

Es la misma situación en la que viven las zonas básicas de salud de la provincia que han pasado este lunes a fase 1, las primeras de Salamanca. Estas zonas son agrupaciones de municipios para la prestación de la sanidad pública, y son la unidad administrativa que ha pedido la Junta para empezar a 'relajar' las medidas de confinamiento. Las 'elegidas' son Aldeadávila de la Ribera, Robleda y Lumbrales, además de Miranda del Castañar.

 

 

Nos desplazamos hasta esta localidad porque es la más próxima a la capital, a 77 kilómetros (una hora y algo) de camino. En el trayecto, travesías y calles vacías, a penas algún alma al paso de localidades todavía en fase '0', diferente (pero no mucho) a lo que vamos a encontrar el Miranda. Esta localidad es la que primero se puso 'en verde' en el mapa del que todos los ayuntamientos viven ahora pendientes y su alcalde, Juan Pablo Gutierrez, lo remarca.

 

Como también destaca la solidaridad de los vecinos y su implicación con la confección de mascarillas y batas, las labores de desinfección... "el que no ha podido trabajar ha puesto dinero, porque este ayuntamiento no tiene", asegura. Por paredes y puertas se reparten todavía los bandos del alcalde con el 'manual' para evitar un contagio, y que piensan seguir a pies juntillas. Ha sido su credo para estar como están: pronto se dieron cuenta de que había que proteger a médicos y enfermeras. Ahora, sus mensajes de prudencia y alejamiento van para los 'foráneos' que tienen casa en este bello pueblo, y parece que calan como la lluvia.

 

El tormentón ha echado a todo el mundo de sus empedradas calles, aunque la realidad de este lunes 'especial' no debe distar mucho de la habitual. Hay algo de movimiento en comercios, pero no mucho. Localidad turística por excelencia, a estas alturas del año sus 416 habitantes censados serán, en realidad, bastantes menos porque aún son mayoría los pocos que viven todo el año. Dos meses de cierre de restaurantes y bares hacen el resto. Este lunes, confirma el alcalde, solo un establecimiento tenía intención de hacer uso de la prerrogativa para instalar terraza al 50% así que tampoco hay mucho de ese oasis de sillas y mesas que esperan los hosteleros de media España. Menos todavía si el alcalde logra la vigilancia de la movilidad que va a pedir a la subdelegación de Gobierno mientras este lugar sea una pequeña isla en la sierra.

 

El espejismo del oasis de terrazas se manifiesta en Cepeda. Avanza la mañana y en esta parte de la provincia sigue lloviendo con fuerza. En una pequeña plaza que hace la confluencia entre Reyes Católicos y calle Callejas, hace su aparición el camión de la cerveza. Está abasteciendo algunos establecimientos que han estado abiertos todos estos días. Muy cerca, un bar con el nunca más idóneo nombre de 'El Álamo', ideal de resistencia 'westeriana', luce a su puerta las dos únicas mesas que parecen tocarle en la 'nueva realidad'... y que nadie parece querer usar, vacías como están.

 

Unas decenas de metros más abajo, 'El Paso' repite disposición con las pocas sillas y mesas que le tocan puestas a la puerta. Parece que no hay nadie, aunque la norma impide pasar al interior y la prudencia llama todavía a no franquear la puerta. Cuesta interiorizar que esta es 'zona segura', si es que algo lo es en estos tiempos de Covid-19. Al levantar la cámara para retratar el lugar, asoma Manuel. Pide saber quién ha dado permiso para fotografiar su local. Tiene toda la razón: el descortés periodista se disculpa y vuelve a empezar, pidiendo licencia. Resuelto el protocolo, se revela quizás como el primer hostelero que ha pasado a fase 1 en esta zona. Ya ha tenido clientes a los que ha servido los primeros cafés, aunque no tantos como para que nuestra presencia deje de ser novedad.

 

Cuenta que lleva dos meses en el pueblo, del que habitualmente hace idas y venidas desde la capital, que cesaron cuando entró en vigor el estado de alarma. Que todavía toca tener paciencia. Que algunos establecimientos lo van a tener complicado. Que espera poder abrir pronto el punto de Loterías y Apuestas del Estado que regenta en el mismo bar. 

.- "¿Y si le pido tomar un café?".

- "Claro, pero tiene que ser fuera".

 

Tomo asiento mientras Manuel entra en su bar, equipado con guantes y mascarilla que usa a pesar de que, después de dos meses en Cepeda, nada puede contagiar (¿y si el peligro soy yo?). Al cabo de poco, regresa con un cortado bien oscuro. Se declara cafetero empedernido, condenado durante semanas a no poder encender una máquina para la que, dice, selecciona cuidadosamente la mezcla de natural y torrefacto. Lo paladeo y le doy el aprobado. Sigue lloviendo. A mares. La torrencial Cepeda es este lunes lo más parecido a un oasis, un refugio en medio del desierto, todavía con terrazas al 50%, mucha prudencia y pocos forasteros. La 'nueva realidad' que se manifiesta a una hora de la capital.

Comentarios

Los periodistas mueven el virus 12/05/2020 11:52 #1
Ya llevo el virus el periodista d elos cojones.

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