Mañueco e Iglesias reabren la torre de los Anaya con vistas a 2019

Alfonso Fernández Mañueco y Javier Iglesias, en el interior de la torre de los Anaya.

Mañueco e Iglesias retoman el proyecto de convertir la abandonada torre de los Anaya en un centro cultural que protagonizará un 'corte de cinta' electoral. La idea, anunciada en la campaña electoral de 2015, no ha avanzado en todo este tiempo y no tendrá presupuesto hasta el año previo a las nuevas elecciones.

El alcalde de Salamanca, Alfonso Fernández Mañueco, y el presidente de la Diputación Javier Iglesias, han hecho esta mañana la reapertura simbólica de la Torre de los Anaya, un edificio noble cerrado durante años por el fracaso de varias iniciativas y en el que ahora se pretende hacer una gran inversión, que eso sí, no se hará realidad al menos hasta 2019. Más concretamemte apunta de manera directa a proyecto del que presumir en las próximas elecciones.

 

No obstante, todavía habrá que esperar. A día de hoy, no hay convenio, ni presupuesto ni proyecto. El convenio entre los dos propietarios, Ayuntamiento y Diputación (compraron el edificio por 21 millones de pesetas en junio de 1985), está todavía sin firmar a pesar de la proximidad física y política entre ambas instituciones. Para este año no hay partida económica y se está a la espera de conseguir fondos del 1,5% cultural, programa al que se han pedido unos 400.000 euros; si no se logra entrar entre los proyectos elegidos, pagarán a medias entre el consistorio y La Salina. Y tampoco hay proyecto, que se va a contratar a un asesor externo, a pesar de lo cual en la visita que se ha hecho a las instalaciones el concejal de Cultura, Julio López, ha dado todo tipo de detalles sobre lo que se va a hacer.

 

Después de muchos años de fracasos, abandonos y olvidos, la torre de los Anaya (también conocida como torre Abrantes) vuelve a la actualidad con el marchamo de proyecto estrella del actual alcalde, aunque han pasado más de dos años desde que anunció a bombo y platillo la actuación. No obstante, todavía tiene por delante un largo proceso de tramitación que no se ha iniciado; la torre no estará disponible para su uso hasta 2019, quizás a tiempo para el corte de cinta electoral. Según el alcalde, en seis meses habrá proyecto y adjudicación, y después un año de obras.

 

En octubre de 2014, el ayuntamiento comandado por Fernández Mañueco rechazó la petición del PSOE para arreglar la torre que tenía inundada su planta baja y su progresivo deterioro; sorprendementemente, en mayo de 2015, ya en precampaña de las municipales, incluyó en su programa convertir la torre en un centro cultural. Desde entonces, poco más se ha sabido.

 

En estos dos años, el Ayuntamiento no ha señalado presupuesto en ningún ejercicio para esta actuación, en parte, por la falta de fondos estatales para arreglar la torre. Consistorio y Diputación, sus propietarios, presentaron la candidatura de esta torre al 1,5% cultural, y pretendían conseguir casi la mitad de los 1,3-1,5 millones de presupuesto. No tuvo éxito en ninguna de las dos primeras convocatorias, la de 2015 fue rechazada y en 2016 no hubo, motivo por el cual ha caído en el olvido. El pasado junio se retomó con la intenció de pagar a medias entre Diputación y Ayuntamiento el coste de la obra, a razón de 750.000 euros por institución, y también con el objetivo de contar con ayuda estatal.

 

 

UN PROYECTO ESPERADO

 

En junio de 2017, más de dos años después de su primer compromiso, el alcalde volvía a anunciar la rehabilitación de la torre de los Anaya y su conversión en centro cultural. Días después tuvo que reconocer que a pesar de los años transcurridos, no había proyecto, ni presupuesto ni convenio firmado con la Diputación, ya que se ocultó su contenido a los grupos de la oposición. Antes, el equipo de Gobierno manifestó durante 2016 su objetivo de contratar fuera el proyecto de rehabilitación de la torre: unos 30.000 euros para un consultor externo.

 

La torre de los Anaya ha pasado numerosas vicisitudes al margen de su historia de más de cinco siglos. Aunque fue torre defensiva en su origen, las mayores 'guerras' las ha vivido en el siglo XX. Desde 1992 fue sede del  Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca que lo usó durante catorce años hasta que, en virtud de un convenio entre Ayuntamiento y Usal, tuvo que abandonar sus dependencias. El motivo fue la decisión del entonces alcalde, Julián Lanzarote, de fijar allí la sede de un Museo de Arte Oriental que fue un fiasco. La mayor parte de las obras de la colección, propiedad de los coleccionistas privados Pilar Coomonte y Nicolás Gless, resultaron ser de dudosa originalidad. El museo sólo estuvo abierto entre 2007 y 2009, y tras su cierre, desde 2010 el edificio está sin uso.

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