Marisa Beltrán, la primera mujer cofrade: "No tenemos que acobardarnos"
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Marisa Beltrán, la primera mujer cofrade: "No tenemos que acobardarnos"

Marisa Beltrán, mujer cofrade (Foto: Arai Santana)

Marisa Beltrán es la primera cofrade en la Semana Santa de Salamanca. Cuenta cómo ha evolucionado el papel de la mujer a lo largo de los años. 

La Semana Santa; siempre igual y siempre distinta. Esa frase, tantas veces escuchada y comentada, toma más peso ante testimonios que demuestran como el paso del tiempo ha cambiado la forma de representar y ver la Pasión por parte de los salmantinos, aunque la idiosincrasia de otras épocas se mantiene en la actualidad.

 

No ha sido fácil, ni tampoco una tarea de pocos años, la llegada de la mujer a los varales de los tronos ha sido un logro que no sólo representa el valor y coraje de muchas sino también la apertura y evolución del mundo cofrade.

 

Hoy en día, son muchas las jóvenes y mayores que han hecho realidad su ilusión de sacar a hombros a su Cristo o Virgen, pues las trabas legales y formales cada vez son menos y ganas hay muchas. Sin embargo, aún quedan reminiscencias de un pasado machista que no termina de desaparecer.

 

Lo cuenta Marisa Bletrán que sopla 50 velas en Amor y Paz. Ella fue la primera mujer que llegó a una cofradía charra e incluso su presencia podría ampliarse a toda Castilla y León. Se retrotrae al año 1970, cuando se funfó, "las cofradías apenas tenían gente, ayudábamos a cargar, pero siempre los chicos, las chicas no", lamenta.

 

 

Beltrán fue apuntada por un amigo a la citada cofradía, "me dijo que si me apetecía porque iban a ir metiendo mujeres, entonces no tenía devoción por la Semana Santa". Tenía 16 años, "le dije que no, pero me apuntó y me dijo que era la primera mujer a la que aceptaban". Había algunas otras en La Soledad, "pero solo para colaborar, no de pleno derecho"

 

Recuerda que el primer año no salió para recorrer las calles el Jueves Santo. "La procesión pasaba por el Barrio Chino a las doce de la noche, mi padre no me dejó, era el año 1971, que una chica saliera a esas horas y a mi edad era impensable". Fue al año siguiente cuando consiguió ilusionarse con esta tradición, "desde la segunda junta ya adquirí el cargo de secretaria".

 

Las mujeres fueron aumentando conforme pasaban los años, "teníamos ganas de entrar, nos abrieron una puerta y lógicamente, entramos". Asegura que "se pasaba mal". En la calle Meléndez, durante la procesión, "había mucho follón, te tocaban... me han metido un cigarro en la boca, me han besado..., esto ya se ha regularizado y nos respetan". 

 

Ha peleado todo lo que ha podido por las mujeres. "Al principio no nos dejaban portar la Imagen. Después nos pusimos pesadas y pedimos que se hiciera una Virgen, ahí fue cuando empezamos a cargar. Yo la he llevado a hombros 26 años, ahora la edad ya no me permite esos excesos".

 

Quizás por haber sido "peleona", se atreve a decir que "nadie me ha impedido estar en ningún cargo". Con una sonrisa dice que la mujer ha ido dando "pasitos", a su juicio, "es mejor ir despacio, los grandes pasos no afianzan y volvemos para atrás. Hay que decir, aquí estoy yo y de aquí no me muevo, tenemos el mismo derecho, no debemos minusvalorarnos, cada uno, dependiendo de lo que vale, tiene que exigir, no debemos acobardarnos"

 

Esta pionera de los varales explica que aquel momento de atrevimiento "no fue tanto un acto de reivindicación en pro de la lucha del feminismo sino la realización de una ilusión". Aunque reconoce que el debate, que trascendió los ámbitos cofrades, fue "muy positivo y enriquecedor", pues sirvió para llamar a las cofradías a una reflexión respecto al papel de las mujeres.