Las escaleras hacia el cielo de Salamanca
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Las escaleras hacia el cielo de Salamanca

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Hay escalinatas que se merecen una visita: las de mármol del Ayuntamiento, las del conocimiento de la Universidad, las industriales de la Casa Lis o las nobles de la Casa de las Conchas. Y hay muchas más.

Las usamos cada día, pero no solemos reparar en ellas. Al pensar en escaleras la primera imagen que viene a la cabeza es la de entrada a la vivienda particular, aunque Salamanca tiene varios de estos accesos que merecen un poco más de atención, ya sea por su historia, por su estética o por sus peculiaridades.

 

Las más famosas de la ciudad puede que sean las del edificio histórico de la Universidad, que comunican la planta baja, donde están las aulas, el Paraninfo y la Capilla, con la primera, donde se ubica la biblioteca. Es la "escalera del conocimiento", según revela la Universidad en un vídeo institucional. Es "una obra maestra del siglo XVI" que "evoca el camino que tiene que seguir un estudiante para alcanzar el conocimiento y la sabiduría". Simboliza las tres etapas vitales (madurez, madurez y vejez), cada una plasmada con unos relieves distintos (bailes en el primer tramo de la escalera; amor y lujuría en el segundo y referencias espirituales en el tercero).

 

Y no es el único inmueble universitario con una escalinata importante. La del Palacio de Anaya comunica el patio con el primer piso. Una estatua de Miguel de Unamuno, rector y catedrático de Filología, espera en el descansillo, observando y 'examinando' a todos los alumnos que suben a las aulas. Las escaleras de la plaza de Anaya están para descansar y compartir apuntes.

 

 

El Ayuntamiento de Salamanca también presume de accesos cuando hace falta. La puerta principal del edificio se abre en momentos puntuales, como recepciones o visitas institucionales, o en caso de enlaces civiles. Durante el día a día los portones están cerrados. Detrás de éstos, por si alguien no la ha visto aún, hay una escalera de mármol custodiada por animales mitológicos y con sendos ramales a izquierda y derecha que desembocan en la puerta de entrada al Salón de Recepciones. Es una inmejorable forma de dar la bienvenida a la casa de todos los salmantinos.

 

Otro inmueble con una escalera señorial es la Clerecía. Según recoge la web de la UPSA, la escalera interior del edificio es obra de García de Quiñones y data de 1.740. El arquitecto "se inspiró en la escalera del convento dominico de San Esteban (1553). Como en ella, las rampas colgantes se apoyan sobre arcos rebajados cuyo intradós está decorado en cada tramo por tarjetas con alegorías simbólicas". También se considera "una nostalgia del Renacimiento". Está adornada con estucos "y  los escudos de armas reales y de Margarita de Austria. Es evidente que exalta a los protectores del Colegio, la Virgen y los monarcas". Finalmente, las paredes están decoradas con "los vítores que recuerdan a los obispos que han estudiado en la Universidad Pontificia".

 

Prácticamente no hay edificio histórico que no tenga una escalera de la que presumir: sucede con la Casa de las Conchas y sus tres tramos de peldaños, adornados con escudos de varias familias nobles de Salamanca. El portal de Patrimonio de la Junta explica que los peldaños son de granito y que la barandilla es de piedra de Villamayor, que mide 1,3 metros de alto y que "realiza las funciones de zócalo, ya que no sirve para sujetarse por el diseño".

 

Peldaños para el turismo

 

Tres de los mayores edificios de Salamanca han sabido sacar partido turístico de sus escaleras y, sobre todo, de los lugares a donde conducen: la Catedral, la Clerecía y San Esteban. Comenzó la seo, hallá por 2002, y con el tiempo se fueron sumando el resto. Los tres han habilitado rutas por sus terrazas y balcones para contemplar su inmensidad desde otra perspectiva. Y para llegar hasta ellos, obviamente, hay que subir escaleras. 

 

 

Estos tramos de peldaños se pensaron para lo que se pensaron: aguantar el paso del tiempo y permitir llegar del punto A al punto B, por eso no están decorados ni tienen grandes lujos. Son escaleras 'normales', usadas durante siglos para subir a limpiar balcones, retirar nidos o tocar las campanas. Hoy en día están más iluminadas y son más seguras. La recompensa, ya sea una vista de la ciudad desde las alturas o un paseo por una terraza, espera al final de la escalera.

 

Las de la Casa Lis son mucho más vistosas. Los accesos de la fachada sur, la que da al río, salvan el desnivel entre el acceso principal del inmueble y la puerta que da a la calle, pero el arquitecto que la diseño, Joaquín de Vargas y Aguirre, no se limitó a colocar unos cuantos peldaños, sino que optó por "una escalera que permite crear unas terrazas ajardinadas y una gruta cubierta de rocalla que aligera el conjunto. El resultado es uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial empleada para uso residencial", explica la web de la Casa Lis.

 

Por último, hay que señalar las escaleras decoradas con graffitis que se reparten a lo largo y ancho de la ciudad. Hay algunas en la avenida de Portugal, Huerta Otea, Würzburg o la Vaguada de la Palma. El dibujo aprovecha los tramos de peldaños para ganar profundidad y, de paso, aporta un elemento decorativo al barrio, convirtiendo un elemento urbanístico tan corriente como unas escaleras en un 'lienzo' al aire lbre. 

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