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Monarquía hispana e Imperio (IV)

Cuarta entrega de este serial que firma Ramón Tamames para TRIBUNA

En el empeño de repasar nuestra Historia, desde la emergencia de los reinos de León y de Castilla en la Edad Media, hasta el final de la Monarquía Hispánica y el Imperio español de las Américas y Filipinas, entramos hoy en la cuarta entrega del artículo, especialmente preparado para los lectores de Tribuna.

 

Realmente es impresionante la organización que tuvo aquella realidad política tan compleja que fue la España de los siglos XVI a XIX: una serie de hechos y organizaciones complejas; muy impresionantes, e ignoradas por la inmensa mayoría de los españoles de hoy, a quienes la educación oficial ha secuestrado lo mejor de su Historia.

 

LOS GESTORES POLÍTICOS

 

La gobernanza, como se dice ahora tanto, de la Monarquía Hispánica, tuvo su nervio principal en los reyes, en sus muy diversos talentos y capacidades; pero también en sus colaboradores, singularmente en lo que hoy llamaríamos jefes de gobierno o primeros ministros.

 

Secretarios reales de Carlos IV y Felipe II

 

En el caso de los primeros Austria (Carlos I y Felipe II), los hombres prepotentes del reino eran los secretarios de despacho. En los tiempos de los Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), la función estelar correspondió a los validos.

 

En cuanto a Carlos V, su principal secretario español fue Francisco de los Cobos nacido en Úbeda, en 1477, y que muy joven entró al servicio del rey católico, Fernando V de Castilla y II de Aragón. En 1516 fue enviado a Flandes para conectar con los principales flamencos que viajarían a España con Carlos I, surgiendo entonces muy buena relación de Cobos con el señor principal de los flamencos, Guillermo de Croy, en el que propio rey Carlos I tenía su mayor confianza.

 

Después de muerto, en 1528, del gran Canciller del Emperador Mercurino Gattinara, Francisco de los Cobos pasó a ser el hombre con más relevancia en la corte de Carlos V. Fue sucedido por el Cardenal Granvela, originario del Franco Condado, área de dominio de los borgoñones, el grupo de la Monarquía Hispánica con el que Carlos se sentía más cómodo por ser ese su verdadero origen. Cobos fue un gran Mecenas y coleccionista, amigo de Tiziano, y adquirente de mucho arte, para la Casa Real, antecedente del luego Museo de El Prado.

 

Francisco de los Cobos acompañó a Carlos V a Bolonia, en 1530, para su coronación como emperador. Un trámite fundamental para Carlos V en sus aspiraciones de ser cabeza del imperio universal cristiano, como le había inculcado el citado Gattinara.

 

Antonio Pérez, Secretario Universal de Felipe II; al dejar de serlo, fue uno de los mayores promotores de la Leyenda Negra

 

Con Felipe II, ya desde príncipe, destacó como hombre de su privanza Gonzalo Pérez, que le aconsejó desde que su padre Carlos V le encomendara la regencia de España, en sus largos viajes fuera de ella.

 

A la muerte de Gonzalo Pérez, fue sustituido, en su calidad de secretario universal de Felipe II, por su hijo Antonio Pérez, que acompañó al rey en sus viajes europeos desde 1553, para casar con María Tudor y convertirse en rey de Inglaterra. Y a la postre, asistir a Bruselas, en 1555/1556, a las abdicaciones del envejecido Carlos que dejó a su hijo ya se vio antes sus dominios de Flandes, Italia, España y las Indias.

 

Las relaciones entre Felipe II y Antonio Pérez se complicaron a partir de la muerte de Juan Escobedo (1578), secretario de Don Juan de Austria, cuando éste era gobernador de los Países Bajos. El cese de Pérez y su huida de Madrid para Aragón, y luego a Francia, fue uno de los principales episodios del nacimiento de la Leyenda Negra.

 

Validos de los Austrias menores

 

Con los siguientes reyes de la Casa de Austria se perfiló la figura de los validos del rey, como personajes en los que los reyes descamaban el manejo cotidiano de los complejos asuntos de la Monarquía, debilitando así la propia figura del rey. Felipe III, tuvo dos validos, que fueron el Duque de Lerma despedido por abusar de sus potestades y enriquecerse con operaciones económicas especulativas, y el Duque de Uceda en su segunda parte.

 

Felipe IV tuvo inicialmente como valido al Conde-Duque de Olivares, de grandes ambiciones para España, pero que por la pretensión de crear la Unión de Armas, un ejército permanente para la Monarquía Hispánica en sus diferentes países, en plena guerra de los 30 años, desató las pretensiones soberanistas de Cataluña; y las de Portugal, que acabó por separarse.  Más tarde, el valido Luis de Haro, mucho más discreto que Olivares, pacificó la cuestión de Cataluña preparando la paz de los Pirineos con Francia (1659).

 

 

Los Validos de Carlos II fueron el austriaco padre Nithard, y Fernando Valenzuela, durante la minoría de edad del monarca, con la regencia de la reina Mariana de Austria, última esposa de Felipe IV. Ya reinando Carlos II, esos altos cargos los ocuparon el Duque de Medinaceli; y sobre todo el Conde de Oropesa, Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, quien trabajó ordenando la Hacienda a fin de evitar nuevas bancarrotas, colocando en los puestos de la Administración a verdaderos expertos en vez de aristócratas. Al final, cayó en desgracia, al optar por los Habsburgo en vez de los Borbones, en la crisis sucesoria de 1700, tras la muerte de Carlos II.

 

Podemos concluir el breve resumen que hemos de la Monarquía Hispánica señalando que después de largas guerras, en los consiguientes tratados de paz, fue desintegrándose. En 1659, Paz de los Pirineos, se perdieron, a favor de Francia, los dos condados catalanes. Después, en el Tratado de Lisboa (1698) Portugal, logró su separación definitiva de España. Con el Tratado de Paz de Westfalia (1648), se aceptó la independencia de las Provincias Unidas de Holanda. Finalmente, con el Tratado de Utrecht, 1713, España se quedó sin sus posesiones italianas y los Países Bajos Españoles (la actual Bélgica) que se transfirieron a Austria.

 

Así las cosas, de hecho, en 1714, reinando Felipe V tras la larga Guerra de Sucesión (1701/1713), dejó de existir la Monarquía Hispánica en lo referente a Europa, al disgregarse la yuxtaposición de los territorios antes relacionados. Pero eso no significó la extinción de la compleja gobernanza del Imperio, que aún subsistió por casi dos siglos, hasta 1898.

 

 

Dejamos aquí nuestro relato, hasta el próximo viernes 16 de octubre, y como siempre, los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected]. Lean y cuídense, queridos amigos.