Los entrañables recuerdos de la impulsora del 'Francisco de Victoria'

La familia de Victoria Adrados, en la recepción en el Ayuntamiento de Salamanca. Foto: EP

Su hijo y nietos convierten el acto de homenaje a Victoria Adrados en un reconocimiento entrañable y con divertidas anécdotas que devuelven a la actualidad a una persona con un importante papel en la fundación del primer colegio público de Salamanca.

El tiempo lo borra todo. Sin excepción. Pocos son los personajes cuya memoria resiste al paso de los años y, sean cuales fueran sus logros, lo habitual es que caigan por el embudo del olvido hasta que, en pocos años, el número de los que reconocen los méritos del protagonista en cuestión, incluso los logros de más talla, se reducen a un puñado en su entorno más cercano. Pero a veces se dan las circunstancias propicias para que la memoria haga un viaje exprés en el tiempo para plantarse en la actualida. Algo así pasa con el caso de Victoria Adrados y su relacción con el colegio Francisco de Vitoria, similitud que explica, más abajo, el titular de esta crónica.

 

Este nombre está ahora en la actualidad por ser el del nuevo centro cívico que se va a levantar sobre el antiguo colegio del mismo nombre. Pero detrás está el nombre de una conocida inspectora de Educación de principios del siglo XX que está detrás de la fundación del primer gran colegi público de Salamanca, el Francisco de Victoria. La historia no tiene desperdicio y ha sido uno de los pasajes del homenaje que se le ha rendido en el Ayuntamiento de Salamanca.

 

Uno de sus hijos, el reconocido filólogo y miembro desde 1981 de la Real Academia Francisco Rodríguez Adrados, único que queda con vida, y una veintena de sus familiares han acudido al tributo que se le ha dedicado en el consistorio y que se ha cerrado con la firma en el Libro de Oro. Antes, ha dado lugar a dos sentidas intervenciones. "Era ante todo una mujer activa", ha destacado, algo destacable en su época, donde la mujer tenía mucho menos espacio en la sociedad. Rodríguez ha desgranado también notas del carácter de Victoria Adrados, exigente como inspectora de Educación, de la que recuerda alguna 'bronca' a algún profesor salmantino y un teléfono que no dejaba de sonar en casa para estar al tanto del profesorado.

 

Todavía más interesante ha sido la intervención de uno de sus nietos, que vive ahora en Salamanca, y que ha indagado durante años en la personalidad y dedicación de Victoria Adrados. En su turno de palabra ha dejado un relato para la historia de la educación salmantina. Y es que, en 1928, Juan Francisco Rodríguez, esposo de Victoria Adrados, era teniente de alcalde y concejal de Urbanismo del consistorio salmantino; circunstancia que, sin duda, 'aprovechó' la homenajeada para colar el proyecto del primer gran colegio público de la capital. El colegio fue proyectado en 1932 bajo el nombre de grupo central; ya terminado, y por la Guerra Civil, fue usado como campo de concentración. Y en 1942 fue inaugurado como colegio Francisco de Vitoria... al que su familia conocía por otro nombre.

 

"Aunque la moción fuera del abuelo, creo que fue mi abuela la que promovió el proyecto", ha dicho convencido. Tanto, que en el círculo familiar, dos de los nietos, que acudieron al centro, lo conocían como Francisco de 'Victoria', en alusión a su abuela, la mezcla perfecta  entre el nombre oficial y el de su inspiradora y un recuerdo entrañable.