Oportunidad perdida
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Oportunidad perdida

Artículo de opinión de Diego Jalón.

Aunque se trata solo del proyecto, conviene no olvidarlo porque ahora vendrá la negociación de las enmiendas e incluso es muy posible que Europa también pueda tener algo que decir, los presupuestos presentados el martes en Moncloa, con una puesta en escena que parecía sacada de un concurso televisivo de los años 80, por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, generan una enorme inquietud entre los analistas económicos, incluso entre los más próximos al Partido Socialista.

 

No podía ser de otra manera con unas cuentas negociadas con Podemos y los independentistas, que han provocado un grave enfrentamiento incluso en el Consejo de Ministros. Ni siquiera Nadia Calviño, quizá la única ministra que entiende de verdad lo que está ocurriendo en la Economía española, quiso sumarse al paripé de la parejita colocando al alimón el librito en el atril de metacrilato, con Pablo Iglesias vestido como un chorizo que acude a un juicio con un traje de otra talla que le ha prestado su abogado.

 

No me gustaría estar en la piel de la ministra de Economía cuando tenga que llevar estos presupuestos a Bruselas. Las cifras son demenciales y ella es una persona seria, con un brillante currículum, que ha trabajado precisamente a las órdenes de Valdis Dombrovskis, el vicepresidente de la Comisión Europea que supervisa el reparto de las ayudas europeas. No sé quién va a flipar más, si ella, o Valdis cuando tenga que contarles a los “frugales” cómo hacemos las cuentas en España.

 

No quiero empacharme con las cifras, pero la previsión del Gobierno al hacer estos presupuestos era de una caída del PIB del 11,3%, unos 130.000 millones de euros, que se dice pronto. Bueno pues con este escenario, que además ya se ha quedado desfasado porque la hostelería, el turismo y buena parte del comercio vuelven a cerrar sus puertas y el cuarto trimestre puede ser casi tan malo como el segundo, lo que propone la pareja de la tele es aumentar el gasto en un 53,7%.

 

Para financiarlo, cuentan con que la recaudación va a crecer en 2021 en unos 25.500 millones de euros, con lo que los ingresos tributarios se situarían en 222.107 millones, frente a los 196.500 millones de 2020. Ni tras cinco años de fuerte recuperación y crecimiento sostenido se alcanzó esa cifra en 2019, cuando se recaudaron 212.800 millones. Pero ahora lo vamos a conseguir porque el año que viene, dicen los mismos que han decretado el estado de alarma hasta mayo, nuestro PIB va a crecer un 10,8%. Desde luego optimismo no les falta. Ni manga ancha, porque con esos ingresos tributarios, se presupuesta un gasto total de 383.542 millones.

 

Vamos que ni aunque los europeos igualen en optimismo a nuestros gobernantes y les compren la milonga de esa recuperación en V que ya no se creen ni los más devotos de la virgen de Fátima, para cuadrar las cuentas serían necesarios más de 160.000 millones de ingresos no tributarios. Es decir, precios públicos, venta de activos no financieros, ingresos por sanciones y, sobre todo, deuda pública. Así que, a bote pronto, aprobar estos presupuestos que Pedro y Pablo necesitan a toda costa para seguir en Moncloa, nos va a costar, en el mejor de los casos, un aumento de casi un 15% del PIB en nuestra deuda ya disparada antes de la crisis.

 

Pero bueno, tranquilos que ya la pagarán otros. O sea, nosotros, o nuestros hijos y nuestros nietos. Mientras tanto, todo en orden que con estas cuentas aprobadas la legislatura ya es viable por mucho que arrecie la tormenta, y además ya se van labrando apoyos para las próximas elecciones subiendo pensiones y sueldos de funcionarios. Que nadie me entienda mal, no tengo nada contra los funcionarios, hacen una labor encomiable y su trabajo debe ser reconocido. Pero tal vez subir el sueldo al único colectivo, por cierto, de más de tres millones de personas, que tiene garantizado que ni perderá su negocio, ni será despedido ni incluido en un ERTE por muy mal que vayan las cosas igual no es lo más oportuno en estos momentos. Llámenme loco.

 

Lo que desde luego sí que hay en estas cuentas es una inmensa oportunidad perdida. Y no es que sea yo muy partidario de esa idea de que las crisis son momentos de oportunidades. Son momentos tremendamente complicados para todos y dramáticos para muchos. Si no que se lo pregunten a todos los que se están quedando sin negocio, sin empleo, sin sueldo, sin posibilidad siquiera de llevar comida a casa si no es pidiéndola. Todos esos a los que este Gobierno no iba a dejar atrás.

 

A pesar de todo con estos presupuestos perdemos una oportunidad de que las reformas fueran las protagonistas y no el gasto desbocado. Todas esas reformas que España necesita para dejar de ser un país con tasas de paro que duplican las del resto de Europa incluso en tiempos de bonanza. Para recuperar nuestro déficit en infraestructuras, para redefinir nuestro sistema energético de forma sostenible y realista, para formular un plan nacional del agua, para relanzar nuestra industria y los sectores de mayor valor añadido, para adaptarnos a los retos del cambio climático no solo con propuestas de mitigación, sino también con una decidida apuesta por la adaptación y la resiliencia.

 

Perdemos una oportunidad para buscar acuerdos y consensos que nos permitan mirar al futuro con alguna esperanza, en vez de soluciones a corto plazo para seguir en el poder.