Los comerciantes del Mercado Central tendrán que empezar a pagar en septiembre las obras de enero

Comercios en el interior del Mercado Central.

El cierre, que se prolongará durante dos meses, la mala situación comercial y el importante número de puestos cerrados retrae a muchos titulares de puestos, que se estarían planteando hacer frente al coste de la obra.

Las obras en el Mercado Central podrían complicarse si muchos comerciantes renuncian a llevarlas a cabo, una situación que un buen número de titulares de puestos estaría considerando por el coste económico, la delicada situación comercial del mercado y el miedo al efecto negativo que tendría sobre las ventas cerrar durante dos meses. Así, la fecha clave será el próximo mes de septiembre, cuando los titulares de los puestos tendrán que empezar a abonar cantidades para llevar a cabo la obra, que se iniciará el próximo mes de enero.

 

Las dudas sobre las necesarias obras en el mercado de abastos se han planteado en las últimas reuniones de la asociación de comerciantes, donde se han empezado a detallar los costes. La actuación, que es urgente por varios motivos, obligará a desembolsar unos 500 euros por metro cuadrado a los titulares de los puestos, algo que muchos se están pensando porque puede suponer desde 5.000 hasta más de 25.000 euros para los negocios más grandes. En total, unos 500.000 euros que tendrán que sufragar entre los comerciantes y la asociación.

 

La delicada situación del sector comercial, y del Mercado Central en particular, con unas ventas muy reducidas con respecto a los mejores años hace que muchos industriales estén planteándose no participar en las obras. Tampoco anima el hecho de que sea obligatorio cerrar durante cerca de dos meses, aunque una vez pasadas las fiestas de Navidad se suele producir una bajada en las ventas. Ni la situación en la que ha quedado el mercado, con ningún aparcamiento en su entorno y bastante apartado de la circulación

 

La fecha clave será el próximo septiembre, cuando haya que hacer los primeros desembolsos. Será entonces, según la asociación que gestiona el mercado, cuando se sepa cuántos titulares de puestos se suman a la obra y cuántos renuncian a ello. Será entonces cuando la asociación pueda hacerse una composición de lugar que permite saber si se podrá sacar adelante el proyecto o no.

 

 

PRESIONES DEL AYUNTAMIENTO

 

La situación es bastante compleja porque el Ayuntamiento de Salamanca ha urgido a los comerciantes a tomar medidas para poner en marcha la obra y mejorar el funcionamiento del mercado. En una reunión el pasado mes de febrero, el equipo de Gobierno conminó a los titulares de los puestos y a la asociación a hacer la obra, y puso sobre la mesa la posibilidad de romper el contrato de cesión de la gestión, al que le quedan todavía unos años, por incumplimiento de algunas de las cláusulas, como el mantenimiento del edificio en buenas condiciones. Eso a pesar de que la demora en la tramitación ha retrasado los planes de la asociación, que esperó varios meses respuestas del Ayuntamiento.

 

La obra que hay que acometer es bastante urgente por dos motivos: el deterioro de la estructura y las presiones de las autoridades sanitarias. En las últimas semanas, según varios comerciantes consultados, se han incrementado las visitas de los inspectores y de responsables municipales del mercado para comprobar licencias e instalaciones y para hacer un informe sobre el número de puestos cerrados; esto último ha derivado en la apertura de expedientes a varios titulares para quitarles concesiones y expulsarles de los puestos. Además, la obra afecta a dos cuestiones sanitarias clave, ya que se exige el cerramiento de la cúpula y unos nuevos baños públicos para poder seguir con la actividad.

 

Por otro lado está la reparación de la estructura. En los estudios previos realizados para elaborar el proyecto de reforma se ha constatado un importante deterioro de las vigas metálicas que forman parte de la estructura del edificio y que, en algunas zonas, han perdido un porcentaje importante de su grosor. Esto no supone, según los informes técnicos, ningún peligro para la estructura, pero es necesario subsanarlo.

 

En el origen de este deterioro están el uso de agua para la limpieza integral del edificio, la salinidad que adquiere en algunas zonas y el peso del suelo de la primera planta. El mercado de abastos se diseñó originalmente para que se pudiera usar fácilmente el agua para su limpieza y cumplir con los requerimientos sanitarios propios de su función. Sin embargo, los muchos litros que se usan a diario están deteriorando los pilares metálicos, especiamente donde hay puestos de pescado por el mayor componente salino de ese agua. Además, los pilares cargan con el peso extra del suelo de la primera planta, realizado hace unos años por encargo del Ayuntamiento en cemento de un considerable grosor.