Monarquía hispana e Imperio (III)

Tercera entrega de este serial que firma Ramón Tamames para Tribuna Grupo.

NOTA BENE.- Hemos preparado para los lectores de Tribuna, en sus nueve ediciones digitales de todas las provincias de Castilla y León, el presente trabajo sobre “Monarquía Hispánica e Imperio”. Que empezamos el pasado viernes 11 de septiembre, y del que hoy facilitamos la entrega III. Ya vimos la formación de España durante el largo de proceso de la Reconquista, y cómo se produjo la configuración de la Monarquía Hispánica y el propio Imperio a partir de Carlos V; con sus sistemas de gobernanza. De entre ellos, hoy nos ocuparemos de los Consejos reales que asistían al monarca en los diversos asuntos, tanto desde una orientación territorial como temática.

 

 

Consejos territoriales. El de Indias

 

Entre los Consejos territoriales, el más importante de todos, fue el de Castilla, por ser ésta la pieza esencial de la Monarquía Hispánica, siendo el único conclave que habitualmente presidía el propio rey. Era órgano de carácter decisorio global, y en muchas cuestiones era la última instancia judicial, como verdadero Tribunal Supremo.

 

El Consejo de Aragón se creó en 1556, en los primeros tiempos del reinado de Felipe II. Abarcaba a las cuatro piezas de la confederación que constituían Cataluña, el propio reino de Aragón, el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca. Además de las posesiones, antes aragonesas, en Italia, hasta 1556 (Córcega, Sicilia y Nápoles).

 

El Consejo de Portugal fue creado en 1582 por Felipe II, y subsistió hasta 1668, fecha de la de definitiva escisión peninsular; es decir, todo el tiempo en que las Coronas de España y Portugal estuvieron unidas en la misma testa. El Consejo en cuestión, se ocupaba de todo lo relativo al espacio universal de los lusos: en la Península, Brasil, África, India, Malaca, las Molucas, Macao, etc.

 

El de Italia era un Consejo que se configuró también al comenzar su reinado Felipe II, en 1556. Con su creación, ya lo hemos visto, se retiraron del Consejo de Aragón las responsabilidades antes correspondientes a Nápoles, Sicilia y Córcega. Y se incorporó el Milanesado.  El Consejo de Italia se cerró en 1714, al cederse toda la Italia española a Austria.

 

El Consejo de Flandes, trataba lo relativo a lo que son hoy Bélgica, Holanda y Luxemburgo. En 1562, las Provincias Unidas de Holanda declararon su independencia, y en el Tratado de Utrecht/Rastatt (1713/1714) lo que quedaba de Flandes (la actual Bélgica), se cedió por España a Austria[1].

 

Juan García de Loaysa, primer presidente del Consejo de Indias

 

Especialmente importante fue el Consejo de Indias. Controló a la Casa de Contratación de Sevilla y se ocupaba de todo los relativo al espacio creciente de las Indias hispanas, según fueron incorporándose al Imperio español los diversos territorios, que se organizaron en virreinatos y Capitanías Generales, en América y Filipinas. El Consejo se suprimió por las Cortes de Cádiz en 1812.

 

Al inicio de la conquista del Nuevo Mundo los asuntos de Indias eran tratados por el Consejo de Castilla, hasta que debido al aumento de las actividades en Ultramar se creó, en 1519, una sección especial dentro de este mismo Consejo. Y en 1524, esa sección fue separada por orden del rey Carlos I, fundándose, entonces, el Real y Supremo Consejo de Indias.

 

Una de las facetas más importantes del Consejo era hacer la propuesta de los virreyes, para los cinco virreinatos que llegó a haber, con un total de 135 virreyes: 2 para el conjunto de las Indias, al comienzo, con Cristóbal Colón y su hijo Diego; 64 en la Nueva España, 40 en Perú, 17 en la Nueva Granada, y 12 en el Río de la Plata[2].

 

Dentro de esos 135 virreyes, nueve de ellos repitieron en más de un virreinato. El siguiente cuadro, que me envió el Prof. Bernat Hernández, de la Universidad de Barcelona, es bien expresivo: un total de nueve virreyes repitieron cargo en los dos principales virreinatos, e incluso uno, Luis de Velasco, fue virrey tres veces, durante 21 años de su vida, en Nueva España y Perú, volviendo a México la tercera vez, lo que dice mucho de sus merecimientos. Siendo verdad que, en términos generales, los virreyes fueron buenos gobernantes, entre otras cosas porque al final de su cargo tenían la espada de Damocles del juicio de residencia.

 

Los miembros del Consejo eran nombrados por el Rey, entre personas ilustradas y competentes en las materias en que participaban. En su mayoría, antiguos funcionarios que ya habían servido en las Indias.

Virreyes españoles. Fuente: Glöel & Morong

 

El primer presidente del Consejo de Indias fue el clérigo Juan García Loaysa y Mendoza, de la más alta nobleza castellana. El Consejo trabajaba durante la semana y preparaba un documento denominado “Consulta” que era mostrado por el Presidente del Consejo al Rey. El monarca lo revisaba y en el margen del documento escribía su decisión final que era promulgada mediante Real Cédula, y ordenada su ejecución por el mismo Consejo. También el Consejo recibía las Reales Órdenes, que eran disposiciones enviadas por el propio Rey y que tenían que ser promulgadas inmediatamente. Ambos documentos se remitían a los virreyes y reales audiencias para su observancia

 

En la estructura y funciones del Consejo de Indias se produjeron cambios para agilizar y mejorar su funcionamiento. Así, en 1600, se creó la Junta de Guerra de Indias para tratar los temas bélicos y de defensa en Ultramar. Como también se creó la Cámara de Indias en la que se gestionaba la distribución de mercedes y el nombramiento en oficios seculares y eclesiásticos. Por su parte, el Real Patronato, dirigía los aspectos de la iglesia indiana, tanto en la recaudación de los diezmos como en la delimitación de las diócesis. A cambio de esta influencia la corona se obligaba a financiar los gastos del clero en su misión evangelizadora.

 

Componían el Consejo de Indias: el presidente, un fiscal que velaba por los intereses de la Corona, un Secretario del Perú y otro de Nueva España (inicialmente), un escribano, un gran canciller que custodiaba el Sello Real, relatores y contadores, el cosmógrafo Mayor de Indias, el cronista Mayor de Indias, y el abogado de los pobres.

 

Palacio de Uceda – Sede del Consejo de Indias. Actualmente del Consejo de Estado y de Capitanía General, en Calle Mayor de Madrid

 

Aunque variaron en el tiempo, el Consejo de Indias realizó múltiples tareas entre las cuales cabe destacar las siguientes en el área gubernativa:

 

  • Desarrollar y proponer al Rey políticas relativas a Indias (demográficas, indígenas, comercio, etc.).
  • Organización administrativa del territorio.
  • Proponer personas para los cargos virreinales y de todo tipo.
  • Gestionar el funcionamiento de las administraciones y nombrar un Juez de Residencia.
  • Revisar la correspondencia enviada desde América.
  • Censura de libros.
  • Regular el flujo de pasajeros a Indias.
  • Vigilar la aplicación de la ley.
  • Examinar y, en su caso, autorizar las propuestas legislativas recibidas de las Indias.
  • Elaborar las Reales Cédulas sobre las Indias.
  • Examinar todos los aspectos religiosos.
  • ­Examinar y decidir sobre temas militares y de defensa en la Junta de Guerra de Indias, creada en 1600.
  • Examinar las cuentas de los oficiales reales.

 

Por otra parte, el Consejo eran el más alto Tribunal para toda la América era independiente incluso del Rey. Si bien se trató de no recargar mucho al Consejo en asuntos judiciales: tenían que ser cuestiones extraordinarias o de muy alta cuantía. Sus funciones judiciales principales eran:

 

  • Crímenes cometidos en la Carrera de Indias, evasión tributaria o contrabando.
  • Apelaciones en lo civil que superasen los 40.000 maravedíes.
  • Apelaciones de los Juicios de Residencia a virreyes y otros funcionarios.

 

Con la llegada de los Borbones a la Corona española, ya en el siglo XVIII, se crearon las Secretarías de Estado y del Despacho que asumieron gran parte de las funciones del Consejo de Indias; quedando éste prácticamente solo como un Tribunal Supremo para las Indias.

 

El Consejo fue disuelto definitivamente en el año 1834 con la llegada del régimen liberal al gobierno de España y su reconocimiento de la emancipación de toda la América continental española.

 

Consejos temáticos

 

El principal de ellos fue el de Estado, para toda la política interior y exterior. El de Guerra, se dedicó a las innumerables contiendas; Hacienda tenía, con competencia para los temas de ingresos y gastos públicos; e Inquisición para las cuestiones de la ortodoxia religiosa, como brazo secular de la Iglesia: no tenía ascendencia en varios espacios territoriales de la Monarquía Hispánica que no sufrieron la represiva institución[3].

 

Los consejos territoriales y temáticos, funcionaron hasta bien avanzada la Casa de Austria, en el propio Palacio Real, o Castillo Moro de Madrid. Después fue mandado construir, por el Duque de Uceda, valido de Felipe III, en 1613, un gran edificio que subsiste, el Palacio de Consejos. Próximo al palacio real, en la Calle Mayor madrileña, allí están ubicados, actualmente, el Consejo de Estado y la Capitanía General de la región militar de Madrid.

 

Los Consejos, que hemos mencionado estaban formados por personas expertas en leyes, muy complejas por entonces, para todo lo referente a la actividad judicial. Como también figuraban miembros de la alta Nobleza y el Clero, que ocupaban la mayoría de los puestos.

 

 

Dejamos aquí el tema hasta el próximo viernes, 9 de octubre, y como siempre, los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected].

 


[1] Blog: Historia del Nuevo Mundo; DM González

[2] Estas referencias me las facilitó Bernat Hernández, profesor de Historia de América en la Universidad de Barcelona.

[3] De mucho interés al respecto es el texto de José Sánchez-Arcilla Bernal, Control judicial y corrupción en Indias. Los juicios de residencia a los oidores de las audiencias indianas (1548-1650), que fue discurso de ingreso del autor en la Real Academia de Doctores de España, Madrid, 2019.

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