La Iglesia de San Martín de Tours, nueve siglos de inestabilidad

La actuación en la cubierta es prioritaria, pero no será la última ni la única que se lleve a cabo en el edificio.

La Iglesia de San Martín de Tours de Salamanca ha sabido superar adversidades de todo tipo, desde guerras y el terremoto de Lisboa hasta "deformaciones" en su interior que han puesto en peligro el mantenerse en pie desde hace nueve siglos.

 

Sobre los problemas ajenos a su construcción, ha conseguido resistir a batallas tan cruentas como las envestidas napoleónicas que arrasaron media ciudad o hacer frente al interés urbanístico de construir durante los últimos siglos cerca de la Plaza Mayor, lo que ha supuesto que se mantenga asediada por casas que impiden ver todo su esplendor y que su estructura permanezca medio "oculta".

 

En cuanto al interior, el arquitecto y director de la obra que se lleva a cabo en el templo - actualmente parada por las medidas de lucha contra la COVID-19-, Jesús Castillo Oli, ha explicado recientemente que hay "un problema de origen" que está presente desde que se levantó esta construcción del siglo XII.

 

Entonces, en su origen, ya se reconocieron y se limitaron "problemas estructurales" que han continuado hasta ahora, unas deficiencias que se tratan de "corregir", a través del Plan Románico Atlántico, para dar una solución definitiva al monumental espacio.

 

Con este propósito, los expertos tratan de "desviar" las cargas actuales de la cubierta sobre la cabecera y centrar estas mismas fuerzas sobre los ejes de los pilares de la iglesia románica, muy próxima a la Plaza Mayor.

 

Posteriormente, con el fin de "dignificar" todo lo que en ella se encuentra, trabajarán, también dentro del proyecto Románico Atlántico, en eliminar zonas repintadas y la suciedad por las goteras, además de eliminar el obsoleto y todavía presente sistema de calefacción por otro más acorde al monumento en el que se encuentra, y mejorar la iluminación.

 

UNA IGLESIA CON MUCHA HISTORIA

La iglesia de San Martín de Tours cuenta con la declaración de Monumento Histórico-Artístico y es junto con la Catedral Vieja el edificio románico más significativo de la capital, según los responsables del actual proyecto de mejora.

 

Fue levantada en el siglo XII, sobre una construcción anterior y ha sufrido numerosas reformas a lo largo del tiempo.

 

Todas estas acciones han afectado a su estructura y han sido analizadas en el marco del Plan Románico Atlántico para saber cómo se comporta el edificio en la actualidad y cuál es la opción más adecuada para garantizar su conservación.

 

El problema estructural de origen estaba documentado y se había actuado sobre él con anterioridad sin llegar a solventarlo por completo.

 

De ahí que, en este caso, se haya abogado por monitorizar el espacio para disponer de datos reales sobre su estado.

 

Los primeros sensores se colocaron en 2015 y desde entonces no se ha dejado de observar el comportamiento del inmueble.

 

Con la información aportada por la monitorización y los estudios e informes que se han ido realizando de forma paralela, entre ellos un levantamiento de precisión que resultó clave para la comprensión del comportamiento estructural del templo, los expertos han confirmado que el edificio ha sufrido distintas transformaciones como resultado de la evolución de sus fábricas y que aunque la trama urbana en la que se halla inmerso le ha perjudicado en algunos aspectos, también ha propiciado que se mantenga en pie.

 

La principal conclusión de los informes y del estudio de evaluación estructural realizado por la Junta de Castilla y León es que las cargas que soportan los muros románicos del edificio están descompensadas y es necesario realizar una redistribución para mejorar el margen de seguridad estructural, en lo que se trabaja.

 

PESO DE LA CUBIERTA

El estudio de evaluación estructural fue el pilar sobre el que trazar el proyecto más adecuado para el edificio.

La actuación que se está desarrollando actualmente está sirviendo para modificar los puntos de apoyo de la cubierta actual, que se restauró durante la década de los noventa, para distribuir mejor su peso sobre los muros románicos, trasladando y centrando de este modo las cargas.

 

La acción tiene un plazo de ejecución de seis meses y se suma a las llevadas a cabo hasta el momento dentro del Plan que han supuesto una inversión cercana a los 356.000 euros.

 

Junto a la intervención en la cubierta, a lo largo de los últimos años, se han ido acometiendo actuaciones urgentes para paliar los problemas de desprendimientos y pérdidas en la estructura.

 

Así, por ejemplo, en 2015, se actuó en el primer tramo de la nave del Evangelio, sobre la llamada Puerta del Obispo, que concentraba buena parte de los daños, ha informado recientemente sobre ello el Plan Romántico Atlántico.

 

Los trabajos permitieron, además, recuperar paulatinamente el acceso por la puerta norte del templo y acondicionar un punto informativo y de recepción de visitantes inaugurado en 2017.

 

Del mismo modo, se mejoró el acceso a la Capilla del Carmen, donde se conserva una rica portada románica con policromía original y se le dotó de una iluminación más acorde con el conjunto y más eficiente.

 

La actuación en la cubierta es prioritaria, pero no será la última ni la única que se lleve a cabo en el edificio.

 

Mientras se corrige y solventa el problema estructural, se trabaja en la redacción de un nuevo proyecto que permita "acomodar el inmueble a los requerimientos de un espacio situado en pleno corazón de una ciudad histórica, que compagina su uso litúrgico con el interés artístico e histórico que despierta entre los muchos visitantes que pasan cada día frente a sus puertas".

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