Manuela sobrevivió a un ictus: "Lo primordial era levantarme de la silla de ruedas para hacer cosas"

María Manuel Díez Pacho, afectada de Ictus (Foto: T. Navarro)

La salmantina María Manuela Díez Pacho cuenta en el Día Mundial como es la vida después de sufrir un ictus. 

Nadie sale completamente ileso de un accidente cerebrovascular. La vida no es justa, y en ocasiones, no importa que seas joven, ni que lleves unos hábitos saludables. El ictus irrumpe a traición y con violencia, fragmentándonos. Las personas que han logrado sobrevivir descubren en piel propia ese tópico que a veces decimos a la ligera de que 'hay momentos que marcan un antes y un después'.

 

La rápida atención médica es crucial para salvar la vida o minimizar al menos las secuelas del ictus. Lo cuenta una de las afectadas en Salamanca. Se llama María Manuela Díez Pacho, de 64 años, "el día antes de la tragedia tenía una presión en las cervicales muy fuerte, aun así no le di importancia y me acosté. Al levantarme ya no sé si desayuné o no... fui a poner unas cebollas en un huerto que tenemos en Campo de Ledesma y a partir de ahí no recuerdo nada", lamenta.

 

Asegura que su marido la encontró tendida en la tierra de dicho huerto, estaba inconsciente. "Me había caído en los surcos y me estaba regando yo misma con la manguera". De ahí fue trasladada al Complejo Asistencial de Salamanca en una ambulancia. "Pasé más de dos meses en la UVI, cuando desperté no recordaba nada". 

 

Tras algo más de un mes en el hospital, comenzó su largo proceso de recuperación, en el que ha sido fundamental el apoyo de su marido y sus hijos. "Estuve en rehabilitación tres meses, pero hubiera necesitado más, salí en silla de ruedas. Lo que pasa es que tienen pocos medios y hay mucha gente esperando". Para ella, lo primordial "era empezar a caminar". 

 

Después, llegó lo más difícil: aprender a convivir con las secuelas de la enfermedad y tratar de superarlas."Yo intento llevar una vida lo más normal posible. Puedo andar, con movimientos no perfectos, pero ando, sobre todo, no tengo buen equilibrio. Hago ejercicios, voy a la asociación ASDACE (Asociación Salmantina de Daño Cerebral Adquirido) varias veces por semana", explica optimista. No ha podido volver a conducir ni tampoco planchar, "el ictus afectó a mi visión y a la parte derecha de mi cuerpo, no tengo la misma fuerza que tenía antes", lamenta. 

 

Sus ganas de superar la enfermedad y su deseo de conocer más sobre lo que le ha pasado hacen que cada día 'eche una mano' a los afectados que conforman la asociación, "llevo cuatro años en Asdace, ayudarles me ayuda a mí también, hay que dejar paso a los más afectados". Asegura que la ayuda familiar es la más importante, "tú sola no puedes salir adelante". 

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