Los 350 votos huérfanos de Mañueco
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Los 350 votos huérfanos de Mañueco

Alfonso Fernández Mañueco, alcalde de Salamanca.

Feijóo era el elegido por todos, también por Mañueco.

Alberto Núñez Feijóo es el candidato que el PP necesita para su regeneración. De todos los que hay, es de los pocos que no está muy salpicado con alguna polémica (aunque también las tiene), de los pocos con una imagen adecuada, de los pocos con triunfos electorales inapelables... y además es gallego como el líder que se retira. Tan gallego que los que le esperaban como cabeza de lista se han quedado con la palabra en la boca, y con los votos en el bolsillo. También Alfonso Fernández Mañueco.

 

A nadie se le escapa que estaba todo listo para que fuera designado en el próximo congreso extraordinario en una de esas votaciones por aclamación con las que el PP ha hecho su historia y pretendía seguir haciéndola. Lo de la participación no deja de ser un complemento decorativo, un mero formalismo con el que cumplir las tibias exigencias legales de democracia interna en las organizaciones que luego gestionan la democracia. Que afiliados y simpatizantes se pronuncien libremente es un incordio, y para muestra un botón.

 

Hace unos días, el presidente del PP de Castilla y León anunciaba su intención de ir 'todos a una', pero no a Fuenteovejuna, sino a Génova. Su 'propuesta' a los afiliados, entregar los 350 votos de los compromisarios castellanos y leoneses a un único candidato. ¿Cuál? Eso era lo de menos. De hecho, el anuncio se hizo cuando no había ni empezado el proceso de precandidaturas, sin que los aspirantes pudieran explicarse, ni siquiera pedir nada a las bases. Como para dejar que nadie tome su propia decisión.

 

La elección del afortunado con los 350 votos la iba a tomar Fernández Mañueco. De hecho, la tenía tomada: el elegido era Alberto Núñez Feijóo. De libro. El candidato que todos querían, ante al que había que cerrar filas y qué mejor que con una ofrenda de votos por aquello de que el futuro jefe no te pueda reprochar aquello tan de democracia interna de 'no me apoyaste'. Eso al alcalde de Salamanca no le iba a pasar. Pero mira...

 

Ahora los 350 votos de Mañueco están huérfanos. La novia no se casa y la dote espera nuevo pretendiente, al mejor postor, o al que más interese. Las opciones son variopintas. Con Cospedal las cosas parecen frías, 14 millones de euros por 'ocupar' un solar de Defensa son razones suficientes. Con Sáenz de Santamaría no habría inconveniente: aunque no es de su cuerda, en una hipotética pelea de 'baronesas' Mañueco considera que la manchega está acabada políticamente... o al menos eso pensaba cuando Feijóo era la apuesta segura. ¿Y Casado? Eso sería dejarse sobrepasar por alguien de otra generación, pero puede que no quede otro remedio. 

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