Leo Ramos: "Es muy difícil dar aliento y esperanza, me entran ganas de llorar y es ahí cuando solo puedo mirar al cielo"

Leo Ramos celebra la eucaristía desde el salón de su casa

Alegría y dolor, dos sentimientos contrapuestos, pero muchas veces agarrados de la mano. Leo Ramos, cura de la diocésis de Salamanca se convierte en el fiel reflejo de una Iglesia que crece y acompaña en los momentos más duros.

La  cuarentena continúa y a pesar de que los pasos de Semana Santa no recorren las calles de la ciudad charra, el tiempo de oración y reflexión sigue estando presente a través de la pantalla del ordenador, de la televisión o las ondas de la radio. Posiblemente, nunca se lo llegaron a plantear, pero ahora mismo los curas de Salamanca han tenido que adaptarse a las redes sociales y a la comunicación en streaming. Esta es una de las historias humanas de TRIBUNA en esta crisis del coronavirus.

 

Es el caso de Leo Ramos, él ya era un cura que iba un paso más allá tratanto de hacer llegar la palabra de Dios lo más lejos posible y qué mejor que a través de las nuevas herramientas tecnológicas que han ido emergiendo en nuestro día a día. A través de su canal de Youtube y su cuenta de Facebook ha abierto un nuevo espacio para todos aquellos que quieran sentirse acompañados por Jesús.

 

Ya roza los 2000 suscriptores en su canal de Youtube, donde se muestra cercano y transmite la simplicidad de esa parte de la Iglesia que pocas veces se ve, la que solo necesita de un libro, silencio y humildad para llevar a cabo su labor. Además, ahora mismo también se sirve del hashtag #MisaCamilla, que ofrece a Leo la posibilidad de conectar con la comunidad cristiana para vivir los momentos de oración y misa de la Semana Santa.

 

Puede que no se parezca a lo que los prejuicios nos hacen pensar, pero Leo trata de transmitir el mensaje de Dios dentro de la simplicidad del día a día. Bajo títulos como 'Entre pinchos y cañas anda Dios' o 'La Plaza Mayor de Salamanca llena de vida' muestra a todos sus seguidores el lado más humano y cotidiano de un cura, podríamos atrevernos a decir, bastante moderno.

 

"La verdad es que no me aburro, estoy más acelerado que antes. Me dejaron un trípode, cogí un foco del garaje y ahora mi sala de estar es Iglesia, sacristía y todo lo que pueda, tengo que ir improvisando", cuenta Leo.

 

¿Cómo ha sido la acogida tecnológica por parte de la comunidad cristiana? "Me he sorprendido mucho y para bien. Hay muchas opciones para ver celebraciones con buenos enfoques, audios, equipo técnico...pero el hecho de hacerlo desde casa, para gente que te conoce, de pueblo.. Ahí hay un elemento que no tienen las misas de televisión, al final no se conoce a nadie de los que están ahí. A mí me piden que rece por personas, familiares...al final se crean unos vínculos que de otra manera no sería posible. Abuelas de casi 80 años, le han dado guerra a los nietos hasta que lo han conseguido, se crea una cadena muy bonita de gente y más en estos momentos especialmente sensibles, en los que está todo más a flor de piel y todo el mundo es más agradecido", señala.

 

"Se están encontrando herramientas de unión, es una época pastoralmente hablando muy bonita y que te reta, que te invita a esforzarte"

 

Una labor complicada, que sin embargo refleja la parte más sencilla de la Iglesia. "Yo no creo que haga nada del otro mundo, pero ese es mi granito de arena, rezar y transmitir esperanzas. Llamo todos los días a personas que se me echan a llorar, pero que por lo menos las acompaño. Es algo sencillo, pero les hace mucha ilusión recibir una llamada del párroco del pueblo. Se están encontrando herramientas de unión, es una época pastoralmente hablando muy bonita y que te reta, que te invita a esforzarte, porque las circunstancias han cambiado y creo que para la Iglesia es una oportunidad de oro", declara.

 

A pesar de representar una sonrisa incansable, Leo también ha conocido el lado más duro de su vocación durante los días de confinamiento. "El pasado 7 de abril tuve turno en el tanatorio de Salamanca. Un grupo de curas nos encargamos (voluntarios) de llevar a cabo una breve oración de despedida de todos los difuntos de este periodo de confinamiento, ya sea por el coronavirus o por otras causas. En cada responso, teníamos de 16:00 a 18:00, había tres familiares, el chófer del coche fúnebre y el psicólogo voluntario del tanatorio. Posteriormente, en el entierro de las 17:00 no pudo acudir ningún familiar", cuenta.

 

Sentimientos de "tristeza, soledad, desaliento, impotencia y sinsentido" afloran por su cabeza en estos momentos. "Hay que mantenerse alerta para no poner el piloto automático ante tanto dolor humano y ante el hecho de repetir las mismas o similares palabras responso tras responso. Son palabras a personas que no conoces de nada. Tan solo sabes que no han podido despedirse de su gente, que llevaban un mes sin ver a su madre, o que ya fue demasiado tarde cuando los ingresaron", continúa.

 

"Es muy difícil dar aliento y esperanza en estas situaciones tan dramáticas, tengo la impresión de que se detiene el tiempo, como si todo se volviera plomizo y gris y fuera imposible sacar la cabeza y respirar. Solo me queda mirar al cielo. Me entran ganas de llorar. Solo me queda mirar al cielo y eso es lo que hago", finaliza.

Comentarios

IRRESPONSABLES 11/04/2020 11:20 #1
MANDALE ESE MENSAJE A TU COLEGA DE PARADINAS DE SAN JUAN IRRESPONSABLE JUNTO A LA ALCALDESA DE ESA POBLACION

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