Los altercados en la sanidad pública y el perfil de quienes los cometen

El servicio público de salud es uno de los logros de los que la sociedad española se puede sentir más orgullosa, y por eso hay que defenderlo de los variados ataques que sufre. Y no hablamos solo de los recortes, que también la han dañado. En los últimos años la crisis nos han enseñado lo mucho que cuesta la sanidad universal y, sin duda, todavía hay que hacer mucha didáctica para hacer un buen uso de los recursos porque en ello nos va nada menos que el bienestar. Los pacientes debemos ser los primeros en exigir una atención pública de calidad, que llegue a todos los ciudadanos por igual, vivan donde vivan, pero también tenemos que ser conscientes de lo que cuesta y del valor de quiénes nos la prestan. Y en este capítulo está faltando algo fundamental: el respeto.

 

Por desgracia hace años que las agresiones a los profesionales son noticia por el alto número de casos. Insultos, amenazas y, en última instancia, lesiones por los ataques. Lamentablemente, Salamanca, y concretamente su Hospital, se han convertido en la 'zona cero' del mapa de riesgo para los profesionales. Periódicamente salen a la luz altercados graves, algunos de extrema crudeza, provocados por usuarios de un perfil determinado y que corresponde con aquellos que, invocando una supuesta discriminación, exigen para sí aquello que no se concede a nadie: una paradoja que estos usuarios critiquen el trato que les da la sociedad pidiendo privilegios.

 

Altercados por exigir ser atendidos antes que nadie, en las esperas de urgencias o por negarse a compartir habitación con otros pacientes empiezan a ser habituales en el Hospital de Salamanca, y tocan tanto a profesionales como a usuarios

 

Es el caso, por ejemplo, de los altercados por exigir ser atendidos antes que nadie, o por negarse a compartir habitación con otros pacientes cuando lo habitual es que el Hospital de Salamanca interne en habitaciones compartidas. Son numerosos los casos registrados en los últimos años. Este tipo de exigencias se traducen en malos modos y, finalmente, agresiones a los profesionales. Por desgracia, estas situaciones las sufren también el resto de usuarios que sí confían en el buen hacer de médicos, enfermeros y personal de la sanidad pública, y que acaban como víctimas de situaciones tensas y hasta peligrosas.

 

Ante estas situaciones es necesario actuar. La sanidad pública, y el Hospital de Salamanca, deben combatir las agresiones, a profesionales y a usuarios, y blindarse ante quienes no tienen respeto por el derecho a la salud pública. Son necesarios nuevos protocolos y reglamentos que puedan atajar las situaciones que, con frecuencia, se ven en urgencias o en planta. Las medidas que, hoy por hoy, se pueden tomar no parecen suficientes. Y no es posible seguir tolerando el espectáculo de que la Policía Nacional tenga que acudir al complejo hospitalario para frenar las actitudes intolerantes de determinados usuarios.

 

Los recortes han dañado nuestra sanidad pública, de eso no hay duda, y tenemos que defenderla de las decisiones que la menoscaban. Pero también hay que frenar el mal uso, los abusos, las exigencias violentas de quienes no parecen dispuestos a convivir. También en esto nos jugamos la calidad de nuestro sistema sanitario.