No tenemos Autovía de la Plata, aunque lo parezca

 
La apertura, por fin, del último tramo de la Autovía de la Plata a su paso por Salamanca, en concreto los ocho kilómetros que unen Béjar con la provincia cacereña, nos llena de satisfacción, y por supuesto, de oportunidades. Llegar al sur en autovía no sólo es sinónimo de seguridad, comodidad y progreso, sino sobre todo de desarrollo, creación de riqueza, intercambios y futuro. Pero no nos equivoquemos con la euforia de haber logrado una batalla que ha durado demasiado tiempo, porque el corredor del oeste todavía está incompleto y a día de hoy ya nadie es capaz de dar una fecha exacta para que la Nacional 630 quede desdoblada en su totalidad cuando se ejecuten los tramos que faltan entre Zamora Norte y Benavente. Estaríamos ciegos si no entendiéramos que ese tramo sigue siendo fundamental para garantizar y poner en valor una infraestructura histórica y determinante a lo largo de los siglos. Sin olvidarnos, por supuesto, de reivindicar, una vez más, la reapertura de la línea férrea de la Plata, un tren de altas prestaciones que conjugue el transporte de mercancías y de viajeros y logre una mejor distribución de la riqueza en una España todavía llena de desigualdades. El corredor del oeste, por tren y por carretera, no sólo significaría un impulso a las comunidades limítrofes con Portugal, sino también una apuesta por aumentar las relaciones con el país vecino a través de conexiones paralelas, empezando por finalizar de una vez la autovía hasta la frontera lusa y apostando por la Alta Velocidad hasta Aveiro. Sueños, pero también necesidades.