Mayalde estrena su película, Zaniki, dirigida por Gabriel Velázquez en Vialia el 7 de febrero

Grupo Mayalde

A medida que se agoten las entradas para ese primer pase, se habilitarán nuevas proyecciones para el resto del fin de semana.

La nueva película de Gabriel Velázques, Zaniki ‒un acercamiento a la vida del grupo de música tradicional Mayalde‒ se estrenará en Salamanca en los cines Megarama -Vialia el próximo jueves, 7 de febrero a las 20.30 horas. A medida que se agoten las entradas para ese primer pase, se habilitarán nuevas proyecciones para el resto del fin de semana. Las entradas están ya disponibles en www.proyectfilm.com y también en http://cine.entradas.com.

 

Preciosista y muy cuidadosa con las imágenes (fotografía de Manuel García), Zaniki dibuja en clave documental la historia de un juglar, un hombre del campo apegado a su música y a sus tradiciones, que habla con el agua y escucha a la tierra y a sus antepasados. El paso del tiempo hace que busque en su nieto Zaniki el sucesor necesario para su gran legado espiritual. Pero más allá de la trama, conocemos las impresiones de sus protagonistas: “Es muy de agradecer que un director de cine apueste por las tradiciones de su tierra”, comenta Pilar Mayalde refiriéndose a Gabriel Velázquez. “Él conocía bien a Eusebio y sabía que iba a sacar mucho de él”, añade. En cuanto a la historia y las localizaciones de la cinta, Eusebio Martín comenta su participación en el guión de Zaniki: “Nadie me conoce mejor que yo mismo y yo sé dónde voy a llorar, dónde voy a reír y dónde me baño en pelotas… y sé porqué lo hago. Gabriel ha hecho con Zaniki algo muy hermoso”, afirma.

 

Transcurridos dos meses desde su estreno en Oviedo, Zaniki ha conseguido ya varios premios y el aplauso de la crítica y del público. Para todo aquel que no la haya visto, la cita ‒como apuntamos más arriba‒ será el jueves 7 de febrero a las 20:30 horas en los cines del Centro Comercial Vialia. Refiriéndose a su manera de abordar el estudio de la música tradicional, Eusebio Martín comenta: "Nosotros llevamos cuarenta años en la resistencia. Zaniki es una película de resistencia. Nosotros no empezamos en esto por ganar dinero, era una droga y ahora se ha convertido en religión. Y Gabriel no ha hecho esta película para ganar dinero. SI en un mundo como el de hoy te arriesgas a hacer algo que no te va a dar dinero es porque crees en ello. Y Gabriel cree en ello", asegura.

 

 

Eusebio Martín y Pilar Pérez (el primero de la localidad salmantina de La Maya y la segunda de la de Aldeatejada) son el alma de Mayalde, nombre del conjunto de música tradicional que conforman además sus hijos, Laura y Arturo. Los cuatro integran uno de los grupos tradicionales más reconocidos en el ámbito nacional, logro al que han llegado por méritos propios, cosechados a lo largo de cuarenta años de investigación, de escuchar cantos y cuentos y vidas a lo largo de los pueblos de Salamanca y de todas Castilla y León.

 

El de 2018 fue el año de Mayalde y para su reconocimiento elaboramos este texto, que incluye (en cursiva) partes del discurso de entrega del Premio Nacional de Folclore que escribió y pronunció el folclorista asturiano Fernando Manuel de la Puente, a quien agradecemos su inestimable colaboración.

 

A la entrada de Oviedo (y a la salida) hay unos juglares que vienen de La Maya y Aldeatejada, de Salamanca, con una mesa para contarnos con sus hábiles manos y su voz firme y segura que hay una panadera a la que le van a hacer un traje con seguidillas…

 

Con estas palabras recibía el profesor Fernando Manuel de la Puente, a los integrantes de Mayalde el pasado 27 de noviembre en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. En aquella ciudad asturiana se le otorgaba a los salmantinos el Premio Nacional de Folclore “Eduardo Martínez Torner”, merecido, según el jurado, por su labor de recuperación y estudio de cantares por tierras castellanas con el fin de divulgarlos durante 38 años de labor continuada. También se alabó en esta entrega la labor didáctica de su trabajo y el hecho de que en su quehacer diario habitual recuperen y manejen utensilios de antaño como instrumentos musicales: las cucharas, las cazuelas, los huesos para percutir, el Bernabé… Al hilo de sus peculiares instrumentos musicales, Eusebio Mayalde recuerda, gracioso, su experiencia en el pasado festival Rizzoma de Madrid, donde actuaron (con otros grupos de diversos estilos musicales) y donde Zaniki consiguió el premio del público. "Había un grupo que tocaba por la mañana con sus guitarras eléctricas y sus instrumentos; estos chicos nos miraban raro... Entre otras cosas, teníamos una regadera y una aceitera en el escenario como es habitual en nuestros conciertos y cuando empezamos a hacer la prueba de sonido... ¡sacaron el móvil...! ", recuerda divertido.

 

Sin embargo, ese es el estilo inconfundible de estos charros y su éxito y la diversión que son capaces de generar no conocen edades ni fronteras. Los cuatro tienen la habilidad de sacarle música a cualquier artilugio o utensilio casero que encuentren a mano. "Nosotros nos estamos cobrando ahora la apuesta que hicimos hace cuarenta años, que fue tirar por lo duro... y a mí me ha cazado el caldero y me han cazado las cucharas".

 

 

Toda una vida de recuperación de música, textos y danzas locales que empezó, como recuerda Pilar Mayalde, en sus propias casas. “En casa de mis abuelos no había ni siquiera radio, ni tampoco televisión. Así que, mi abuelo tenía que cantar para entretenernos”. La falta de estímulos externos que ahora tanto abundan y que no existían en aquella época hacen que el paisano de ahora sea un individuo distinto, menos cantarín y menos bailarín y también menos creativo. Con hablar pausado, pensado y rotundo interviene Eusebio: “El ser humano habla para comunicarse y camina para moverse; si llevamos eso un poco más allá, en vez de hablar, cantemos y en vez de caminar, bailemos. Antes todo el mundo cantaba, a pesar del trabajo duro y de la vida poco cómoda que llevaban. Ahora vivimos muy bien, pero no canta ni Dios”.

 

Preocupado por la despoblación de las zonas rurales de España, Eusebio Mayalde afirma que el estilo de vida que llevamos ha promovido el éxodo a la ciudad; si a esto unimos el rechazo de muchos ciudadanos a la población peregrina y migrante lo que nos queda son regiones vacías. “...ya no te digo que tengas memoria de cuando te fuiste a Suiza o a Argentina y te abrieron las puertas, porque aquí no comías...; por puro egoísmo, si ese es el que va a pagar tu pensión …recógelo” afirma Eusebio refiriéndose a quienes rechazan al emigrante.

 

“Por pura humanidad diría yo ‒interviene Pilar‒. Y además, va a trabajar en las tareas más duras que muchos jóvenes no quieren desempeñar”.

 

Sencillos, asequibles, humanos, siempre agradecidos a los amigos, más que a los muchos premios recibidos después de una vida entera dedicada a la música, los Mayalde se han ganado el respeto profundo y la admiración de la profesión. De los de aquí…

 

“Eusebio y Pilar son la envidia de todos. Han sabido dejarle a sus hijos el legado de esta profesión y de esta pasión que es la música tradicional y eso es una maravilla para quienes amamos la tradición y el folclore”, afirma rotundo Ceferino Torres, profesor de folclore charro y responsable del grupo Surco. Para Torres, la voz de Pilar ha sido uno de los grandes puntales del grupo: “Sin ella, Mayalde no sería lo mismo. Es una mujer muy apegada a la tierra, madre y luchadora indiscutible”, asegura con admiración.

 

Y también la admiración de los de fuera: “Me declaro fan indiscutible de los Mayalde. Se puede decir que han desarrollado una labor de actualización de la música tradicional, y de lo que ellos mismos vivieron, que resulta impagable”, afirma el folclorista Fernando de la Puente.

 

En su afán por hacer llegar la música de nuestros abuelos a todos, incluso a los más eruditos del estudio musical, cuentan los Mayalde que un buen día el pequeño Antolín, primo hermano de Pinocho (pero con mucha más rumba encima) aterrizó en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León, ubicado en Salamanca. Se trataba de una clase-conferencia sobre etnomusicología que impartían y protagonizaban estos músicos tradicionales. “Lo étnico es Senegal e Irlanda … y también la señora Josefa de San Pedro de Rozados, que toca el muñeco encima de la tabla”. Eusebio Martín recuerda el chorro de novedad y grata sorpresa que algo tan cercano geográficamente supuso para aquellos alumnos del Conservatorio de nivel universitario. “Es el complejo de inferioridad que tenemos en Salamanca, que somos los últimos que nos vamos a enterar del tesoro que tenemos en la música tradicional: la cantidad y calidad de música irrepetible que atesora esta provincia”, advierte.

 

En el siguiente enlace extraído de la propia página oficial de Mayalde puede verse a Eusebio Mayalde manejando al pequeño Antolín.

https://www.facebook.com/399894996700434/posts/2053401594683091/

 

La labor de Mayalde se ha llevado a cabo durante años con una generación que, en muchos casos, está desaparecida. Sin embargo, para quienes se animen en el continuismo de indagar en la tradición, la búsqueda está hoy día está en las residencias de ancianos: “El que quiera seguir investigando puede ir a las residencias. Los mayores de entre 80 y 90 años tienen las canciones en su cabeza”, comenta Eusebio Mayalde, animando a los jóvenes a seguir con esta labor de recuperación musical. Para Pilar Mayalde, sin embargo, existe un eslabón perdido en una época que no es lejana: “Los hijos de todas estas personas de muchos pueblos con los que nosotros hablamos hace años, ellos fueron los últimos que conservaron este saber popular. Las referencias que tienen ahora los mayores están influenciadas por los medios de comunicación, sobre todo la radio”, afirma, más purista.

 

Encarna la Petaca, de Villarino, Miguel Betina, el Tío Mosco de Encinasola... ambos recuerdan con mucho cariño a todos aquellos lugareños de tantos pueblos que les han ayudado a recuperar canciones. Nosotros no éramos investigadores y ellos informantes, no. Nosotros éramos los nietos y ellos se convirtieron en nuestros abuelos. Nosotros mamamos, porque ellos sacaron la teta. Esa es la diferencia entre investigar la tradición y mamarla", explica Eusebio Mayalde. Ese privilegio del que fueron herederos los Mayalde le llegó también a la segunda generación. Laura y Arturo, los hijos del matrimonio, compartieron plática y cantar con los abuelos de los pueblos. Ellos forman parte del presente de Mayalde. Sin embargo, ¿dónde está el futuro? "El futuro de Mayalde son Beltrán y Cuba", afirman. Se refieren a sus nietos. Ambos participan en la película Zaniki y en la presentación pública de la misma por los distintos aforos donde se ha proyectado la cinta. Con 8 y 4 años, Beltrán y Cuba representan la herencia de la tradición. Niños alegres y apegados a la música, aunque solo sea por cercanía familiar, los Mayalde tienen ya las raíces bien asentadas del árbol y los tallos listos para crecer fuertes. Pilar habla de sus nietos con un amor de abuela: "Cada vez que Beltrán va a casa se mete en la sala de ensayos y prueba un instrumento, y otro, y otro y no se cansa... le dedica mucho más tiempo que los adultos. Es un niño al que le apasiona la música y los ritmos, igual que a Cuba. Les encanta", comenta con ternura.

 

Pilar Pérez es esposa y madre entregada, mujer de su tierra, con esa sonrisa tranquila y tranquilizadora, con esa mirada que dice tanto sin hablar ni una palabra, como puede verse en la secuencia de la nana de Zaniki. Mujer fiel a las enseñanzas de sus abuelos, tierna y preocupada por su gran familia: "Yo sigo haciendo las patatas meneas como las hacía mi abuela", comenta. Al hilo de esto el matrimonio explica cómo han encontrado en La Maya un refugio, otro más que abren a sus amigos cada día. Y es la Casa de la I, un lugar donde se cocina a menudo un poquito de tradición musical, cultural, culinaria, fraternal... Eusebio Martín asegura que su intención es devolverle a La Maya algo de lo que su pueblo le ha dado a lo largo de tantos años y ahora mantiene... "Podríamos dedicarnos a esto y vivir de ello si quisiéramos, tal es la demanda". Se refiere a la cantidad de familias con niños que cada fin de semana solicitan posada y fonda en la Casa de la I, en La Maya. Con sus ahorros de toda la vida se han hecho una casa con un teatrillo, un museo, y allí dan conferencias, cuando pueden, dice Eusebio. " Allí se cocina a la vez que se canta. Los muchachos escuchan cómo suena la moneda dentro del caldero y en el mismo sitio ven a Pilar hacer las patatas meneas, o una olla ferroviaria, o atamos el carro al canguingo y nos vamos al río a escuchar el agua", explica.

 

Eusebio Martín cuenta con emoción y mucho tino cómo entretienen a los niños que han ido algunos fines de semana a La Maya. “Yo estaba aburrido de ver a mi abuelo bailar la moneda, pero cuando se lo hago a los muchachos, le meto la moneda en una barreña, la hago girar y hace el sonido de la piedra del molino... y se lo dejas en la mano para que él lo haga, y lo hace y no tiene pilas, ni cable, ni nada… y dice ¿y esto qué es? ¿Pues sabes lo que es? Es magia”, concluye.

 

Tal como explican los Mayalde, estos entretenimientos caseros se perdieron hace dos generaciones pero habían pasado todos los controles de calidad a lo largo de los años. “Han llegado las joyitas a nuestros días y los niños y los padres agradecen y se sorprenden con todo esto”.

 

Mayalde llegó y se quedó para siempre entre nosotros. Su saber hacer no solo se basa en el texto, ahondan en el contexto. En ese momento el valor de su música adquiere un marcado carácter pedagógico. Explican, comunican, implican… todo ello hace que el tiempo que están en un espacio escénico sea siempre poco, se pasa rápido.

 

Como muchos lectores saben, cuando termina un concierto de Mayalde, además de una intensa sensación de gratitud por un buen rato de alegría, el espectador se queda una con ganas de más: de más música, de más enseñanzas, de más retranca, de más cuentos por cantar, de más bailar el Mustafá... Eusebio Martín cuenta con mucha gracia y mucha humildad cómo lo estrafalario de su escenografía les ayuda a convocar el cariño del público: "Esa es la segunda parte, verás, tú vas y preparas un escenario y la gente le echa un ojo y dice, a ver, ¿qué tienen ahí?: dos tirinenes, un tío con cuernos, dos sartenes grandes, dos calderos ‒enumera‒ ... a esta gente hay que echarle una mano porque estos no salen ‘palante’ con esto, no salen ‘palante’ solos... Con lo cual, inconscientemente, estás predisponiendo al público a que te echen una mano".

 

Mayalde domina a la perfección su puesta en escena, se adapta con naturalidad al ambiente al que se enfrenta y, al fin y al cabo, logra hacer fiesta con esos temas que se cantaban a principios del siglo XX, a mediados… a finales del XIX, en aquellos tiempos donde solo había directo y donde todos nos comunicábamos más en directo de emisor a receptor.

 

La música en una fiesta siempre es alegre, pero si son los Mayalde quienes la orquestan esa misma fiesta es un privilegio para los que a ella asisten. Y es que no son solo conciertos. Lo que Mayalde celebra desde hace años en sus actuaciones, sean pactadas o improvisadas, se convierte en una explosión de sabiduría, el compendio de tantos conocimientos acumulados durante muchas décadas y pregonados a los cuatro vientos por este matrimonio, Pilar y Eusebio, y sus hijos, Laura y Arturo. Es, tal y como ellos mismo lo llaman, la madre que parió a la música. “Somos el bebedero desde hace mucho de todos los folkies de España, porque en Salamanca hay algo mágico”. Eusebio menciona tantos lugares por lo que han pasado y que guardan los mejunjes y los aromas de su trabajo: Peñaparda, El Payo, Cespedosa, Fermoselle… Asegura que lo que hay en estas localidades es único y que nunca debemos avergonzarnos de lo que tenemos.

 

Sin duda este 2018 que acaba de finalizar ha sido el año de los Mayalde. Seguir predicando su legado con orgullo y alegría no es lo único que les queda por hacer. Mayalde tiene que dar aún mucha guerra. “Me entristece mucho que las escuelas rurales, los colegios, no hayan sabido recoger la enseñanza de la música y la cultura tradicional. No sé si es el complejo que tenemos o es que no damos para más. ¡Que esto se enseñe como se enseña la religión, porque esto es una religión! Solo que más veja y más beneficiosa”. Ahí queda el mensaje de Eusebio Martín, ese hombre inquieto, culto, astuto, que promulga lo que ama a los cuatro vientos. No es el primer guante que lanza. Esperemos por el bien de las generaciones venideras que las instituciones correspondientes lo recojan.

Comentarios

Helmantico 04/02/2019 15:36 #1
Bien por los Mayalde. Viendo al grupo LA MUSGANA,en la sala Galileo Galilei,me hablaron mucho y bien de los LOS MAYALDES.Enhorabuena,y que sigáis muchos años más.

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