La semana del 'ser o no ser' en el viaje hacia la nueva normalidad

Sanitaria

El día 11 de mayo se estrenarán los primeros 'ascensos' hacia la fase1 del final del confinamiento. Las imprudencias, la falta de planificación y los errores serán la clave que pueden dejar atrás a muchos territorios.

La nueva normalidad es ese estado hacia el que queremos ir, pero que no sabemos cómo alcanzar. La paradoja describe el trance en el que entramos desde esta semana, la de la cuenta atrás hacia una situación desconocida y de imprevisibles consecuencias, y que puede que no termine como desea una mayoría de la sociedad. Desde luego, no si las cifras de infectados y enfermos siguen sin caer, y las imágenes de los últimos días, casi de bullicio en las calles, no son un buen presagio.

 

De este viaje, y por ahora, solo conocemos el final parcialmente gozoso que promete, una felicidad provisional e incompleta hacia la que corremos sin saber muy bien cómo lograrla. Sabemos, sí, que hay cuatro fases y que se van subiendo una a una, que se tienen en cuenta evaluaciones cuantitativas y cualitativas, pero a falta de una semana para conceder los primeros 'ascensos' nadie puede tener claro qué es exactamente lo que se pide, simplemente, porque todavía no se ha definido por completo. Asoma de nuevo la sospecha de una nueva improvisación de un gobierno que aparenta precipitarse más de lo que sería recomendable, presionado por las circunstancias y los intereses sin tener del todo claro qué hacer.

 

Quizás por eso son muchas las preguntas sin responder. ¿Qué pasará con las zonas que no logren alcanzar los niveles que se exigen? ¿Puede una provincia entera quedarse permanentemente en la fase 0? ¿Qué ocurrirá si comarcas enteras se quedan atrás mientras buena parte del país abandona el confinamiento radical? Cuestiones que tienen que ver, en buena medida, con la participación de las comunidades en un asunto que guía el Gobierno estatal pero en el que las autonomías quieren tener poder de decisión. Ya veremos qué pasa cuando, el día 6 de mayo previsiblemente, se concedan los primeros ascensos y se denieguen otros cuantos.

 

Mientras tanto, y por si fuera poco, los ciudadanos añadimos un poco más de incertidumbre a la que ya genera la clase política. Las imágenes de este sábado demuestran que 50 días de encierro son muchos, y que no nos hemos podido resistir a tomar las calles en una actitud con un importante grado de irresponsabilidad. Hartos de estar en casa, de las improvisaciones del Gobierno, de la crisis económica que se avecina... Sea cual fuera el motivo, no se trataba de salir pasara lo que pasara, no cuando el virus sigue en nuestras calles y los pocos dirigentes sensatos al frente de la gestión de la crisis no hacen más que insistir en la prudencia, la distancia social y las medidas de higiene que, con alegría, muchos se saltan.

 

Este virus ha demostrado que es capaz de hacernos pagar por cada una de nuestras imprudencias. Cada vez que le hemos dado motivos, en manifestaciones, escapando a las segundas residencias, haciendo la Semana Santa o, más recientemente, con actos injustificables como los de Madrid o imágenes inverosímiles como las del primer día de salida 'general', nos ha devuelto el 'favor' con más contagios, más enfermos y más muertes. Y no tenemos precisamente pocas: ni siquiera en el indicador más básico estamos para pensar en pasar de fase.

 

Dentro de una semana, Castilla y León y toda España se enfrentarán a la cruda realidad. Los hospitales saturados, las imprudencias, la falta de rigor, las improvisaciones y todos los errores o aciertos que, colectivamente, hayamos cometido en esta y anteriores semanas nos enviarán al infierno o al purgatorio (no hay cielo por ahora). Veremos qué pasa con los que se queden atrás, porque probablemente los habrá.