La imprescindible ayuda de los laicos en el día a día de los pequeños pueblos
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La imprescindible ayuda de los laicos en el día a día de los pequeños pueblos

Algunos de los laicos que ayudan en la comarca de La Armuña. (Foto: Diócesis de Salamanca)

Los laicos tienen un papel fundamental cuando, en ausencia del sacerdote, abren el templo y acometen tareas como las lecturas o la distribución de la comunión, entre otros gestos.

En el medio rural, los sacerdotes suelen tener a su cargo un gran número de municipios, muchos de ellos dispersos entre sí, y en los que es imposible celebrar todos los domingos. Los presbíteros suelen rotar por semanas, para tener una presencia continua en las parroquias, pero en esta tarea la ayuda de los laicos es fundamental. Así lo reconoce Leo Ramos, sacerdote diocesano, que junto a Andrés González, son párrocos de un total de once pueblos de La Armuña.

 

Dentro de la campaña #HazMemoria, con la que se repasa la labor de la Iglesia en Salamanca, nos acercamos a un encuentro de celebrantes de la palabra que tuvo lugar en Gomecello para abarcar el tema de esta semana: “Celebración de la Iglesia y liturgia”, explican desde el Servicio Diocesano de Comunicación.

 

En esta ocasión, se han reunido un total de ocho celebrantes de la palabra, que ayudan en sus tareas tanto a Leo Ramos y Andrés González Buenadicha, que comparten parroquias, como a otro de los presbíteros responsables de esta zona, Luis Ignacio Durán.

 

“Nos hemos reunido para conocernos, rezar y ver cuáles son las necesidades que tienen nuestros celebrantes de la palabra y qué ha supuesto para ellos esta responsabilidad”, apunta Ramos. Este sacerdote diocesano reconoce que la tarea de estos feligreses es importante, “en una Iglesia cada vez más pequeña pero también seguramente más auténtica, y que está llamada a ser cada día más autónoma, y que ellos mismos pongan en valor el domingo como día del Señor”, subraya.

 

En este encuentro, en los salones parroquiales de Gomecello, han tenido la oportunidad de conocerse entre sí los celebrantes de la palabra de La Armuña. “Nos hemos presentado y han contado dónde están ejerciendo este servicio a la comunidad”, relata. 

 

De uno en uno, han ido compartiendo sus impresiones con los demás en relación a su tarea, qué ha supuesto para ellos, para su comunidad, cuáles son los retos o dificultades, etc.

 

De primera mano

 

Carmen Rodríguez es la celebrante de la palabra de Gomecello. Para ella, esta labor ha supuesto “un reto y una alegría”. En el tiempo que lleva, la gente del pueblo agradece su presencia cuando el sacerdote no está: “Ellos vienen a gusto y trato de que les llegue lo que hago, y creo que lo he conseguido porque les parece muy corto”. Esta mujer cuenta con ayuda, por ejemplo, del coro, “para seguir la palabra”, y admite que lo hace lo mejor que puede, “y lo hago con todo mi cariño y me gusta”. Rodríguez es consciente que esos domingos que el sacerdote no puede celebrar la eucaristía, “al menos tenemos una palabra o unos rezos”.

 

Esta celebrante de la palabra empieza con la Señal de la Cruz y después lee unas oraciones seleccionadas previamente por el presbítero. “Hago las lecturas del día y a veces, las comento con algún texto relacionado”, aclara. Carmen también les da la comunión, y asegura que viene mucha gente del pueblo a comulgar, “y les parece bien que yo les dé la comunión, así que estoy contenta porque los que vienen, lo hacen a gusto”.

 

Francisco Javier Sánchez pertenece a la parroquia de San Juan Bautista y ejerce este ministerio en la zona de La Armuña desde hace cinco años, en una serie de pueblos del sacerdote Luis Ignacio Durán. “Me encuentro muy satisfecho y agradecido de poder dar ese servicio a la Iglesia después de haber recibido tantas cosas de ella”, admite.

 

En Cabezabellosa de la Calzada, Victoria del Rey es la celebrante de la palabra. Su cometido es leer la palabra y dar la comunión. Su pueblo es pequeño, como ella misma reconoce, “me encuentro muy a gusto, y le doy gracias a Dios por todo, porque gracias a Él y a Leo puedo hacer la celebración de la palabra, allí somos como una familia”. Victoria también es consciente que si ella no realiza la celebración de la palabra, “no se abriría la iglesia todos los domingos. En los meses de invierno, acuden a misa unas seis personas, pero en los periodos vacacionales o en verano son bastantes más, como admite esta feligresa.

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