La hidratación al volante, tan clave como la gasolina para la 'operación salida'

Hidratación al volante, clave como la gasolina para la 'operación salida'

La capacidad de reacción, atención y concentración al volante pueden verse afectadas por la falta de hidratación, de ahí que sea recomendable beber unos 100 mililitros de agua una media hora antes de iniciar el viaje y unos 200 mililitros cada hora durante el mismo.

No hay una cantidad exacta de agua a ingerir a la hora de conducir, ya que las necesidades varían en función de las personas y diferentes factores como la edad, el sexo, la temperatura y humedad ambiental, la duración del trayecto o el tipo de ropa que utilicemos, entre otros.

 

El cerebro va a ser un órgano especialmente sensible a cualquier pequeño síntoma de deshidratación. Soporta el procesamiento mental y la función cognitiva, por lo que, con un 1 o 2 por ciento de deshidratación ya podemos notar pequeños fallos de memoria y atención, somos más lentos y nos puede costar más mantener la concentración.

 

Sobre todo teniendo en cuenta que dentro del coche aumenta el calor, de ahí la necesidad de que por encima de los 37 grados se incremente la ingesta de agua en 300 mililitros por cada grado que aumente la temperatura.

 

Evitar en la medida de lo posible el uso del aire acondicionado en exceso, ya que incrementa el riesgo de una inadecuada hidratación debido al aire seco y la baja humedad que se produce en el ambiente, que motiva la pérdida de agua por los pulmones y la piel.

 

También prestar especial atención a la ingesta de agua de los mayores y niños que viajen en el vehículo, ya que son los grupos poblacionales con más riesgo de deshidratación; evitar realizar comidas pesadas y llevar una alimentación variada que incluya alimentos con gran porcentaje de agua, tales como los vegetales, las frutas y las verduras, lo que ayudará a favorecer el proceso de hidratación.