La Soledad, Reina y Señora en la madrugada del Sábado Santo

Un manto de pétalos de flores ha recibido a una de las más veneradas de la Semana Santa en la madrugada del Sábado Santo.

El Sábado Santo ha comenzado en Salamanca con la tradicional puesta de largo de la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, una procesión que abre cada año las puertas de la Catedral con la llegada de la medianoche. Es diferente a todas las demás, en ella, se conjugan la tradiciones más arraigadas con la fe y la devoción más numerosa, al menos eso aseguran los más entendidos.

 

Asimimo, desde una hora antes los cofrades de esta hermandad, la más numerosa de la ciudad, se han reunido en el interior de la misma para asistir al íntimo acto que se realiza habitualmente, y para valorar si finalmente se hacía el recorrido completo, ya que el día ha estado marcado por la suspensión de procesiones debido a las inclemencias meteorológicas. 

 

La llamada Señora de Salamanca, ha provocado las lágrimas de los devotos congregados en las cercanías de la puerta del Obispo de la Catedral. A las doce en punto se han abierto las puertas bañando a la 'Señora' en pétalos de rosa, y ha comenzado a desfilar la comitiva, en la que destacaban decenas de portadoras de velas, que alumbraron el recorrido de la Virgen por Salamanca, de riguroso luto. 

 

Pero sin duda, el momento más emotivo ha tenido lugar a las puertas de San Esteban, donde, como es tradición, la Virgen de la Esperanza se ha asomado a la puerta de la iglesia conventual. Este saludo entre las dos reinas de Salamanca, es el que más devoción popular despierta. El único sonido que se escucha durante la marcha es el de la Agrupación Musical Virgen de la Vega y la Banda de Música de Alba de Tormes. 

 

En la marcha, las hermanas pueden cada año procesionar con traje de calle, siempre que sea de "luto riguroso", pero no han faltado las mantillas y peinetas del mismo color para acompañar a la Virgen.

 

Los pasos

Los pasos que han salido de la seo, son dos. Uno es el de La Soledad de la Cruz, obra de Vicente Cid y Tomás Monzón, en 1997; y el otro es el de Nuestra Señora de la Soledad, una talla de gran porte de Mariano Benlliure, de 1941.

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