No pasa nada, el sol saldrĂĄ maĂąana

 

Saludos desde CĂĄceres. Ya de antemano quiero disculparme porque hoy no dispongo de mucho tiempo para escribir el artĂ­culo, ya que me esperan casi 300 niĂąos enloquecidos por el Campus en el que estoy colaborando.

DolorosĂ­sima derrota espaĂąola ante un conjunto inferior que les sepulta en la competiciĂłn europea.

Anoche, ya en Cáceres, mientras me intentaba dormir, estuve pensando en la selección (confieso que con cierta nostalgia) y la situación que estaban viviendo me recordó a un Rolls Royce enorme y reluciente que iba a arrancar pero el motor se calaba (primera derrota). Una vez más, lo volvío a intentar y –cuando ya parecía que el motor sonaba– volvió a calarse (segunda derrota). Por último, por fin arrancó y el motor sonó fuerte, con mucha potencia (dos victorias consecutivas, pensé). La sorpresa fue que, en la realidad, el “coche” se caló por tercera vez y nos dejó tirados en la cuneta.

EspaĂąa vuelve a casa decepcionada, hundida y seguro que con el pensamiento en cada una de las mentes de los componentes de esta selecciĂłn de que han desperdiciado una gran oportunidad.

Hablando del partido, las nuestras cometieron dos graves errores desde mi punto de vista. El primero, la pésima defensa del bloqueo directo, permitiendo bandejas fáciles del rival, con ausencia de segundas ayudas. El segundo, la obsesión de seguir buscando a la que hasta ese momento había sido la mejor anotadora del conjunto español. Alba es una jugadora excepcional; pero si no tenía un buen día, como demuestran las estadísticas, obcecarse con ella –en un día con un juego interior trabado– estaba de más.

Por otra parte, vimos a una inmensa Luci Pascua que revolucionĂł a las nuestras desde que puso su primer pie en la pista. LĂĄstima que su brillante actuaciĂłn haya quedado empaĂąada por el resultado y no podamos dedicarle una eufĂłrica enhorabuena.

Antes del partido pensé que iba a echar de menos ver a nuestras experfumeras Petra Stampalija y Emilija Podrug, porque pensaba que –con ellas dos–  el equipo croata subiría su nivel de juego. Sin embargo, tras ver el partido, no me queda más remedio que reconocer el gran trabajo que ha hecho el conjunto dálmata, independientemente de los problemas internos que hayan podido derivar en la ausencia de ciertas jugadoras. En Croacia tendrían que hacerles un monumento a tres jugadoras con nombres propios: Sandra Mandir, Luca Ivankovic y Jelena Ivezic.

Siento muchísima pena y tristeza debido a que, por un lado, nuestra selección ha sido decapitada cuando menos nos lo esperábamos; y, por otro, ésta es mi última crónica, justo ahora que le había cogido el gustillo a contaros mi opinión. La verdad es que lo echaré de menos. Es más, sabéis que suelo poner un toque de humor en mis artículos, pero tengo el cuerpo sobrecogido tras este “shock” y la situación no me inspira comedia.

Por Ăşltimo, puesto que ya termina mi participaciĂłn aquĂ­, quisiera nombrar a las fisios de la selecciĂłn, o por lo menos a Pilar Delgado, que es a la que conozco de mi etapa en la selecciĂłn. Una pena la ausencia de la otra fisioterapeuta, Yolanda Aranzana, que se ha perdido el campeonato por maternidad. Son personas que estĂĄn trabajando a la sombra y hacen una magnĂ­fica labor, ya no sĂłlo en el ĂĄmbito terapĂŠutico sino que tambiĂŠn en el psicolĂłgico. No sabĂŠis la importancia de estas profesionales en el grupo. Hacen milagros. Y en momentos como ĂŠste, van a tener que emplearse a fondo.

Porque, ¿queréis saber cómo se vive desde dentro una competición de esta índole? Los días de concentración son muchos. Pensad que la preparación empieza un mes antes de la competición, por lo que –a fin de cuentas– todos están unos 45 días juntos y aislados de cualquier otra forma de vida. Siempre viendo las mismas caras en desayunos, comidas y cenas; regidos todos por un estricto horario. Por consiguiente, se crea un “micromundo” donde las emociones siempre están a flor de piel. Una llamada contándote que el bebé de tu familia ha dicho la primera palabra puede suponer un día llorando de la emoción. Así que imaginaos lo que un disgusto como el de hoy puede desencadenar.

No pasa nada, el sol saldrĂĄ maĂąana.

En mi experiencia, no tan dramática; los años que estuve en la selección, los pasé estupendamente. Por un lado, conseguimos éxitos y, por otro, pasé momentos inolvidables en el terreno personal. El “micromundo” creado también es capaz de elevar las emociones positivas. De hecho, cuando volvía a casa,  recuerdo que tenía la sensación de que me faltaba algo; y ese algo era la sensación de clan que la selección me transmitía.

En fin, lectores mĂ­os, os veo pronto en Salamanca.

 

Besos.

Isa SĂĄnchez