Monarquía hispana e Imperio (II)
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Monarquía hispana e Imperio (II)

Segunda entrega del recorrido histórico por la senda de monarquía e imperio que firma Ramón Tamames.

En la primera entrega de esta serie para los lectores de Tribuna, iniciábamos un recorrido histórico, en la senda de monarquía e imperio, que empezaba en tiempos medievales con la formación de España, a partir de varios núcleos, entre ellos el de Castilla y León.

 

Hoy entramos en la unión personal de los dos principales de esos núcleos: las Coronas de Castilla y de Aragón, a partir de Fernando e Isabel, que serían los Reyes Católicos.

 

UNIÓN PERSONAL DE LOS REYES CATÓLICOS

 

Esa definitiva configuración de España como unidad política, en pleno Renacimiento, dio comienzo cuando Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, ambos de la real Casa de los Trastámara, se unieron en matrimonio en 1469.

 

Pocos años después, en 1474, Isabel he­redó la Corona de Castilla, tras todo género de dificultades, y contra las apetencias de Portugal; en una Guerra de Sucesión Castellana que terminó con el Tratado de Alcaçovas, de 1479, mismo año en que Fernando heredó la Corona de Aragón. De modo que a partir de 1479 resultó factible hablar de España como un designio común, y dos monarcas reinando mancomunadamente.

 

Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón

 

El año 1479 fue, pues, el punto de arranque de la España moderna, un ideal que se completó con la reconquista del reino moro de Granada (1492). Y a renglón seguido, el mapa peninsular de la naciente España se extendió hacia el Atlánti­co, a las Islas Canarias. Cuya conquista se inició a principios del siglo XV, con Enrique III, para concluir con los RR.CC. Tenerife, fue la última isla conquistada, pasando a Castilla en 1496. Se creó así la avanzada indispensable para la gran aventura de la expan­sión americana, uno de los temas principales del recorrido histórico que estamos haciendo.

 

En África, las apetencias expansivas españolas desde el tiempo de los RR.CC., se ciñeron al Norte. Vestigio actual de ese pasado es Melilla, ya que Ceuta entró en la Corona española con Felipe IV: única dependencia de Lisboa que quedó bajo dominio español al recuperar Portugal su plena independencia en 1668.

 

Por lo demás, la definitiva incorporación de Navarra a la Corona españo­la se produjo en 1512. Así, cuando Car­los I desembarcó en Tazones (Villaviciosa, Asturias), en 1517, ya era verdadero rey de toda España, merced a la acción resuelta de sus abuelos los RR.CC.

 

Un nuevo espacio territorial —incluyendo las primeras conquistas ame­ricanas y la inicial expansión en el norte de África—, fue el asumido por el Cardenal Cisneros, Regente único de la Corona de Castilla entre la muerte de Fernando (enero de 1516) y la llegada de Carlos (septiembre de 1517).

 

EL SISTEMA CONFEDERAL (1517/1714): LA MONARQUÍA HISPÁNICA

 

Para dejar claro cómo se formó España, recordemos que de la unión personal de los Reyes Católicos no surgió de inmediato un Es­tado unitario. Por el contrario, y en línea con lo que era el devenir histórico por entonces, y diciéndolo en terminología actual, la Corona española fue, durante largo tiempo (hasta 1700), una confederación de sus originarios territorios medievales.

 

De un lado, estaba Castilla con sus Cortes con representa­ciones de Galicia, Asturias, León, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Murcia, Extremadura y la novísima Castilla o Andalu­cía. Sin olvidar la autonomía de los señoríos de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Con el hecho fundamental de que en 1421 (Villalar), Carlos venció a los Comuneros, que querían mantener en todo su vigor el poder de las Cortes castellanas.

 

Por su parte, Navarra, tras su incorporación a la corona de Castilla en 1512, continuó siendo un Reino con sus Cortes propias. Situación que subsistiría nada menos que hasta 1841, con la Ley Paccionada de ese año, cuando pasó a ser una provincia de España, con su Diputación Foral.

 

La Corona de Aragón mantuvo las Cortes confederales de sus cuatro territorios: Cortes aragonesas, Generalidad de Cataluña, Cortes del Reino de Valencia, y régimen particular del Reino de Mallorca.

 

El complejo sistema confederal español, significó, hasta Felipe V, el res­peto de instituciones, lenguas y culturas, por la Corona de España jurando el rey los fueros y libertades de sus diferentes territorios.

 

 

EL SISTEMA CONFEDERAL (1517/1714): LA MONARQUÍA HISPÁNICA

 

Para dejar claro cómo se formó España, recordemos que de la unión personal de los Reyes Católicos no surgió de inmediato un Es­tado unitario. Por el contrario, y en línea con lo que era el devenir histórico por entonces, y diciéndolo en terminología actual, la Corona española fue, durante largo tiempo (hasta 1700), una confederación de sus originarios territorios medievales.

 

De un lado, estaba Castilla con sus Cortes con representa­ciones de Galicia, Asturias, León, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Murcia, Extremadura y la novísima Castilla o Andalu­cía. Sin olvidar la autonomía de los señoríos de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava. Con el hecho fundamental de que en 1421 (Villalar), Carlos venció a los Comuneros, que querían mantener en todo su vigor el poder de las Cortes castellanas.

 

Por su parte, Navarra, tras su incorporación a la corona de Castilla en 1512, continuó siendo un Reino con sus Cortes propias. Situación que subsistiría nada menos que hasta 1841, con la Ley Paccionada de ese año, cuando pasó a ser una provincia de España, con su Diputación Foral.

 

La Corona de Aragón mantuvo las Cortes confederales de sus cuatro territorios: Cortes aragonesas, Generalidad de Cataluña, Cortes del Reino de Valencia, y régimen particular del Reino de Mallorca.

 

El complejo sistema confederal español, significó, hasta Felipe V, el res­peto de instituciones, lenguas y culturas, por la Corona de España jurando el rey los fueros y libertades de sus diferentes territorios.

 

Carlos I de España, fundador de la Monarquía Hispánica. En el cuadro con su única esposa, la emperatriz Isabel de Portugal (cuadro de Tiziano, Museo del Prado)

 

Desde luego, no sin una serie de problemas, como la rebelión catalana de 1640, el intento de independencia de Andalucía, etc.

 

Un Estado en muchos países

 

Después de las anteriores exposiciones sobre la formación de España, pasamos a considerar, también brevemente, lo que fue la Monarquía Hispánica, que básicamente, se inició en tiempos de Carlos V. Por la yuxtaposición de los reinos peninsulares (Coronas de Castilla, Aragón, y Navarra), y a las anteriores posesiones, primero aragonesas y luego castellanas, en Italia (Nápoles Sicilia y Cerdeña).

 

A esos territorios peninsulares, se agregaron los dominios propios del rey-emperador Carlos que incorporó Flandes (los actuales Holanda y Bélgica, más Luxemburgo), y el Franco Condado y el Charoláis (en Francia). Además, se agregó el Milanesado en 1525, tras la victoria de Carlos contra los franceses de Francisco I en la batalla de Pavía. Felipe II, añadió, a su vez, el Reino de Portugal con todas sus posesiones ultramarinas, en 1581. Siendo pieza fundamental de la Monarquía Hispánica, dependiente de Castilla, las Indias, un espacio al que en este libro hemos dedicado gran extensión (ver mapa).

 

Realmente produce admiración que durante siglos se mantuviera un gobierno común de una Monarquía hispánica tan compleja. No ha habido ningún país europeo que controlara territorios en lo que son hoy nueve Estados diferentes: Francia (Franco Condado); el Benelux, con

 

La monarquía Hispánica en Europa y África. En 1419, cuando Carlos I de España pasa a ser coronado como Karl V, emperador del Sacro Imperio, se hace con la herencia de su abuelo Maximiliano I de Austria, que incluye las Provincias Unidas de Holanda y también con Flandes, territorios borgoñones de Francia (Franco Condado y Charoláis), así como los estados italianos (Nápoles, Sicilia y Córcega) de los que previamente es rey, al coronarse como monarca de España. En 1525, el rey emperador adquirió por conquista el Milanesado. Y en 1580, por herencia y conquista, Felipe II como Rey de Portugal, incluyendo sus posesiones en Ultramar (el hemisferio luso de Tordesillas, a cuyo Tratado se dedica el recuadro superior izquierdo. Véase también lo referente a las plazas del norte de África. Fuente: www.blinklerning.com

 


Bélgica, Holanda y Luxemburgo; Italia (Nápoles, Sicilia y Córcega más Milanesado); Portugal con su imperio colonial. Así como una serie de plazas norteafricanas en lo que hoy son Marruecos, Argelia y Túnez.

 

Ese vasto conjunto de posesiones fue administrado por la máxima jerarquía del rey de España, que disponía de una serie de Consejos concretos que veremos enseguida. Con sede principal en la Corte de Valladolid, hasta que Felipe II estableció la capital de España, en Madrid en 1561. 

 

Dejamos aquí hoy el tema, para proseguir la próxima semana. Y como siempre, los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected].

 

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