La histórica fábrica de colas de Salamanca completa su viaje del olvido a una nueva vida
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La histórica fábrica de colas de Salamanca completa su viaje del olvido a una nueva vida

El edificio, que fue primera estación de impulsión de agua del sistema municipal de agua corriente, se convertirá en sede de una empresa y espacio de coworking y cultural.

La histórica fábrica de colas, un edificio industrial casi único en Salamanca, ha completado su viaje del olvido y el deterioro, que ponía en riesgo su supervivencia, a una nueva vida, la que tendrá como sede de una empresa y centro cultural y de coworking. Lo hace nueve meses después de iniciada su rehabilitación y menos de dos años después de que TRIBUNA desvelará el proyecto para recuperar este edificio singular.

 

Este martes la comisión informativa de Fomento del Ayuntamiento de Salamanca concede la autorización para uso provisional del edificio, que en breve se convertirá en sede de una joven empresa de ingeniería, que es la que ha impulsado el proyecto, que está rematado.

 

Después de arreglar la icónica chimenea, se procedió a enfilar el resto del proyecto. Se han cambiado carpinterías exteriores respetando la construcción, se han derribado construcciones anexas sin valor, se ha modificado el patio de acceso con un cerramiento nuevo que incluye patio y zonas verdes y se ha completado con iluminación, instalación eléctrica, forjados de acceso... A partir de ya, acogerá a la empresa impulsora del proyecto, la consultora de ingeniería Calabrés Tomé, y pronto empezarán las actividades culturales con una primera acción sorprendente.

 

Su puesta a punto empezó en agosto pasado por uno de sus elementos más característicos: su chimenea industrial de ladrillo. La chimenea se encontraba en mal estado por el deterioro de los años y alguna intervención de dudosa ortodoxia. En su día, los impulsores del proyecto procedieron a una precisa auscultación con las últimas técnicas y las conclusiones fueron curiosas. 

 

La chimenea estaba estructuralmente en buen estado y tiene la peculiaridad de que esté ligeramente inclinada hacia un lado, con una desviación de 55 centímetros. Lo peor es que su coronamiento estaba roto. Se pusieron andamios para reparar su finalización y consolidar el resto y la obra ya ha terminado. Ahora, una de las dos de tipo industrial que quedan en Salamanca vuelve a lucir perfecta.

 

Hace más de un año, TRIBUNA desveló los planes de una joven empresa de ingeniería, Calabrés Tomé, para rehabilitar el edificio tras llegar a un acuerdo con los entonces propietarios. Ahora el proyecto está listo para ponerse en marcha tras el parón del estado de alarma y haber conseguido completar su tramitación  y obras.

 

La historia

El edificio de la antigua Fábrica de Colas reúne muchos pedazos de la historia de Salamanca. En pleno Camino de las Aguas, es uno de los escasos edificios industriales que quedan de finales del siglo XIX, tiene una de las pocas chimeneas de ladrillo que hay en pie en la ciudad, dio origen al actual sistema de impulsión de agua y tuvo entre sus propietarios al que fuera presidente de la República en el exilio.

 

Los orígenes del edificio se remontan al año 1874, cuando por el entonces arquitecto municipal José Secall, proyectó el edificio con objeto de que fuera la estación de elevación de agua desde el río hasta el depósito de San Mamés (actual museo del comercio), siendo el origen de actual del sistema de abastecimiento de agua de la ciudad de Salamanca, además de dar nombre a la citada avenida.

 

Ya entrado el siglo XX, el edificio sufrió una ampliación obra del arquitecto Santiago Madrigal y fue destinado a fábrica de productos químicos y farmacéuticos propiedad, entre otros, del que fuera presidente de la segunda república José Giral. Giral fue catedrático de Química en la Universidad de Salamanca entre 1905 y 1920, cuando se marchó la ciudad y vendió sus negocios, entre otros, una farmacia.