Life Rupis: un empujón al delicado equilibrio de dos iconos de Arribes
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Life Rupis: un empujón al delicado equilibrio de dos iconos de Arribes

Un proyecto en torno a las poblaciones de águila perdicera y alimoche del Parque Natural de Arribes del Duero permite aprender sobre sus comportamientos y en consecuencia trabajar activamente en la conservación de estas dos especies.

aguilaEl águila perdicera (Aquila fasciata) y el alimoche (Neophron percnopterus) son dos de los emblemas del Parque Natural de Arribes del Duero y en definitiva de la naturaleza en Castilla y León. Motivos hay más que sobrados. De la primera hay catorce parejas en toda la comunidad y sólo una está fuera del parque transfronterizo. Se trata de una de las rapaces ibéricas que mayor regresión ha sufrido en los últimos años, lo que llevó a su recatalogación a la categoría de “Vulnerable”. Del alimoche se contabilizan un centenar de parejas en el parque, una población importante, pero se sabe muy poco de sus comportamientos. Ni que decir tiene que la conservación de ambas aves es vital, pero topa con numerosas complicaciones. Cualquier ‘empujón’ que se les pueda dar es clave. Y esto es lo que pretende el proyecto LIFE Rupis.

 

Iniciado en 2015, es un proyecto de conservación transfronterizo que se prolongará hasta 2019 y está cofinanciado por la Unión Europea, a través de fondos LIFE. El proyecto, que se desarrolla en territorio portugués y español, pretende implementar acciones dirigidas a reforzar las poblaciones de alimoche y águila perdicera. Son dos de las aves más características de los parques naturales fronterizos que España y Portugal gestionan en el límite del Duero.

 

El objetivo es, técnicamente, complicado. La evolución del número de ejemplares de especies tan amenazadas depende de un delicado equilibrio en el que intervienen la naturaleza, los obstáculos que los humanos ponemos en su territorio y hasta el clima. Son riesgos que hay que reducir en la medida de lo posible y cuando es posible: poco se puede hacer ante circunstancias meteorológicas adversas. Las líneas de trabajo se las reparten entre el personal de medio ambiente de la Junta de Castilla y León y la Sociedad Portuguesa para el Estudio de las Aves (SPEA). En el caso español, se centra en el censo y seguimiento de las especies, en la corrección de tendidos eléctricos y en el marcaje y obtención de información de algunos ejemplares. Una actuación global que permite albergar esperanzas y conseguir buenos resultados.

 

El peligro de las líneas eléctricas

 

"La principal causa de mortalidad entre las rapaces son los tendidos eléctricos y los venenos", explica Francisco Bolaños, uno de los responsables del proyecto. Muchos ejemplares aparecen muertos por colisión con cables o electrocutados al posarse en torres.

 

Para evitarlo, se han identificado y corregido las líneas eléctricas más peligrosas con la colaboración de las compañías Iberdrola y EDP. “Científicamente, se sabe que es algo que repercute positivamente en las poblaciones”, asegura para confirmar que la labor hecha va a beneficiar a ambas especies de aves.

 

No es, no obstante, la única variable que participa en el difícil objetivo de conseguir mayores poblaciones. Según los responsables del proyecto se ha conseguido un aumento del número de pollos que salen adelante, pero hay que esperar para ver los resultados a largo plazo, y aunque haya parámetros estables, no se puede bajar la guardia. “Las primaveras frías y lluviosas, como la pasada, hacen que la supervivencia de los pollos baje muchísimo”, advierte Bolaños que constata que tras una estación de mal tiempo las parejas muchas veces no crían, lo que obliga a esperar otro año después de un laborioso trabajo de cuidado y seguimiento.

 

Conocer más de estas aves

 

El trabajo, además, ha permitido descubrir algunas cosas interesantes. Los ejemplares son marcados y se les instalan emisores GPS para estudiar sus comportamientos. El Alimoche es, a pesar de su nutrida presencia en el parque, un gran desconocido. Pasa la mitad del año en África y luego aparece por los cañones del Duero, pero al contrario de lo que se pensaba, no se queda en un territorio reducido sino que se acercan incluso a 30 kilómetros de Salamanca capital en busca de alimento. “Hacen un uso selectivo del territorio y queremos averiguar por qué eligen unas explotaciones u otras o se van lejos de Arribes”, asegura el técnico, ya que el Alimoche es carroñero y está muy vinculado al manejo de las explotaciones ganaderas.

 

En los tres años que lleva en marcha el proyecto, se ha conseguido mantener estable la población de águila perdicera y frenar su regresión durante los últimos quince años: catorce parejas pueden parecer pocas, pero llegaron a ser menos. “Todo lo que signifique facilitar el alimento cuando crían y disminuir la mortalidad por los tendidos eléctricos beneficia su población”, asegura Bolaños.

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