La torre de los Anaya vuelve a abrir sus puertas: las desventuras del palacio y fortaleza cerrado desde 2010
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La torre de los Anaya vuelve a abrir sus puertas: las desventuras del palacio y fortaleza cerrado desde 2010

La torre del antiguo palacio de los Abrantes lleva cerrada casi doce años desde que fracasó el Museo Oriental: después estuvo inundado, se prometió su rehabilitación, hubo que adjudicarlo tres veces y se ha logrado terminar seis años después.

La torre de los Anaya, el nuevo recinto cultural de Salamanca, abre sus puertas de nuevo este jueves después de un largo y proceloso período de inactividad que abarca los casi doce años que han pasado desde que cerró, incluídos los más de cuatro que han pasado desde que se anunció su rehabilitación y uso como sede cultural y los más de seis que han transcurrido desde que se dio a conocer la iniciativa en una campaña electoral.

 

Aquel fue el inicio de lo que iba a ser la 'vuelta a la vida' de un edificio con mucha historia, pero gafado en los últimos tiempos. Todos los intentos de darle uso fracasaron, algunos con estrépito, también el proceso para rehabiitarlo en esta última ocasión. Ha habido que adjudicar la obra hasta por tres veces. Ahora se reabre con una exposición sobre prensa y terrorismo, que se inaugura esta tarde.

 

La torre

La torre, que nombra al monumento en su conjunto, es el origen del mismo y la única superviviente del antiguo Palacio de Abrantes. Se trata de una torre cuadrangular, construida siguiendo el modelo teórico de las torres de defensa con variantes múltiples, cuyo aspecto manifiesta las sucesivas intervenciones de las que ha sido objeto. Este edificio está considerado una de las contadas pervivencias militares del siglo XV, pues es el resto de una torre de casa-fuerte. En 1985 la titularidad del edificio pasó de manos privadas a públicas tras ser adquirido por el Ayuntamiento y la Diputación de Salamanca, que desde entonces le dieron varios usos. Y aunque fue torre defensiva en su origen, las mayores 'guerras' las ha vivido en el siglo XX y XXI. 

 

Proyecto de rehabilitación

Después de muchos años de fracasos, abandonos y olvidos, la torre de los Anaya (también conocida como torre Abrantes) volvió a la actualidad con el marchamo de proyecto estrella. En septiembre de 2017, el entonces alcalde de Salamanca y el presidente de la Diputación, Javier Iglesias, convocaban a la prensa para hacer una reapertura simbólica de la torre de Abrantes.

 

Fue un acto para escenificar el proyecto para convertir el edificio en un nuevo centro cultural en lo que Iglesias llamó la milla de oro de la cultura en Salamanca. El plan era inaugurarlo en 2019 con un patio para conciertos, sala de exposiciones y biblioteca infantil. El proyecto completo se puede consultar en este LINK.

 

En mayo de 2015, ya en precampaña de las municipales, Fernández Mañueco incluyó en su programa convertir la torre en un centro cultural. Fue la respuesta a la situación desvelada por el PSOE en octubre de 2014, cuando se supo que tenía inundada su planta baja y sufría un progresivo deterioro. La moción socialista en el ayuntamiento para arreglarla no prosperó, pero meses después llegó este anuncio. Curiosamente, fue un gobierno socialista el que, hace unas semanas, anunció por sorpresa la finalización de una obra que financiaba el Estado.

 

Desalojo

Con anterioridad, desde 1992, fue sede del  Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal de la Universidad de Salamanca que lo usó durante catorce años hasta que, en virtud de un convenio entre Ayuntamiento y Usal, tuvo que abandonar sus dependencias. 

 

El motivo fue la decisión del entonces alcalde, Julián Lanzarote, de fijar allí la sede de un Museo de Arte Oriental que fue un fiasco. La mayor parte de las obras de la colección, propiedad de los coleccionistas privados Pilar Coomonte y Nicolás Gless, resultaron ser de dudosa originalidad: se descubrió que muchas no eran auténticas. El proyecto fue un fracaso rotundo y el museo sólo estuvo abierto entre 2007 y 2009, y tras su cierre, desde 2010 el edificio ha estado sin uso.