Ledesma, una encrucijada de caminos bañada por el río Tormes

Ledesma (Foto: E. P.)

El río Tormes se abrió camino en un abrupto terreno y ese esfuerzo dejó una estampa digna de contemplación, la del paso del agua por esta localidad salmantina.

Las rocas no se lo pusieron fácil, pero lo consiguió. El río Tormes se abrió camino en un abrupto terreno y ese esfuerzo dejó una estampa digna de contemplación, la del paso del agua por Ledesma.

 

En ese paraje son dos puentes los que permiten sortear la corriente y llegar a una villa fortificada llena de encanto, que ha sabido conservar su esencia amurallada y que es cruce de caminos, pues desde ella se puede conectar con las vías que llevan a Arribes del Duero, el vecino Portugal o Salamanca capital

 

Si el visitante se adentra en Ledesma, ya habrá tenido que pasar por su muralla, que, según los historiadores data de tiempos medievales y que refugia en ella no pocos monumentos que disfrutar.

 

Los turistas tienen en el centro de interpretación Bletisa el lugar idóneo para "descubrir los enigmas de la villa" gracias a textos, fotos y audiovisuales que permiten echar un primer vistazo a todo lo que alberga.

 

Luego ya, sin grandes distancias que recorrer, Ledesma abraza un paseo por todo el recinto amurallado, con vistas panorámicas muy interesantes sobre el río Tormes, o un castillo que está declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y que tiene un patio de armas, que bien serviría para rodajes de la televisiva serie de Juego de Tronos.

 

Su entorno también guarda las iglesias de Santa María la Mayor, San Miguel o Santa Elena; edificaciones de relevancia como la Casa Consistorial o el Hospital de San José; casonas y palacios; y puentes con identidad propia.

 

PUENTES CON HISTORIA

 

Sobre los puentes,en las proximidades de Ledesma, llaman la atención el de Peñaserracín, de posible origen romano según los estudiosos y tal y como contempla el Consistorio de la villa, y el Puente Mocho, también BIC y por el que pasó una calzada romanas sobre un bello paraje natural.

 

En cuanto a los otros dos, son los que unen las dos riberas que conectan la carretera de Salamanca con Ledesma, el primero es del siglo XV y conserva los dos ojos ojivales centrales. Los de los extremos son fruto de una reforma de un siglo después, y uno de ellos tuvo que ser reedificado en 1816 tras ser volado por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia.

 

El segundo, el más moderno, data de mediados del siglo XX, por el que pasa el tráfico rodado y que llama la atención por contar con un arco central de gran amplitud sobre el caudal del río Tormes.

 

GASTRONOMÍA

 

Pasear por la villa ofrece un viaje a la historia y también a la suculenta gastronomía que se ofrecen en sus restaurantes, y establecimientos tradicionales con olor a pasado y tradición como el de 'La Fernandica'; además de su producto más conocido, las 'Rosquillas de Ledesma', que se siguen elaborando a mano en el municipio.

 

Este es Ledesma, un enclave del que se asegura que tiene sus orígenes en tiempos prehistóricos, por el que pasaron los romanos, los musulmanes, la repoblación y así hasta llegar a nuestros días con unos 1.700 habitantes.

 

SENDERISMO

 

Y, para compaginar historia y naturaleza -además de sus conocidas fiestas del Corpus en primavera-, la villa también es punto de partida de numerosos senderos que comunica con extensiones de cultivo del Cordel de Merinas, con la ribera aguas arriba de la Playa de Carnaceda o con el puente de Peñaserracín; junto al paso de la Vía Dalmacia, alternativa a la Vía de la Plata, a través de encinas centenarias y el Puente Mocho, por el que pasó San Francisco de Asís.

 

Así es esta villa, un lugar que invita a volver, después de conocer su historia entre murallas y el castillo, disfrutar del caudal del Tormes, superar las aguas por imponentes puentes, saciar el apetito con guisos y rosquillas, y pasear por senderos con un encanto propio.