La original obra con la que una editorial salmantina se rinde al legado del irrepetible Leonardo Da Vinci

Nueva joya de la editorial salmantina CM Editores que honra la memoria del genio con sus 200 dibujos más sobresalientes, de los 600 custodiados por la Royal Collection, en la obra 'Leonardo da Vinci. Una vida en dibujos'.

Con el prefacio de su Alteza Real el Príncipe de Gales, confeso de la genialidad de da Vinci, y el detalle explicativo de cada obra gracias a Martin Clayton, Jefe de Grabados y Dibujos de la Royal Collection Trust y uno de los mayores especialistas del artista florentino, la editorial salmantina CM Editores, bajo su sello CarteM, publica Leonardo da Vinci. Una vida en Dibujos.

 

Con una tirada de 400 ejemplares, el volumen reproduce en papel estucado 200 de los dibujos a color más destacados de Leonardo da Vinci, seleccionados entre los 600 que custodia la Royal Collection cuyas obras de arte, que no se pueden vender ni dividir, se despliegan por diferentes residencias reales del país.

 

Todos ellos han sido la esencia de la exposición abierta al público A Life in Drawing (Una vida en dibujos), que ha albergado durante el verano la Galería de la Reina en el Palacio de Buckingham y que, durante el invierno, se podrá visitar en el Palacio de Holyroodhouse de Edimburgo.

 

Estos dibujos, que han dado vida a la mayor exposición de la obra de Leonardo da Vinci en los últimos 70 años, cubren todo el espectro de investigaciones científicas y artísticas del arquetipo por excelencia del Renacimiento. Sus trazos en su característica sanguina, o los elaborados en tiza o tinta, nos adentran en la mente extraordinaria de un hombre que, quinientos años después, nos sigue resultando fascinante. Todo un visionario cuyos dibujos reflejan su propia evolución o su inquietud ante la muerte.

 

Su prolija creatividad e insaciable hambre de conocimiento extendió sus alas sobre ámbitos tan dispares como la escultura, la pintura, la cartografía, la botánica, la óptica, la astronomía, la ingeniería, la arquitectura, la gastronomía, la música e incluso como audaz maestro de ceremonias en las fiestas de la corte. El hombre que diseccionó 30 cadáveres, base de sus portentosos dibujos de anatomía aquí recogidos. El mismo que persiguió el sueño de volar, que buscó la armonía en cada rostro, o lo más ridículo, y que con paciencia infinita se adentró en la naturaleza.

 

 

EL CONTENIDO

 

Los 200 dibujos recogidos en Leonardo da Vinci. Una vida en dibujos, que reflejan su propia evolución como artista y sus avances científicos, dan testimonio de la insaciable curiosidad y lo meticuloso que podía llegar a ser.

 

De hecho, el nivel de detalle en algunos de ellos es sobrecogedor, alejado de sus primeros estudios científicos, una combinación desordenada de bocetos, diagramas formales y bloques de notas irregulares.

 

El volumen, estructurado en diversos epígrafes, contiene sus dibujos elaborados en Florencia hacia 1481, los realizados durante su residencia en Milán, sus dibujos artísticos más tempranos, su visión de la ingeniería, las armas y la ciencia, y aquellos grotescos, tan equidistantes de las cabezas masculinas ideales que conforman su legado.

 

Fue en los años que rodean a 1490 cuando realizó los bocetos de numerosas cabezas grotescas, un divertimento para sí mismo y sus colaboradores y, probablemente, también para la corte de Sforza. La Caricatura de un hombre calvo y gordo puede considerarse una de las pocas del artista. Otros dibujos son bocetos de obras como La Última Cena, o de su visión de la naturaleza, paisajes y ambientes rocosos (la geología fue una de sus grandes pasiones), que más tarde inmortalizaría en obras como La Batalla de Anghieri (la pintura más ambiciosa de Leonardo, un mural pensado para tener 18 metros de ancho) o La Virgen y el Niño con Santa Ana. Y, cómo no, los trazos de sus esculturas inconclusas, como el monumento Sforza o el dedicado a Trivulcio. No faltan los bocetos vinculados a su tratado sobre la botánica y el agua.

 

Mención aparte merecen sus pormenorizados estudios de anatomía, su gran análisis científico que incluye la ilustración de un hijo sosegado que bucea dentro del vientre materno, y que hoy en día nos siguen pareciendo toda una revolución para la época, gracias a las 30 disecciones que llevó a cabo en vida, no solo con delincuentes y ejecutados. De hecho, en el invierno de 1507-1508 diseccionó a un anciano en el hospital de Santa Maria Nuova de Florencia. Al parecer, el hombre sufría cirrosis hepática e hipertensión portal asociada, y, en otra parte de su cuaderno, Leonardo facilitó la primera descripción clínica conocida de esta enfermedad. Los dibujos de estas incursiones en el cuerpo humano constituirían la base de sus grandes logros en el campo de la anatomía.

 

 

Si en su época se le hubiera dado el crédito que merecía este “laboratorio investigador”, quizá la evolución de la ciencia hubiera sido distinta gracias a Leonardo, que incluso ubicó dentro del cerebro el sentido común (senso comune) en el supuesto lugar en el que convergen los sentidos. La fascinante colección de dibujos de da Vinci, que tenía una asombrosa capacidad para visualizar el movimiento de las aves en frames, se completa con sus estudios sobre vestimentas. El don de Leonardo para convertir cualquier locura en una realidad sublime fue más que memorable en las fiestas de la corte. A la posteridad han pasado los sirvientes, transformados en aves, durante el convite de la boda del duque Gian Galeazzo II Sforza e Isabel de Aragón.

 

Algunos dibujos muestran disfraces minuciosos, creados al final de su vida, que arrojan cierta luz sobre la opulenta vestimenta que habría concebido para festivales, representaciones teatrales y otros eventos similares. Da Vinci, un virtuoso de la música y de las rimas improvisadas, también se atrevió con las pictografías, es decir, «escrituras pictóricas» alegres a partir de una combinación de objetos autodefinidos, objetos y símbolos que suenan igual que otras palabras, junto con algunas letras de enlace, con la soluciones debajo de cada línea. Hay que tener en cuenta que los jeroglíficos y otros tipos de criptogramas eran muy apreciados en el Renacimiento.