La dura labor del voluntariado: "En mi primer día una madre me dijo que su hijo iba a morir con 19 años"

Carolina Alcázar es voluntaria desde hace doce años de la asociación contra la leucemia y enfermedades de la sangre (Ascol) en el Complejo Asistencial de Salamanca. Asegura que su primer día pensó en "abandonar" pero con el tiempo se ha convertido en una labor "gratificante". 

Carolina Alcázar, voluntaria de Ascol Salamanca (Foto: I. Andrés)

Carolina Alcázar ha sido una de las galardonadas en los Premios Solidaridad de Cruz Roja Salamanca, medalla a la solidaridad individual. Voluntaria de la asociación contra la leucemia y enfermedades de la sangre (Ascol), acude una vez por semana al hospital para ayudar a los enfermos de hematología y prestar apoyo a sus familiares, su vida se resume en ayudar a los que más lo necesitan.

 

En su cara puede verse la satisfacción. "me siento bien ayudando a los pacientes y sus familiares... son momentos muy duros para ellos", asegura con una sonrisa de oreja a oreja. Lo hace de forma desinteresada, "este premio lo he recibido por una labor que hago de forma rutinaria, no me cuesta hacerlo, de hecho, es gratificante, decidí probar y no quiero dejarlo", dice.  

 

Carolina lleva doce años como voluntaria de Ascol... debido a este interés, decidió comenzar sus estudios en Psicología, ya había sido madre de dos niños, "quería saber más y más, poco a poco lo fui logrando, tardé cinco años pero ya estoy graduada". 

 

 

Cada jueves emprende camino hacia la planta cuarta del hospital, allí "hay una sala donde atendemos tanto a pacientes como a familiares, le damos respiro emocional, descargan sus emociones con nosotros... se distraen, a veces, solo necesitan eso, olvidar por un momento la enfermedad". 

 

Su horario es de 9.30 a 12.30 horas, "preparamos un café, estamos como en casa, les servimos de soporte emocional y desconexión, hay muchas familias desplazadas de otras ciudades, nos convertimos en su familia y apoyo. Estamos también en el hospital de día y consultas"

 

"A veces necesitan llorar y otras reír, de eso se trata ser voluntario, detectar que es lo que necesita el paciente". Por la tarde se hacen otro tipo de actividades como relajación, meditación...además Ascol dispone de tres pisos que está a disposición de todos ellos.

 

Entre las anécdotas, Carolina recuerda que es un camino "duro", pero lo denomina como un "estilo de vida", "sabemos que vamos a pasar momentos muy difíciles", ahonda. A su mente regresan recuerdos de su primer día como voluntaria: "Llegué y le dije a una madre que si podía ayudarla, me contestó que si, su hijo tenía 19 años y leucemia, estaba muriendo... no sabía que hacer ni que decir, no estaba preparada, me quedé sin palabras".

 

Un inicio impactante "volví a casa llorando, yo ya era madre... la cabeza me daba vueltas, pensé en abandonar el voluntariado pero al final me di cuenta de que esta madre me hizo ver que le ayudaba mi sola presencia, si yo no estuviera ella lo hubiera pasado peor", concluye.