Los informes del IPCC
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Los informes del IPCC

Con esta entrega de este jueves terminamos, para los lectores de Tribuna, en las nueve capitales castellanoleonesas, incluidos todos sus terminamos provinciales, la serie iniciada hace seis semanas, sobre la biosfera amenazada. En el espacio de hoy nos referimos a los informes del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC), y a los primeros intentos sobre la manera de limitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Asimismo, en un cuadro ad hoc figuran las intenciones, antes de la COP-15 de Copenhague, de reducción de tales emisiones por parte de los países más contaminantes. Sin embargo quedaría todavía mucho terreno para avanzar en la idea de transformar tales aspiraciones en realidades. Lo cual se consiguió solamente en 2015 con el Acuerdo de París, que ya queda fuera de la serie que este jueves terminamos.

 

Los informes del IPCC

 

En los primeros Informes de Evaluación del Cambio Climático del IPCC, ya se suscitaron sospechas razonables sobre la influencia de la actividad humana en los cambios observados en el clima del planeta. En los términos entonces empleados se expuso que "una serie de indicios sugieren una discernible influencia incidencia en el clima global". Pero fue con el cuarto informe, publicado en 2007, cuando se experimentó un cambio sustancial, asumiéndose ya entonces la tesis antrópica.

 

En este pasaje es obligado citar a Klaus Hasselmann, conocido como el detective del clima, pues como recuerda el oceanógrafo Carlos M. Duarte, en sus investigaciones ha seguido un método, el de los climatic fingerprinting (huellas climáticas), que permite diferenciar en los GEI qué parte proviene de los procesos naturales, y qué otra es imputable a la acumulación antrópica El logro referenciado hace posible, pues, calibrar el efecto de nuestra civilización agro-urbana-industrial. De modo que en el citado IV Informe del IPCC, ya resultó posible señalar la gran importancia de las actividades humanas en el cambio climático.

 

Así las cosas, en el encuentro de Bangkok, mayo de 2007, los miembros del IPCC se manifestaron con claridad y contundencia, en su IV Informe“la comunidad internacional dispone de métodos científicos, recursos, y tiempo suficiente para frenar el cambio climático. Para ello, hay que reducir (con base 1990) las emisiones de GEI entre el 50 y el 75 por 100 antes del año 2050; a fin de frenar el calentamiento del planeta a niveles todavía controlables”. Y con base en tales argumentos, los delegados de los 150 países representados en el cónclave de Bangkok, estimaron necesario poner en marcha lo antes posible una estrategia adecuada.

 

En nuevos estudios evaluados por expertos y publicados después del IV informe del IPCC, se asegura que las consecuencias del cambio antropogénico del clima serán peores de lo inicialmente esperado por el IPCC. Más en concreto, en esos trabajos se confirma la alteración de los ecosistemas, y se prevé una mayor frecuencia de eventos climáticos extremos. Además, se aprecia la tendencia a un aumento especialmente fuerte de las temperaturas en los polos, mucho más acusada de lo previsto; lo cual, de corroborarse, supondría una aceleración del deshielo. También hay previsiones de alteración en los patrones de los ciclos hídricos, y especialmente serias resultan las predicciones sobre elevación del nivel de los mares, por encima de lo estimado hasta 2009, con consecuencias muy graves para los países insulares y de grandes planicies costeras.

 

Podría decirse que el propósito de no superar dos grados de aumento en la temperatura sobre la de los tiempos de comienzo de la Revolución Industrial (1780), no es demasiado riguroso; porque si bien parece que dos grados no son nada, sí que lo son para la naturaleza, ya que de alcanzarse una elevación así, se cruzaría la línea roja; para entrar en situaciones irreversibles. El objetivo de los dos grados, equivale de 450 a 550 ppm de CO2 (frente a 180, que era la cota antes de la Revolución Industrial).

 

Limitar emisiones de GEI

 

Calibrado con mayor o menor precisión el calentamiento global, el consenso científico lo que propone es limitar las emisiones de GEI, de modo que alcancen su máximo nivel antes de 2020, para luego irse reduciendo; hasta situarse en menos de 20.000 millones de toneladas de CO2 en 2050. Esa reducción de los GEI supondría un recorte entre el 25 y el 40 por 100 respecto a 1990, en el caso de los países desarrollados; con menor intensidad para los que están en vías de desarrollo. Al respecto, puede verse el cuadro 10 que muestra cuáles eran las intenciones de reducción de emisiones, según áreas y países antes de comenzar la Conferencia del Clima de Copenhague, de diciembre de 2009.

 

Pero si se aceptan las premisas expuestas, con lo indicado no basta: hay que reducir aún más las emisiones en un horizonte temporal a mayor distancia. Así, los objetivos de cara a 2050 consistirían en recortar el 50 por 100 a escala global. Un contexto en el que los países desarrollados tendrían que recortar entre un 80 y un 95 por 100, siempre sobre base 1990; tal como se proponía en el IV informe del IPCC, y se asumió en la Estrategia Climática Europea, y en estudios del Banco Mundial (2009). Sólo así se lograría frenar el nivel de dos grados y en niveles de CO2, antes citados, de 450 a 550 ppm.

 

Por lo demás, la subida glo­bal de las temperaturas aumenta la evaporación de agua y acelerará el ciclo hidrológico, sin que tampoco en este caso los modelos de simulación permitan predecir cómo afectará el fenómeno a las precipitaciones. Que también estarán afectadas por otras cusas y, sobre todo, por el efecto de los aerosoles; las par­tículas que flotan en la atmósfera (co­mo vapor de agua, hollín o polvo), cuyo efecto sobre el clima aún no está suficientemente valorado; unas reflejan la luz del Sol con efecto enfriamiento, en tanto que otras capturan la luz y activan el calentamiento. También hay que estudiar mejor la interacción de los aerosoles en la formación de nubes, y se considera que los nuevos sa­télites ayudarán a hacerlo.

 

Por otro lado, el IPCC estima que la cobertura de las nuevas demandas de los países emergentes (sobre todo China, India, Sudeste Asiático, Brasil, México y Sudáfrica) con recursos térmicos convencionales, amenazaría gravemente el sistema climático. De ahí la necesidad de fortalecer la acción responsable en pro de un perfil tecnológico bajo en carbono; a base de recortar en esos Estados las emisiones de GEI, asumiendo tecnologías limpias para el carbón y el petróleo, ensanchando el área de las energías renovables, y desarrollando políticas de ahorro y eficiencia energética.

 

En cuanto al coste del esfuerzo reductor de GEI, los expertos del IV Informe del IPCC, concluyeron que no sería tan elevado; como mucho, el equivalente al 0,2 por 100 del PIB global anual a lo largo de esos tres lustros; estimándose que “será mejor actuar al bajo coste previsto, en vez de incurrir en el desastre de la inacción para a la postre afrontar costes inconmensurables”. Una opinión muy optimista, que se basa en la idea de que con la innovación tecnológica y la generalización de las energías renovables, el desastre anunciado del cambio climático podrá evitarse.

 

En esa dirección, el mensaje emitido desde Bangkok resultó muy claro para todos los países: lo primero es reducir los subsidios que se conceden a los combustibles fósiles a lo que debe agregarse potenciación de las energías renovables; y también el recurso a la nuclear. La conclusión de todo ello, la expresó el propio presidente del IPCC, el hindú Rajendra Pachauri: “Se trata de un trabajo impactante por su relevancia. Quedarse de brazos cruzados no es una opción".  Precisamente Pachauri recibió en 2007 el Premio Nobel de la Paz, otorgado al IPCC, al mismo tiempo que a Al Gore.

 

Como siempre, los lectores de Tribuna podrán conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected]

 

 

 

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