Lumbrales sufre la pérdida del militar Miguel Ángel Díaz

El Ayuntamiento celebra hoy un pleno para decretar tres días de luto oficial
M. CORRAL
Miguel Ángel Díaz Ruiz, uno de los cinco militares fallecidos ayer en el accidente durante unas maniobras de la Academia de Ingenieros en Hoyos de Manzanares, era natural de Lumbrales, localidad con la que a pesar de no residir habitualmente por cuestiones laborales, mantenía un contacto permanente y en la cual era muy querido.

De ahí que la noticia que saltaba ayer al mediodía en los distintos informativos haya dejado consternada a la población lumbralense, como así lo manifestaba la concejal de Cultura del Ayuntamiento, Laura García. “Era muy querido aquí porque nunca buscaba problemas, saludaba a todos, especialmente a los mayores, y nada más que tenía un día libre venía a Lumbrales”, municipio en el que reside su abuela de 85 años de edad, dos tíos y una prima hija de este matrimonio.

Miguel Ángel Díaz Ruiz tenía 25 años y era la tercera generación de una familia de militares, pues a demás de su abuelo que fue miembro de la Guardia Civil, su padre es en estos momentos suboficial, concretamente ejerce la profesión de brigada en este mismo Cuerpo con destino en la isla de Lanzarote, aunque anteriormente ejerció como sargento en el cuartel del Salto de Saucelle.

El fallecido tenía la graduación de cabo y era desde hace ocho años miembro del Ejército de Tierra. Actualmente estaba destinado en el cuartel de El Goloso, lugar desde el que había partido para formar parte de varias misiones internacionales, entre ellas Afganistán.

Para hoy viernes la Corporación de Lumbrales tiene previsto la celebración de un pleno extraordinario en el que se decretarán tres días de luto oficial para recibir la llegada del féretro prevista para mañana sábado, aunque aún se desconoce la hora del funeral.

Consternación en Lumbrales
Sus tíos, Luisa e Isidro, no pueden aún creerse lo que le ha sucedido a ‘Miguelito’, como así le conocían todos en Lumbrales, un muchacho alegre, cariñoso, amable y dispuesto a darlo todo por los demás, como así ha sucedido. Mientras Luisa consuela sus lágrimas en un pañuelo rodeada de familiares y sentada en la camilla del salón, el teléfono no para de sonar; Isidro, también guardia civil retirado, no puede decir mucho, el dolor le tapona la garganta y aún desconoce si su cuñado, el padre de Miguel, ha llegado ya a Barajas desde su destino en Lanzarote.

Su primo, Juan Carlos Mangas, recuerda como lo que no le ha ocurrido en sus misiones por otros países le ha sucedido a la puerta de casa, “había estado destinado en Afganistán y había venido muy bien; le encantaba el pueblo y tenía grandes amigos, era tan humilde que nunca contaba lo que vivía en las misiones en las que participaba, por eso estamos muy orgullosos de él”.

Por otro lado, el alcalde de Lumbrales ordena que las banderas del Ayuntamiento ondeen a media asta en señal de luto por un hijo de Lumbrales, pues “un muchacho que ha dado la vida por la Patria lo merece todo”.

De este modo, el regidor, Juan Borrego, acompañado del teniente de alcalde, Domingo Comerón, se sumaba a la tristeza que aflora en las calles de Lumbrales “porque era un chico muy joven y era una persona muy querida, era cabo y ha fallecido en servicio a su Patria”.