La reconstrucción
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La reconstrucción

Opinión de Diego Jalón en Tribuna Valladolid sobre el confinamiento.

Hemos doblado la curva, ya solo mueren unas 300 personas al día a las que sus familias no pueden despedir y como dice Fernando Simón, los datos son “alentadores”, aunque casi 25.000 españoles ya hayan exhalado su último aliento. Pero Europa está cambiando de pantalla, y al Gobierno le ha entrado la prisa. No podemos quedarnos atrás y ser los únicos en no tener una hoja de ruta, con lo de moda que está eso. Así que como anunció el presidente el martes, tras otro consejo de ministros más largo que un discurso de Fidel, ya tenemos un “Plan para la Transición hacia una nueva normalidad”. Sánchez ya tiene su Transición, lo que le situará en la Historia a la altura de Suárez y le hace candidato a que pronto alguna ciudad de España tenga un aeropuerto Pedro Sánchez.


Para trazar este plan, el presidente se ha rodeado de los mejores. No hay ni un solo científico en el equipo, ni expertos en Economía, ni por supuesto, nadie de la oposición. Pero no hace falta, están Redondo, Iglesias, Félix Bolaños y Julio Rodríguez. Han dejado también sentarse a la mesa a la Ministra de Hacienda, “pasarse en un presupuesto es fácil chiqui”, a la de trabajo, “los niños y las niñas de este país a partir de ahora ya van a saber lo que es un ERTE”, e incluso a Carmen Calvo, hasta ahora desaparecida en combate, seguramente por el cierre de las peluquerías.


Así que, a falta de datos fiables de contagios, de datos fiables de paro, de datos fiables de cierre de empresas, de datos fiables de casi cualquier cosa, ya tenemos negro sobre blanco las cifras de la “nueva normalidad”: 0, 1, 2 y 3. No es broma. Estas son las cifras y las fechas del nuevo plan, queridos niños y niñas, como dice Iglesias. Son las nuevas fases de la desescalada. Y hasta ahí podemos leer. Esto va a ir en cuatro fases, que ya iremos improvisando luego en qué consiste cada una y cuándo se aplicará en cada sitio. Que nadie vuelva a decir que no tenemos un plan, ni que España no hace tests, que para eso está el ranking de la OCDE en el que a veces no estamos mal situados, aunque otras veces sí.


Un caos, dirán algunos. Bueno pues igual es que de eso se trata. Porque mientras estamos en el caos, hay quien intenta colar la renta vitalicia, la reestructuración de la deuda hipotecaria, la prohibición de los cortes de suministros de gas agua y electricidad, la nacionalización de la banca, la del sector energético, la “tasa covid” y la mayor subida de impuestos de la reciente historia de España, a base de impuestos de sucesiones, de depósitos, de transacciones financieras, de impuestos de solidaridad “temporal”, de subidas de IVA e IRPF o de nuevas figuras de fiscalidad ecológica. ¿Podemos?

 

Lo que desde luego no se puede hacer a base de improvisación y de chapuzas es diseñar una reconstrucción tan urgente como necesaria para la economía española. Una reconstrucción para generar empleo y riqueza para todos, en vez de pobreza y subsidios, aprobados generales y rentas mínimas. Tenemos que aspirar a sobresalientes y a rentas máximas, queridos niños. Y niñas. Un país que no genera riqueza ni empleo acaba por no tener a quien cobrar impuestos, ni cómo pagar a los empleados públicos ni a los pensionistas. Eso lo saben ya hasta en Venezuela.

 

Toda crisis y esta va a ser una de las mayores a las que nos enfrentamos es sinónimo de cambios y de oportunidades. Y una de las grandes oportunidades que ya tenemos casi al alcance de la mano son los ingentes préstamos y posibilidades de financiación que va a acabar ofreciendo la Unión Europea. Sería fantástico que para cuando ese dinero esté disponible, el Gobierno tuviese listo un plan para invertirlo en generar riqueza y empleo.

 

Por ejemplo, un plan con las infraestructuras más necesarias, las que vayan a generar más externalidades y desarrollo económico y ponerlas en marcha cuanto antes, sin más dilaciones. Infraestructuras de transporte, como el corredor mediterráneo, las conexiones ferroviarias a Extremadura y Portugal o las ya proyectadas y en construcción de alta velocidad a Galicia y País Vasco.

 

También infraestructuras de trasporte eléctrico para preparar la transición hacia una nueva movilidad más sostenible o un plan de transformación del mix energético. O la construcción de embalses y la depuración de aguas residuales. Todas las infraestructuras imprescindibles para reducir la contaminación, afrontar el cambio climático y ser más resilientes. Va a haber financiación pública de Europa, pero vamos a necesitar también financiación privada. Y explotar al máximo todas las ventajas de la colaboración público-privada, una fórmula que ha demostrado sobradamente su eficacia cuando cada uno cumple su papel.

 

El sector público a definir las reglas y fiscalizar su cumplimiento y el privado a poner en valor su experiencia, su flexibilidad, su talento y su capacidad de innovación y de gestión. Es el momento de ser audaces, de proponer planes viables, que requieran inversión y generen empleo y riqueza, a corto, medio y largo plazo. A todos los niveles, estatal, autonómico y local.

 

Es el momento tal vez de retomar proyectos que en su momento se aparcaron por diversos motivos, pero que quizá ahora necesitamos más que nunca. Así lo va a hacer Madrid con su Operación Chamartín y así podría hacerlo Valladolid con el soterramiento de esas vías que parten en dos la ciudad. Es el momento de dejar el marketing y de poner manos a la obra en la reconstrucción.

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