Las comarcas de Peñaranda y Salamanca, zonas de la provincia más afectadas por los topillos

La Consejería autorizó 221 quemas y tratamientos en 48 municipios de la Comunidad contra los topillos sin mortandad para otras especies.

La Junta de Castilla y León autorizó un total de 221 quemas para hacer frente a la plaga de topillos que decretó en diciembre de 2016, inicialmente en siete zonas de la Comunidad, y ha aplicado medidas de control biológico en 48 municipios.

 

Según los datos a los que ha tenido acceso la agencia Europa Press, este tratamiento contra los topillos no ha tenido incidencia ni ha provocado mortandad en ninguna otra especie animal por lo que la Junta ha confirmado que no ha habido explosión de la plaga.

 

No obstante, la Administración autonómica ha explicado a las organizaciones profesionales agrarias que el control del topillo campesino sólo se puede realizar "de forma integral y constante".

 

Al parecer y según los datos consultados por Europa Press, todavía hay zonas con alguna dificultad en las provincias de Valladolid y de Palencia donde se exige "vigilancia constante" además de medidas de prevención en las zonas donde tradicionalmente se inicia la plaga.

 

ANTECEDENTES

 

La Junta de Castilla y León declaró el 1 de diciembre de 2016 situación de plaga de topillos en siete zonas de la Comunidad en las que se había detectado una población de roedores "superior a lo normal" aunque, según aclaró entonces la portavoz y consejera de Agricultura y Ganadería, Milagros Marcos, la incidencia no tenía "nada que ver" con la registrada en 2007.

 

La decisión de declarar oficialmente la existencia de topillos campesinos en siete de las 59 zonas de la Comunidad --Campos, Pisuerga, Esla-Campos, Sahagún, Tierra de Campos, Campos-Pan Peñaranda de Bracamonte-- buscaba poder adoptar "medidas excepcionales" para controlar el repunte de roedores en invierno para evitar más problemas en primavera y para que la plaga no se extendiera a otras comarcas.

 

Para ello, la Junta de Castilla y León puso en marcha una serie de medidas fitosanitarias específicas, que recibieron el visto bueno del Grupo de expertos sobre vertebrados perjudiciales en agricultura de las comunidades autónomas, que incluían, entre otras, el arado profundo en las parcelas, la quema de rastrojos, el control biológico de la plaga y la utilización de sistemas de trampeo y producto rodenticida.

 

Ese repunte de la población de topillo campesino afectó principalmente a cinco de las siete zonas declaradas por la Junta -Campos, Esla-Campos, Tierra de Campos, Campos y Peñaranda de Bracamonte- donde se pudieron aplicar las quemas de rastrojos y el uso de rodenticidas autorizado por el grupo de expertos.

 

Tras un posterior incremento de población de topillos en algunas zonas de Castilla y León, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente dictó el 1 de marzo una resolución que adhirió once nuevas comarcas afectadas y dio el visto bueno a ampliar hasta el 30 de abril el uso de producto rodenticida formulado con bromadiolona.

 

De este modo, las comarcas agrarias autorizadas para el uso de rodenticida para el control del topillo campesino en Castilla y León fueron Arévalo-Madrigal, en Ávila; Pisuerga, en Burgos; Esla-Campos y Sahagún, en León; Campos, Saldaña-Valdavia y Cerrato, en Palencia; Peñaranda de Bracamonte y Salamanca, en Salamanca; Cuéllar, en Segovia; Tierra de Campos, Centro y Sur, en Valladolid, y Campos-Pan y Benavente y los Valles, en Zamora.

 

Según argumentó entonces el Mapama, la aplicación localizada y selectiva de producto rodenticida formulado con bromadiolona responde a una medida fitosanitaria para la prevención y control de la plaga del topillo campesino 'Microtus arvalis' en las comarcas agrarias de Castilla y León donde el programa de evaluación de las poblaciones existentes había identificado riesgos derivados de su presencia.

 

El incremento demográfico de topillos fue detectado a través del sistema de vigilancia y control de la población de topillos previsto en el Plan Director Contra las Plagas Agrícolas de Castilla y León a través de GPS en las parcelas por lo que se intensificó la vigilancia con evaluaciones extraordinarias en toda la Comunidad.