La vida con sida de Christine: "La gente huye de nosotros como si fuéramos perros verdes"

Christine Louise Ann Brashier, una de las afectadas y residentes en la Casa Samuel, sostiene que aún hay mucho desconocimiento del tema por parte de la sociedad en su conjunto. 

Christine Louise Ann Brashier, enferma de sida (Foto: T. Navarro)

El sida es una enfermedad como otra cualquiera. El primer paso que debe dar una persona con VIH para adaptarse a la enfermedad y a las consecuencias que va a tener ésta sobre su salud es desarrollar una gran capacidad de comprensión y de adaptación.

 

 

Sin embargo, este proceso puede ser difícil, tal y como señala una de las afectadas, Christine Louise Ann Brashier, quien asegura que la adaptación muchas veces es más complicada debido al significado que da la sociedad al sida: una de las enfermedades más temidas por la sociedad. "El hecho de que se transmita por vía sexual o por compartir materiales de inyección empeora su concepción social, por lo que todavía se producen casos de discriminación". 

 

 Christine lleva media vida conviviendo con el VIH. Se lo diagnosticaron hace años, cuenta  lo difícil que sigue siendo hoy en día convivir con este virus, a pesar de todo lo que se ha evolucionado. "No es fácil comentarlo, la realidad es que te tienes que callar, la para la gente somos como perros verdes", explica.

 

Su vida no ha sido nada fácil, es escocesa. Empieza a relatar unas palabras de extrema dureza, a penas puede hablar, el sida trae consigo otras enfermedades "que no te matan, pero te ayudan a morir". "Mi madre era prostituta, a los nueve años me sacó a la calle para vender droga, al tiempo me pilló la Policía y me metieron cinco años en un reformatorio, fue mi perdición", lamenta. 

 

Al salir de ahí, ya era adicta a la cocaína y la heroína, "me dedicaba a robar coches, hasta que me empecé a prostituir, en los clubs te obligaban a hacerte las pruebas de VIH de forma rigurosa, pero uno de los días de ansiedad, en la calle, tirada en Madrid, porque ya había llegado a España, le pedí a un hombre que me pinchara la heroína en el cuello... fue mi perdición, esa aguja no era nueva y ya tenía sangre de otra persona". 

 

A partir de ahí, Christine se hizo la prueba y dio positivo, "fueron los meses más largos de mi vida, la espera hasta que dicen si estás infectada es lo peor". Más tarde se casó con un hombre del municipio salmantino de Castellanos de Moriscos, "es un amor, y él, no está infectado, nadie de su familia tampoco, es algo que quiero aclarar, esto no se transmite así como así". 

 

Cree que a pesar de los avances, "la gente sigue teniendo miedo, les produce pavor", cuenta mientras añade que sigue habiendo mucho estigma social en torno a esta enfermedad, no solo en la gente de a pie. Asegura que en los hospitales los profesionales a veces no se cuidan aunque se lo dices. Pone un ejemplo: "Hace un tiempo me iban a sacar sangre y le dije a la enfermera que tenía sida, no se puso los guantes, le dije que lo hiciera porque nadie mejor que yo conoce mi cuerpo, si me hacen daño, pego un tirón, así fue, y se pinchó, estuve muy preocupada". 

 

En sus orígenes, en la década de los ochenta, el VIH era una enfermedad que "se creía que solo lo tenían los maricones, los drogadictos y las putas", y cuenta que el primer impacto con su médico de cabecera fue tremendo. Recuerda que el VIH, una vez contraído, es una enfermedad crónica que te acompañará toda tu vida y que mucha gente le "falta al respeto", no le da la gravedad y la importancia que requiere solo por ese motivo.

 

Afirma que se ha evolucionado mucho en temas médicos, pero en el ámbito psicológico es donde el paciente sufre algunos de los mayores problemas. A pesar de los esfuerzos cada vez mayores por intentar educar a la sociedad más joven, todavía hay mucha ignorancia sobre el tema y falta que cale el mensaje.

 

CASA SAMUEL, 25 AÑOS 

Corría el año 1994, cuando Cáritas Diocesana de Salamanca decidió dignificar las condiciones de vida de los afectados por el virus del sida que se encontraban desamparados. Este hogar de acogida, que dirige Pilar Plaza, está dirigido a afectados que se encuentran "en una fase avanzada de la enfermedad, con procesos clínicos o inmunológicos severos, que no cuentan con apoyo familiar ni social y que carecen de un lugar en el que vivir en unas condiciones dignas".

 

 

Así lo confirma la educadora social, Sara Samprón, quien explica que todos los residentes de la casa llegan muy afectados "con otros problemas unidos al VIH, como enfermedades respiratorias, hepatitis o cáncer". De este modo, acceden al recurso porque "carecen de medios económicos y no pueden atender su situación de salud de forma más autónoma".

 

Esta casa es una parte del proyecto de intervención con personas afectadas por VIH, que, además de acoger, orientar y acompañar a personas afectadas por esta enfermedad en su recuperación en integración social ofrece acompañamiento personas y acompañamiento en el hospital.

 

En 2019 la Casa Samuel ha atendido a 23 personas, siete mujeres y dieciséis hombres. Las actuales instalaciones, más amplias y adaptadas a las necesidades de los enfermos, acogen un total de 14 plazas, aunque no siempre es posible alcanzar la plena ocupación, porque se tienen muy en cuenta los cuidados que necesitan los residentes.

 

Satisfacen las necesidades básicas de alojamiento, manutención e higiene, sino que también se acompaña a los afectados en su proceso terapéutico. "Hemos tenido cuatro fallecimientos, es verdad, que la enfermedad se ha cronificado pero sigue habiendo fallecimientos". En la actualidad hay 10 hombres y cuatro mujeres. 

 

Como sucede en muchas familias, en la Casa Samuel se ayuda a los que no llegan a fin de mes, y el hogar también está presente en los momentos más críticos, como cuando alguno de los afectados sufre una recaída. "Muchos han llevado una vida de exclusión y consumo, y tener VIH habiendo vivido estas realidades les deja muy marcados. 

 

 

Gran parte de las actividades que se organizan en este programa van enfocadas a reforzar la convivencia. "Intentamos que incluso a nivel de ocio participen en las actividades comunitarias, pero también ofrecemos talleres de informática y manualidades, sesiones de gimnasia y recuperación de la salud...".

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: