La orquesta 'La Búsqueda' y su propósito de "bailar con el alma": Vuelven las verbenas, pero no como las recordamos
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La orquesta 'La Búsqueda' y su propósito de "bailar con el alma": Vuelven las verbenas, pero no como las recordamos

Luis Cotobal, vocalista de la orquesta 'La Búsqueda' en el concierto realizado en Carbajosa de la Sagrada

¿Quien no echa de menos una buena verbena de pueblo? Luis Cotobal, amante de la música y vocalista de 'La Búsqueda' nos cuenta un recorrido que todavía se hace muy cuesta arriba: "Queremos que desde la silla se pueda sentir esos 14 de agosto en los que están en el pueblo con tus colegas" 

Luis Cotobal es el vocalista de la orquesta 'La Búsqueda'. (Nos) Ha hecho bailar a miles de salmantinos en los diferentes municipios de la provincia durante los dos meses de verano, hasta que el Covid-19 paralizó el mundo. Sin embargo y pese a que otros sectores han comenzado a reflorecer, la cultura en general y en particular las orquestas han visto mermadas sus actuaciones. No les ha quedado otra, han tenido que reinventarse y Cotobal nos explica a qué se han tenido que enfrentar y cómo miran hacia el futuro. 

 

Partimos de unos gastos iniciales, como consecuencia de la inmersión realizada para el último año que finalmente no vio la luz. Ante tal hecho y con el único fin de poner una pizca de normalidad a la vida, la orquesta llevó a cabo nueve conciertos en acústico para apenas veinte personas en cada uno de ellos. De por medio estaba la música. Un año después y tras realizar ensayos virtuales, como consecuencia de que entre la composición de la banda y las voces ya hablamos de siete personas, vuelven a ver un rayo de esperanza en medio de tanta incertidumbre.

 

¿Por qué decidisteis llevar a cabo esos conciertos? "Porque no queríamos estar parados y supuso nuestra particular prueba piloto. Era la antesala a conocer el terreno de lo que nos íbamos a encontrar en el año 2021, el fiel relejo (pese a la mejora de la situación) de lo que sería. Necesitábamos sentir cuál y cómo iba a ser la repuesta del público, teniendo en cuenta que va a estar sentado, que no les vas a ver la expresión de la cara y que su única respuesta va a ser cuando levanten las manos y aplaudan al final. Es muy complicado y necesitábamos saber cómo se tiene que trabajar en un escenario como ese", advierte. 

 

¿Afectó en algo a la recuperación económica? "No, no, imposible. Las cifras que maneja una orquesta en general...no se puede pedir eso ni el año pasado ni este. Las empresas del espectáculo no van a hacer dinero, tienen un año y medio que recuperar de pérdidas sin haber podido hacer prácticamente nada. La cultura era culpable por querer hacer conciertos, hemos estado estigmatizados y, por tanto, las empresas han estado a cero. Ahora mismo, las orquestas que hemos conseguido readaptarnos saltando obstáculos tenemos el objetivo de mantener y pagar y motivar a los técnicos y músicos. Tengo compañeros en grandes formaciones conocidas por todos que están cantando en la calle porque no podían pagar el alquiler", asegura. 

 

Escuchando testimonios así...¿hasta qué punto sabemos lo que ocurre detrás del telón? "Nunca somos conscientes de lo que ocurre en una orquesta, somos personas que salen de casa a las cinco de la tarde, comenzamos a montar a las siete y el espectáculo da el pistoletazo de salida a las doce de la noche. No somos conscientes del trabajo que es. Se acaba la música y al día siguiente hay que volver a hacer lo mismo. Ahora con el Covid pasa lo mismo, el primer día que se abrió un bar de las orquestas no se acordó nadie. También es verdad que no se es consciente sin querer, no es algo que se deba tener en cuenta", reconoce. 

 

En el presente año (2021) han llevado a cabo varias actuaciones en Carbajosa, Lumbrales, Villares de la Reina y Topas, ¿cuál ha sido la respuesta del público? "Quieren que volvamos y lo notamos. Nuestra reinvención se trata de un concierto de hora y media en el que se da una vuelta por el repertorio de la música española. Tratamos de hacer una orquesta sin cafeína, para que desde la silla se pueda sentir esos 14 de agosto en los que están en el pueblo con tus colegas. Es muy difícil conseguirlo, pero veremos cómo van cambiando las normas, si se quitan las mascarillas, si se pueden llevar a cabo de pie...es una incertidumbre constante", declara. 

 

¿Cómo fue esa primera actuación? "Rarísima, teníamos antecedentes del año pasado, pero aún así. Me considero una persona muy nerviosa y enérgica, entonces tengo que medir que si digo que levanten los brazos, lo hacen sin levantarse de la silla, que no voy a ver la expresión de la cara y doy por hecho que sonríen...Es muy difícil, pero gratificante a la vez, porque al fin y al cabo estamos haciendo música. Ahora toca bailar con el alma".  

 

Hay que devolver a la cultura el lugar que nunca se le debería haber quitado

 

Eso sí, ha notado un cambio en la actitud: "Hay menos miedo y al final hay cada vez más vacunados. Me gustaría recalcar el esfuerzo de los ayuntamientos, los que nos han contratado, los que nos están contratando y los que harán por ello. Hay que ponerse en su piel y es una responsabilidad muy grande, hay que agradecer que hagan por y para que la cultura se ponga en el lugar de donde nunca la tenían que haber quitado. Lo digo mucho, hay que devolver a la cultura el lugar que nunca se le debería haber quitado". 

 

¿Cómo te vendes? "Como cultura segura, para empezar y ante todo. No es plenamente el concierto de la orquesta tal y como lo conocemos, son adaptados para todos los públicos y olvidarnos de los problemas. Todo debe volver a su cauce poco a poco. Quiero vender normalidad, no hay más, todo debe ser por igual. No pedimos grandes aglomeraciones ni presupuestación altísima, pedimos que lo hemos trabajado se nos deje hacer. La cultura solo quiere trabajar, si no se puede asistir a un concierto con esta situación, tampoco se puede ir al supermecado". 

 

No veremos un camión en la plaza del pueblo, pero sí un escensario creado con todo el cariño que ha sido arrebatado a la cultura. Las orquestas vuelven, aunque no como las recordamos, pero...¿hay algo a nuestro alrededor que sea igual?

 

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