La Dictadura de Miguel Primo de Rivera (XVI)
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La Dictadura de Miguel Primo de Rivera (XVI)

Nueva entrega que firma el profesor Tamames y que analiza la Dictadura de Miguel Primo de Rivera. 

Continuamos con Don Miguel, y eso que no hemos entrado en la glosa de sus “notas oficiales”, por medio de las cuales, difundía en la prensa sus observaciones a veces sobre la vida cotidiana. Ni tampoco vamos a referirnos a lo que de él escribió César González Ruano, sobre los amores del General con la espléndida Nani. Ni finalmente entraremos en las críticas que posteriormente a su dictadura hizo de él Alfonso XIII; quien primero abrazó el régimen de Primo de Rivera, y que luego quiso detestarlo… Seguimos hoy con el tema, en lo que es una excursión, creo que sumamente amena, por las sendas intelectuales de una dictadura que era más bien una dictablanda.

 

César González Ruano, un incisivo escritor, que entrevistó a Nini Castellanos, la novia del General Primo de Rivera. La entrevista no fue lo mejor para el joven capricho del dictador, y contribuyó a la ruptura de los amantes, con gran pena del personal

 

Residencia de Estudiantes y Ciudad Universitaria

 

La importancia de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) en la España de las décadas de 1910 y 1920, resultó fundamental, como centro formativo en el que se forjaron muchos de los principales artistas e investigadores españoles de por entonces. En gran medida, porque dependiente de la Junta de Ampliación de Estudios, Alberto Jiménez Fraud, de la ILE, fundó en 1910 la Residencia de Estudiantes.

 

Al respecto y haciendo referencia al tiempo de la dictadura, es muy valioso el testimonio de José de Orbaneja (sobrino del dictador) quien supo dar una viva y clara expresión de la actividad de la Residencia: “Había cuatro pabellones albergando unos 150 estudiantes de distintas Facultades y Escuelas Superiores. En su salón principal funcionaba la Sociedad de Cursos y Conferencias que patrocinaba el Duque de Alba; tribuna por la que pasaron Mme. Curie, H.G. Wells, etc., ante un público en el que figuraban personas como Ortega y Gasset, Marañón y la mayoría de los intelectuales. Lo dirigía con grandes discreción y eficiencia el propio Jiménez Fraud”.

 

Madame Curie, dos veces Premio Nobel, de Física y de Química, que visitó Madrid en tiempos de Primo de Rivera, y dio una célebre conferencia en la Residencia de Estudiantes

Madame Curie, dos veces Premio Nobel, de Física y de Química, que visitó Madrid en tiempos de Primo de Rivera, y dio una célebre conferencia en la Residencia de Estudiantes

 

En la residencia tenían sus laboratorios, el Prof. Juan Negrín (Fisiología), que con el tiempo sería jefe del gobierno de la segunda república española durante la guerra civil; y que tenía entre sus discípulos a Severo Ochoa, luego Premio Nobel de Medicina de 1959, y Francisco Grande Covián, el más conocido de los nutrólogos españoles; autor de frases más que sabias como aquella de “los únicos alimentos que no engordan son los que no se comen”. Destacaron también los profesores Hortega del Río (Histología) y Zulueta (Biología). También vivieron en la Resi más o menos largamente, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, García Lorca, Alberti, Dalí, Buñuel, y García Valdeavellano.

 

Próxima a las áreas de la cultura y el arte, en cuestiones educativas, debe recordarse la creación, el 17 de mayo de 1927, del Patronato de la Ciudad Universitaria de Madrid, al cual se dotó de amplios terrenos pertenecientes al Patrimonio Real en la zona de la Moncloa. Bajo la supervisión directa del rey y con Florentino Aguilar como director –catedrático de odontología y amigo personal de Alfonso XIII–se diseñó el nuevo campus de la Universidad de Madrid; o Universidad Central que también se decía. Para la mejor configuración de ese espacio educativo, los organizadores viajaron por varios países a fin de tomar ideas que aplicar en el desarrollo del proyecto.

 

Prensa, radio, cine, deportes, toros y juego

 

Durante la dictadura, la prensa experimentó una gran expansión, con periódicos punteros como El Heraldo, El Imparcial y El Sol. Las crónicas de sucesos adquirieron una extraordinaria circulación en numerosas publicaciones populares.

 

Otra revolución, a efectos de lo que sería la nueva vida cotidiana, la marcó la radio comercial, que empezó a emitir Radio Barcelona (EAJ-1) el 12 de noviembre de 1924. Después vendría la inauguración, en Madrid, el 17 de junio de 1925, de Unión Radio (hoy la SER), de la que fue primer presidente Valentín Ruiz Serrer y director Ricardo Urgoiti; éste último, hijo del empresario Nicolás María Urgoiti, que tanta importancia había tenido previamente en la creación de empresas de todas clases, entre ellas La Papelera Española y el Laboratorio Ibys de serología y productos farmacéuticos; y de periódicos como El Sol y La Tarde.

 

En la cinematografía se produjeron grandes avances. En noviembre de 1927 se estrenó en el Tívoli de Barcelona la película El negro que tenía el alma blanca, basada en la novela de Alberto Insúa y dirigida por Benito Perojo. Protagonizada por Concha Piquer, el filme obtuvo un gran éxito en la ciudad condal, por entonces verdadero centro cinematográfico de España. La prensa la exaltó calificándolo de exportable.

 

Al año siguiente, el 1 de octubre de 1928, Buñuel estrenó otra cinta de gran resonancia, realizada en colaboración con Salvador Dalí: Un chien andalou, que abrió la etapa del surrealismo en la pantalla. También destacó Florián Rey dentro de la motivación popular, incorporando el descubrimiento de Imperio Argentina, siempre calificada de deslumbrante.

 

En los deportes se produjo una fuerte eclosión, pasando el fútbol a ser el gran espectáculo de masas (con Zamora, Arrate, y Eguiazábal, como grandes figuras). El Real Madrid jugaba en la villa y corte, y el Atlethic en Bilbao, en campos de tierra, pues el césped, al modo inglés, aún estaba por llegar. Los estadios de ambos clubs se cercaron con vallas de madera, pero cuando había partidos importantes, acababan por ser derribadas a empujones. En la época que nos ocupa, una tribuna en cualquiera de los dos estudios, costaba una peseta, y las localidades preferentes se conseguían por dos reales.

 

En boxeo, destacó Paulino Uzcudun, que llegó a campeón europeo de los pesos pesados. En cuanto a los hipódromos alcanzaron su máximo esplendor en la época, pues suprimido el juego privado según veremos luego, la persistencia de las apuestas hípicas dio gran estímulo a las carreras de caballos; con un evento de gran resonancia a su favor: cuando el equipo nacional de equitación se hizo con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, en 1928.

 

El tenis y el polo (a los que Alfonso XIII fue siempre muy aficionado) eran deportes más bien elitistas, al igual que el tiro, el golf, el esquí y la vela. En relación con esta última, debe destacarse que el 29 de enero de 1928, se hizo entrega a la Marina de guerra, en Cádiz, del buque escuela Juan Sebastián Elcano; que desde entonces, ya camino de un siglo de vida, sigue siendo uno de los orgullos nacionales.

 

La Plaza de Toros de Madrid, terminada en tiempos de Primo de Rivera, en 1926, con capacidad para 26.000 personas. Sólo menor que la Plaza de “El Toreo”, en la Ciudad de México

 

Los toreros que triunfaron durante la dictadura fueron Marcial Lalanda, Cayetano Ordóñez, Domingo González (Dominguín, padre de los diestros de postguerra Domingo, Pepe y Luis Miguel), y Manolo Granero. Y sobre todo, Juan Belmonte. Los maestros de primera fila ganaban entonces entre ocho y diez mil pesetas por corrida, aunque Belmonte siempre percibía cien duros más que los otros espadas.

 

También en el área de la tauromaquia, debe recordarse, muy señaladamente, que en agosto de 1929 se aprobó el modelo de peto defensivo, que a partir de entonces debieron llevar los caballos de los picaderos en las corridas. De forma tan sencilla, quedó solucionado uno de los aspectos más sangrientos de la fiesta nacional: los équidos eviscerados, y las marcas de éxito de los toros bravos, capaces de destripar un buen número de ellos cada tarde.

 

Ciudades, vida popular y cafés

 

Un viajero francés, Verax, en busca de la poética e inmóvil España, señaló que “la vida penetra en las provincias, donde los senderos que parecieron poéticos a Théophile Gautier se han convertido en carreteras llenas de automóviles. Para los contemporáneos, la dictadura supone una era de grosero materialismo, a la que no importan mucho los ideales altruistas. La España urbana está abrumada por las tentaciones del desarrollo económico a medida que la administración y la prosperidad sustituyen a la política. Hay un cierto aire de panem et circenses, caracterizado por las especulaciones de bolsa con sus sueños de enriquecimiento inmediato, por la pasión que despierta el deporte, en especial el fútbol: el legendario portero Zamora es el ídolo de las masas en los años veinte, por la ausencia de la política en la que antes se interesaba al público”.

 

El progreso fue llegando –dice Shlomo Ben-Ami— hasta los pueblos más atrasados y remotos, con el soplo de los nuevos vientos, a veces en medio de una visión condenatoria del cambio social. Así, el testimonio de A. Samblancat –en El aire podrido. El ambiente social de España durante la dictadura, Madrid, 1930— resultó más contundente: “Por fin se introducían el aire, la luz, el agua en lugares donde nunca habían penetrado antes... La desnudez había traído la costumbre de nadar y el abuso del lujo... La indecencia del tango y la barbarie del charlestón hicieron también su aparición... De ahí había sólo un corto paso al dancing, al cabaret y al music-hall, y el paso se dio. El cinema y el teatro sólo agravaron el mal... Pornografía, blasfemia y pasión sexual..., la novela sucia, la revista galante, la postal indecorosa, se combinaron para envenenar los fundamentos de la familia cristiana. Se adoraba a Príapo en lugar de a Jesús, a Astarté en lugar de a la Virgen”.

 

Madrid, la capital, fue adquiriendo el aspecto de una ciudad moderna, con un metro cuya primera línea se abrió en 1919, y que en 1924 ya transportó 37 millones de personas. A comienzos de 1928 circulaban por Madrid 5.000 taxis y el ayuntamiento decidió limitar su número, debido “a los agudos problemas de tráfico”. Fue en esos años cuando aparecieron en las grandes poblaciones, en especial Madrid y Barcelona, los primeros atascos de coches, sobre todo por la afluencia a los nuevos estadios de fútbol (en la capital, el de Chamartín se inauguró en 1924). Todo ello, según Federico Bravo Morata, resultado de una prosperidad que encontró su cauce en las compras a plazos, con el apoyo de las también primeras grandes campañas de publicidad.

 

Durante la dictadura se construyeron en la capital, junto a miles de edificios menores, una serie de grandes muestras de la moderna arquitectura: el Círculo de Bellas Artes en la calle de Alcalá (10 millones de pesetas), la Telefónica (32 millones), el Palacio de la Prensa, el Palacio de la Música. Además, se iniciaron los Nuevos Ministerios (con Secundino Zuazo como arquitecto). En 1929 se inauguró un nuevo museo municipal y una plaza de toros moderna, neomudéjar, y no poco ostentosa. El monumento a Cervantes, en la plaza de España, que costó dos millones de pesetas, fue también un testigo legado por la dictadura. Un periódico inglés escribió en 1929 que “las ciudades españolas han abandonado la inercia del pasado”.

 

La cultura popular durante la dictadura se escenificó vivamente en los teatros, la zarzuela, y los cosos taurinos ya comentados, con una manifestación muy particular: las tertulias, que en Madrid se concentraban en el barrio de las letras –entre Atocha, la carrera de San Jerónimo, la calle Medinaceli y la Puerta del Sol— contabilizándose en ese área 65 cafés de tertulianos. Todos los intelectuales de la época los frecuentaban, hasta el punto de que se hizo famoso el dicho de “a este le falta café”, como expresión de que culturalmente estaba todavía muy verde. El Dr. Gregorio Marañón, que viajó con Alfonso XIII a La Hurdes en 1922 también exclamó: “Café, mucho café”, para expresar la necesidad de estar atento a las noticias cotidianas.

 

La tradición del café, provenía del siglo XVIII, cuando Moratín, Jovellanos, Cadalso y Meléndez Valdés se reunían para hablar de literatura en la madrileña Fonda de San Sebastián. Luego, con el liberalismo, se extendió la costumbre del libre debate (con su expresión en La fontana de oro, de Galdós), a las botillerías y ulteriormente a los cafés. Y fue así como las tertulias se convirtieron en una muestra cotidiana de cultura autóctona, en que se fundían lo popular con lo más elevado del pensamiento local. Costumbre que hoy se mantiene, sobre todo, en la radio, en las primeras horas de la mañana, con paradigmas, en las décadas de 1990 y del 2000 como Antonio Herrero, Luis del Olmo, Iñaki Gabilondo, Federico Jiménez Losantos, etc.

 

Durante la dictadura, las tertulias pasaron a ser pequeñas ágoras tumultuosas, foros de encuentro y de discusión de ideas, sustituyendo en Madrid, al menos en parte, al Ateneo, cerrado por orden de Primo de Rivera en 1924 según vimos en su momento. Había tertulias de todos los tipos: toros, literatura, género chico, guerra de Marruecos; aunque en todas ellas la política era el plato fuerte.

 

Los cafés más ilustres del Madrid de entonces llevaban nombres que todavía resuenan: Gato Negro, Colonial, Iberia, Suizo, Lyon, Comercial, Central, Gijón. Pero por obra y gracia del cuadro de Solana, tuvo especial interés el de la sagrada cripta del Pombo; representado en el lienzo en que Ramón Gómez de la Serna, oficiando como gran maestre, apareció rodeado de hommes de lettres (1920).

 

En cuanto al juego, Juan Villarín –en su libro El Madrid de Primo de Rivera (1928)— explica cómo la dictadura lo prohibió con carácter general, aunque de una u otra forma se practicaba en todas partes. En los salones El Paraíso y Turó Park, situados en la Ciudad Lineal de Madrid, había señoritas tiradoras que se vestían en plan provocativo y que disparaban con escopetas sobre dianas giratorias de corcho instaladas en las paredes del local para componer los números a premiar. Por lo demás, en casi todos los centros regionales había al menos una timba donde el dinero corría en abundancia.

 

Como complemento de las observaciones anteriores, pueden aportarse algunos comentarios adicionales sobre la vida cotidiana y las ciudades, empezando por los que hizo el diario Le Soir de Bruselas, que en 1927 recogió impresiones muy favorables de la situación económica de España a causa del régimen político: “La higiene está al orden del día, ocupándose las autoridades de organizar en numerosas ciudades los establecimientos sanitarios que se necesitan. Aun los espíritus más pesimistas se ven obligados a reconocer que desde septiembre de 1923 se trabaja de firme... Los alrededores de Madrid están surcados por magníficas carreteras que no tienen nada que envidiar a las de Francia”.

 

Terminamos aquí la larga sesión de hoy, que reúne la asombrosa riqueza de personas y episodios. Se podrá estar o no de acuerdo con las ideas políticas de Don Miguel Primo de Rivera. Pero no cabe duda de que es el gobernante que terminó con una guerra larguísima y cruel, la de Marruecos, e hizo muchas cosas para mejorar la vida de los españoles. Seguiremos la semana que viene, y los lectores de Tribuna pueden conectar con el autor a través del correo electrónico [email protected].