La UDS sobrevive la temporada en la que se vio con la muerte en los talones

Pocas temporadas se han vivido tan al límite en la Unión Deportiva Salamanca como la 2009-2010. El año futbolístico que acaba de finalizar pudo ser el del final de su historia y se recordará como el que se cerró con una victoria en Villarreal, –allí donde hace años a los charros se les escamoteó un ascenso –, celebrada como si valiera un gran título.
Teresa Sánchez

Tres puntos que significan una permanencia que se vio lejos durante muchas jornadas.

Cualquiera lo hubiera dicho hace diez meses cuando, recién vestido de largo el nuevo proyecto unionista con Balta como director deportivo, Juan Carlos Oliva como entrenador y un plantel al que llegaron catorce refuerzos, la palabra ascenso o al menos la lucha por los puestos de cabeza se vino a la boca de los dirigentes del club. Se quiso vender ilusión y ahí pudo estar el primer error puesto que las expectativas se elevaron en exceso y la falta de juego atractivo en las primeras jornadas –en las que curiosamente los resultados sí acompañaron y se llegó a estar a un punto del ascenso–, provocó que la grada se volviera muy pronto contra el técnico. Un empate a cero frente al Hércules en la jornada trece trajo los primeros gritos solicitando su cese, que se produjo ocho jornadas más tarde, con el equipo situado en la duodécima posición, tras caer goleado en el Helmántico ante el Villarreal B.

La directiva eligió al segundo entrenador y hombre de la casa, Sito, para intentar reflotar la situación pero el declive del conjunto era evidente. Incómodo cuando jugaba como local, el Salamanca sumó cuatro derrotas consecutivas que sentenciaron al técnico y en un intento por frenar la caída libre del equipo, la directiva volvió sus ojos hacia Jorge D’Alessandro. Se buscaba un reactivador para un conjunto noqueado, que se sentía con la muerte en los talones. La irrupción de El Gordo en el vestuario blanquinegro fue como una trasfusión de optimismo. Las derrotas ante Hércules y Albacete y los aciertos de los rivales directos impidieron que el equipo saliera del precipicio hasta una última jornada en la que la Unión Deportiva Salamanca se quitó la soga del cuello y sobrevivió.