Los allegados
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Los allegados

Estaba toda España en vilo, pendiente de la decisión, ansiosa por conocer la respuesta a la gran pregunta. Aunque pueda parecer muy prosaico, la cuestión que ha tenido sin dormir a medio país no era cuál es el sentido de la vida o si hay o no un más allá. Ni siquiera la gran incógnita que atormentaba a Hawking sobre cómo surgió el Universo. Lo que los españoles queríamos saber es si podríamos viajar estas Navidades para reunirnos con esos cuñados antes denostados y sin los que ahora resulta que somos incapaces de pasar una fiesta en paz.

 

Bueno, pues tras semanas de intensas reuniones, tal vez asesorado por ese comité de expertos que como el Guadiana tan pronto está como desaparece, el Gobierno ha emitido su veredicto. Y como en la fábula de Esopo, “parturient montes, nascetur ridículs mus”, o en palabras de Samaniego, “esos montes que al mundo estremecieron, un ratoncillo fue lo que parieron”. Tanta expectación, tanto clímax, para que al final, en un giro dramático de los acontecimientos, el Gobierno haga lo que ha venido haciendo para combatir la pandemia desde que se fue de vacaciones este verano: nada y menos.

 

El ratón ridículo ha resultado ser una recomendación para limitar los desplazamientos salvo para acudir a visitar a familiares y allegados. Así que ahora lo que todo el mundo se pregunta es qué significa 'allegado', porque al parecer sí tenemos claro lo que es un familiar. Aunque si nos ceñimos a lo que dice la Real Academia, un familiar no es solo aquel que pertenece a una familia, sino aquella persona conocida previamente, como se deduce de la expresión “este tipo me es familiar”.

 

Pero volviendo al allegado, ese sustantivo que es ahora el objeto de nuestros desvelos, el ministro Illa lo tiene claro, “todo el mundo entiende lo que quiere decir”. Pero por si acaso, se extiende un poco más en la explicación, que siempre hay algún torpe al que no le basta una idea sucinta: "Estas fiestas tienen un componente muy especial y debemos permitir, ese también ha sido el consenso, que un familiar o una persona muy allegada, aunque no tenga un vínculo familiar definido en el sentido tradicional, sea una persona con la que tenemos una afectividad especial, podamos pasar juntos estos días". Ya sé que la sintaxis es, como casi toda la que emana de este Consejo de Ministros, manifiestamente mejorable, pero el ministro de Sanidad es licenciado en Filosofía y hay que disculparle.

 

Una vez escuchadas las aclaraciones de Illa, todo está mucho más claro. Un allegado es lo que todo el mundo entiende por un allegado. Y si no lo entiende, pues lo busca usted en el diccionario y verá que es “una persona cercana en parentesco, amistad, trato o confianza”. Así que las posibilidades son tantas, que puede ser casi cualquiera. Lo que abre de forma casi infinita, llámenme exagerado, las posibilidades de viajar y reunirse en estas Navidades, con el consiguiente riesgo de rebrotes y nuevos cierres antes de que lleguen las vacunas. Claro que una vez atados y bien atados los presupuestos, estas nimiedades ya no preocupan en Moncloa, que confía “en la responsabilidad de la gente”, seguramente a falta de la suya propia.

 

Despejada esta incógnita, ya sabemos por ejemplo que Arnaldo Otegui podrá, si quiere, ir a Galapagar a pasar unos días en el chalé de Pablo e Irene, una reunión a la que se podrían incorporar también Rufián e incluso Oriol Junqueras, si llega a tiempo el indulto, ya que a todos ellos les une tanto un trato como una gran confianza mutua. También podría la ministra Montero visitar a todos los funcionarios y pensionistas. Al fin y al cabo, les demostró su amistad cuando decidió subirles sueldo y pensiones mientras se negaba a bajar el IVA de las mascarillas. El que no podrá ir a visitar a los miembros del comité de expertos es Fernando Simón, al menos mientras Sanidad se niegue a publicar sus nombres aunque se lo exija el Consejo de Transparencia. Porque un allegado puede ser casi cualquiera, pero no una invención.

 

El que sí podrá viajar es el alcalde de Valladolid, Óscar Puente. Por ejemplo, a Bilbao a visitar a su amigo Sergio Zaitegui. Eso, a diferencia del comité de expertos, no es una invención, por muy “pesado” que sea el periodista de OK Diario. El mismo alcalde ha reconocido que mantiene “relaciones personales” con el empresario. Vamos, un allegado en toda regla. Así podría aprovechar para agradecerle que su empresa les haya hecho el favor a los ciudadanos de Valladolid de venderles por 200.000 euros esas mascarillas que, como ha explicado el alcalde, hubiese sido imposible conseguir con una licitación por la vía ordinaria, ni las hubiese podido proporcionar ninguna otra empresa sin un allegado de por medio.

 

Y de paso agradecerle también esas vacaciones en el mar en un barco de lujo que según el citado diario le pagó el empresario. Pero igual eso no tiene que agradecérselo a su allegado, porque el alcalde asegura que sus vacaciones se las paga él. Puede que siempre nos quede la duda. Claro que a lo mejor el alcalde puede enseñar la factura, un simple recibo o incluso el justificante del Bizum, si es que al final el barco lo pagaron a pachas, algo muy común entre allegados.

 

Los pagos de ese importe está muy feo hacerlos en B. Así que Puente, tan celoso de la legalidad y la transparencia, seguro que puede justificar de forma fehaciente que él se pagó sus vacaciones en Formentera, aunque formen parte de su vida privada. Sería una manera, creo yo, más correcta y transparente de desmentir al medio y al periodista que limitarse al insulto y la descalificación como ha hecho hasta ahora: “¡Basura!”. Y sería también un bonito detalle con sus votantes y sus vecinos, para que no crean que les toma por idiotas. Así saldríamos todos de dudas y podríamos disfrutar tranquilos de las Navidades con nuestros allegados, libres de absurdas sospechas sobre la honestidad del alcalde.