Las exigencias de Europa obligarán a un 'Salamanca Central' antes de 2023 para reducir la contaminación del tráfico
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Las exigencias de Europa obligarán a un 'Salamanca Central' antes de 2023 para reducir la contaminación del tráfico

Un coche atraviesa una de las vías que componen Madrid Central.

España envía su programa contra la contaminación a Europa, un plan de medidas que incluye la obligación en ciudades de más de 50.000 habitantes de marcar zonas de restricción de tráfico.

El Consejo de Ministros ha aprobado este viernes el primer Programa Nacional de Control de la Contaminación Atmosférica, que incluye un catálogo de 57 medidas y que supone el pistoletazo de salida para una mayor control de la contaminación. Entre otras cosas, va a suponer la generalización de las áreas de acceso restrigido para coches, que tendrán que adoptar todas las ciudades antes de cuatro años: el límite si el programa recibe el visto bueno de Europa es el año 2023.

 

Eso supone el inicio de una contrarreloj para ciudades como Salamanca, que carecen de protocolos de control de la contaminación, especialmente en materia de regulación del tráfico rodado, causante del 60% de las emisiones nocivas para la salud. Según los estudios independientes, los salmantinos respiran aire de mala calidad uno de cada tres días del año.

 

Según el programa enviado a Europa, las ciudades de más de 50.000 habitantes estarán obligadas a contar de zonas de bajas emisiones en las que, como han hecho Barcelona, Madrid o Valladolid, se prohiba la circulación de los vehículos más contaminantes. Será algo así como un 'Salamanca Central', pero a día de hoy, la ciudad carece de una zonificación así y también de una ordenanza que regule la restricción de tráfico en función de los niveles de contaminación, así que tendrá que trabajar en ello: hay cuatro años de plazo.

 

Según la propuesta, habrá que elaborar planes de movilidad sostenible, de los que Salamanca tiene uno desde 2013, que incluyan la delimitación de zonas urbanas centrales de acceso restringido, peatonalizaciones, restricciones de tráfico en momentos de mayor contaminación, impulso del vehículo compartido, promoción del uso de la bicicleta, mejora y promoción del transporte público...

 

En el caso de Salamanca, su puesta en marcha obligaría a determinar zonas en las que se limitaría el acceso a los vehículos en función de los niveles de contaminación ambiental y de las emisiones de los vehículos, para lo cual se usan los distintivos con los que la DGT clasifica turismos, motos y furgonetas.  

 

La pasada legislatura ya se propuso hacer un análisis de la situación y elaborar un plan de actuación que contemplara la posibilidad de restringir la circulación, aunque es cierto que esta ya está bastante limitada en la 'almendra' central de la ciudad. El reto de extender las limitaciones a la primera ronda, que sería el siguiente nivel del núcleo urbano, se antoja complicado. Se podría hacer ya porque la actual normativa estatal de calidad del aire faculta a los ayuntamientos para tomar medidas de restricción del tráfico; o aplicando una nueva ordenanza que está ya redactada, que es urgente poner en marcha y que podría incluir las primeras medidas al respecto.

 

En cuestiones como las peatonalizaciones, la promoción de la bicicleta y el bus sí se han hecho avances, pero habrá que reforzar las medidas.

 

 

Salamanca y su plan de acción

 

En Salamanca, con todo, no se parte totalmente de cero. El consistorio anunció hace unas semanas un Plan de Acción para el Clima y la Energía Sostenible, pero ese plan es todavía un proyecto. Es la primera piedra de un sistema de control de calidad del aire, pero ha elegido hacerlo desde una perspectiva amplia que se centra en el consumo energético sostenible y los riesgos presentes y futuros a los que se enfrenta la ciudad por culpa del cambio climático.

 

El objetivo: rebajar un 40% los niveles de contaminantes vinculados al tráfico antes de 2030. Esta es la apuesta del consistorio, un objetivo ambicioso, en el que es el primer movimiento por una atmósfera más sostenible, reto que va a afrontar desde una perspectiva propia y que va a tomar como punto de partida el Plan de Movilidad Sostenible, que data de 2013. El nuevo plan de acción está todavía en elaboración y hasta que no esté listo no hay medidas previstas.

 

 

Peatonalizaciones y centro histórico

 

Mientras llega ese día, el Ayuntamiento de Salamanca sigue apostando por las peatonalizaciones actuales y las futuras. Hay muchas realizadas, pero el plan contempla que se hagan peatonales por completo Íscar Peyra, todo Pozo Amarillo, San Pablo, plaza de Los Bandos (con la futura reforma), Crespo Rascón, plaza de la Fuente y todo el barrio de San Vicente, entre otros.

 

Además, se cuenta también con la limitación del tráfico en el centro histórico, donde la peatonalización y el sistema de control de accesos se han convertido en métodos para rebajar la circulación. El sistema de cámaras que controla quién entra sin permiso en las calles peatonales del centro y casco histórico ha valido un reconocimiento de Greepeace, que pone a Salamanca en la lista de las ciudades que hacen algo contra la contaminación de los coches. No obstante, entre los objetivos expresos de la red de cámaras no estaba la reducción de la contaminación, y por las calles restringidas circulan 2,8 millones de vehículos al año, que deberían tener controlado su acceso en función de sus emisiones.

 

También se hace especial incidencia en el sistema de alquiler de bicicletas, que poco a poco va sumando adeptos; la incorporación de vehículos híbridos a los servicios municipales; y en el uso del bus urbano, con una flota eficiente y de bajas emisiones, aún descartando los eléctricos.

 

La pregunta es si el desarrollo total de las medidas de un plan presentado en 2013 serán suficientes para atajar el problema de contaminación que tiene Salamanca. Según los últimos datos de Ecologistas en Acción, el nivel de ozono en el aire de Salamanca superó el máximo recomendado por la OMS 112 días durante el año pasado y respirar el aire de la capital es perjudicial para la salud todo el año. La mayor contaminación en una ciudad sin industria procede del tráfico rodado, que aporta ozono, partículas y dióxido de carbono.