La gestión privada se adueña de La Aldehuela e impone sus propias normas al margen de las ordenanzas

Un cartel prohíbe meter comida o bebida en lo que es un recinto público, pero la empresa concesionaria sí permite consumir alcohol en su cafetería. Prohibe llevar a cabo cualquier actividad sin autorización, lo que limita su uso. El recinto parece muchos días infrautilizado y hay equipamientos casi sin estrenar o ya en mal estado.

Hace algo más de un año que la ciudad deportiva de La Aldehuela volvió a abrir sus puertas tras más de tres años de caóticas obras en las que los retrasos fueron una constante, desbordando todos los plazos prometidos una y otra vez por el Ayuntamiento de Salamanca. En una jugada muy opaca, se cedió la gestión del reciento a una empresa privada con lo que por primera vez en su historia este emblemático recinto quedaba fuera del control directo del consistorio. La empresa, Enjoy Wellness Aldehuela, está emparentada con la que ya gestiona las piscinas y el Multiusos.

 

La alternativa fue muy cuestionada y, tras su primer ejercicio completo, se puede decir que lo sigue estando. El motivo es la patrimonialización del complejo que ha hecho la empresa concesionaria, que actúa como si fuera una instalación privada cuando se trata de un recinto municipal con equipamientos deportivos que han sido pagados en su totalidad de fondos públicos. Sobre el papel, la empresa debería limitarse a cobrar las tasas y explotar el centro de fitness, un negocio redondo ya que cobra 1,2 millones de euros de déficit de explotación al año ya que su contrato le asegura tener beneficios. Sin embargo, vistas muchas de las situaciones creadas en estos meses, se puede decir que la empresa se ha adueñado del recinto.

 

Desde que empezó a gestionarla, rotuló la pista cubierta con su logotipo en letras gigantes (después se le obligó a retirarlo), ha decidido mantener la puerta principal cerrada y desviar a todo el mundo hacia el acceso más próximo al centro fitness, centro de su gran negocio, ahora redondeado con un bar e impidió el acceso para comerse el hornazo en el último Lunes de Aguas, el capítulo más sonado de su patrimonialización. Para ello, no ha dudado en recurrir a la Policía Local.

 

 

NORMAS Y PROHIBICIONES AL MARGEN DE LAS ORDENANZAS

 

El colmo es que ha establecido una serie de normas que no tienen reflejo en las ordenanzas previstas para el funcionamiento de la ciudad deportiva. Nunca hasta ahora se había prohibido entrar con comida o se había requerido pedir permiso para realizar cualquier actividad, pero un cartel gigante en la entrada lo prohíbe expresamente. Prohibiciones con una justificación muy dudosa, porque no se puede entrar con comida y bebida... salvo que se compre en los bares del recinto, donde no debería venderse alcohol al tratarse de un recinto deportivo, una de las excusas que la propia empresa puso para impedir el acceso de los ciudadanos para el tradicional Lunes de Aguas.

 

Este complejo ha sido siempre más que un recinto deportivo y el uso que se le ha dado jamás ha generado problemas que permitan mantener que se dedica a usos impropios. La ordenanza municipal de convivencia ya sanciona a quienes causen desperfectos a los elementos de un parque o instalación pública o que no respeten los horarios: fuera de ahí, someter la realización de cualquier actividad a un permiso previo está fuera de todo lugar e incumple la libertad de acceso a lugares públicos. Sin embargo, el gran cartel con las normas no permite llevar a cabo actividades que no estén programadas o autorizadas por la empresa, sin más detalle, lo que dejaría fuera casi cualqier uso.

 

Los deportistas y clubes también han sufrido trabas. Ahí está el caso del internacional, olímpico y medalla de bronce europea, Álvaro de Arriba, al que el invierno pasado le tocó pasar por taquilla para poder entrenar. O el caso del club de rugby al que la empresa pretendió cobrar un extra de limpieza para celebrar el tradicional 'tercer tiempo', una merienda con la que los equipos de rugby culminan siempre los partidos. El último caso es el impedimento para usar una máquina de vídeo-finish comprada con fondos municipales y que la empresa tiene 'secuestrada'.

 

 

UN COMPLEJO INFRAUTILIZADO

 

Las constantes pegas y limitaciones al uso, desde la famosa prohibición para comer el hornazo el pasado Lunes de Aguas a las restricciones que sufren los deportistas y clubes, han convertido la ciudad deportiva en un recinto infrautilizado. Como se ha denunciado en varias ocasiones, hay equipamientos que apenas se han estrenado. Es el caso del velódromo, que se ha usado contadas veces y ya ha empezado a deteriorarse; o del campo para las pruebas de lanzamiento de atletismo, que ni se ha usado. El campo de rugby también muestra un estado muy mejorable, con la hierba muy seca, numerosas 'calvas' y la aparición de vegetación ajena. Tres ejemplos de cómo espantar a posibles usuarios.

 

 

Además, es habitual ver las instalaciones deportivas bastante vacías, al margen de las horas de entrenamiento de clubes en el caso de los campos de fútbol. Los espacios de libre uso como las canchas polideportivas o el 'skate park' no parecen tener gran afluencia. Ganemos ha denunciado que la gestión privada ha servido para vaciar de usuarios el lugarEl cobro de una tasa por el rocródromo, un equipamiento muy específico, 'espanta' posibles usuarios. La empresa concesionaria se encarga de perseguir a aquellos que puedan tener la tentación de colarse en un frontón o un campo de fútbol para jugar. Las tasas que cobra van para sus ingresos, aunque sigue teniendo asegurado el déficit que le causara una merma de lo que recaudara.

Noticias relacionadas