La guerra de las castañas calienta el Otoño salmantino

La competencia por hacerse con uno de los escasos puestos que se sortean cada año para vender castañas en Salamanca hace aflorar dos asociaciones rivales y las primeras tensiones, con quejas en el sorteo y por la devolución de las fianzas.

Cuando llega el frío, ¿a quién no le apetece un cucurucho de castañas asadas? Pocos se resisten a este placer, este año un poco más tardío por este Otoño con pinta de Verano. Lo que gusta menos son los rigores de la intemperie, el calor del bombo y tener los dedos permanentemente tiznados de negro. Son los principales peajes, que no los únicos, que pagan aquellos que hacen posible un negocio de los de toda la vida, pero que vive un poco revuelto en los últimos años en Salamanca. Tanto, que ya hay disputas entre dos asociaciones y cierta controvesia.

 

De fondo, una importante competencia para hacerse con los escasos puestos disponibles. Baste decir que para el sorteo de este año se presentaron 40 solicitudes para sólo trece puestos. Porque el de las castañas es un negocio aunque sea sólo de cuatro meses, según las cifras que manejan castañeros consultados, con el que ganar un buen dinero; más todavía si hay suerte en el sorteo y te toca el gordo de un puesto de la calle Toro, entre los más codiciados.

 

Los castañeros pagan unos 50 euros/mes por noviembre y diciembre, y luego pueden extender la temporada a enero y febrero. Este negocio apareció como una opción en los años duros de la crisis porque permite unos ingresos complementarios, y eso es algo que han descubierto muchos. En disputa, dos asociaciones 'rivales' de castañeros, Asociación de Castañeros Salmantinos y Asociación de Castañeros Tradicionales, y la voluntad de lograr el control del mayor número de puestos. Es por eso que ha asomado la controversia en el sorteo con el que el Ayuntamiento otorga sus puestos.

 

Las reglas del sorteo son claras, pero están en discusión porque la actividad se rige por las bases de la ordenanza de ocupación de la vía prevista para otros negocios como las churrerías. En primer lugar, la solicitud es nominativa, hay que poner una fianza de 200 euros y hay que acudir al sorteo en persona. Si no, no hay puesto. El acto de este año, celebrado el día 10 de octubre, funciona como uno de esos de la Champions, con las bolas de los aspirantes en una bolsa: se extraen y al afortunado se le otorga un puesto. El problema empieza con la obligación de acudir presencialmente al sorteo, una media que va contra la ley; la excusa, evitar intrusismo, lo que también va contra las normas de libre competencia. En el último sorteo, hubo problemas porque uno de los puestos le tocó a una persona que acudía en representación de quien había presentado la solicitud.

 

El segundo gran problema es el de la fianza. Son 200 euros que hay que depositar para presentarse, pero que el Ayuntamiento de Salamanca no devuelve hasta pasados los dos primeros meses de la temporada, aunque no hayas sido agraciado con un puesto. Esto provocó la queja de la oposición hace unos días, como ya reflejó TRIBUNA, y el compromiso del equipo de Gobierno de adelantar la devolución. Los afectados están esperando todavía.

 

La controversia puede cambiar las cosas para el futuro. La oposición quiere una normativa más clara para el sorteo y alguna adaptación de la ordenanza para que recoja de manera específica las condiciones de esta actividad en la que Ayuntamiento y castañeros colaboran. Por ejemplo, las casetas las tiene el consistorio y las instalan operarios municipales, pero los castañeros pagan una fianza de 100 euros para tenerlas en propiedad. Sin embargo, hay casetas nuevas y casetas viejas, y el reparto de unas y otras entre las dos asociaciones también genera recelos. Igual que la tendencia de una de las asociaciones a acaparar más puestos para sus asociados. Una guerra insólita y calentita con el sabor más tradicional del Otorño.

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