La Ciencia Regional y sus aplicaciones Territoriales a Castilla y León (y III)

En la segunda entrega de este artículo, la semana pasada, veíamos como funciona la teoría de los centros de gravedad en la economía española. Y apreciábamos la posibilidad de que en los últimos años haya habido una regresión hacia el sur y el oeste, por la fuerza de Madrid con todo su crecimiento económico.

A ello contribuye, decididamente, la fortaleza económica de atracción de la Comunidad de Madrid, que con sus 8.000 km2 y 6,5 millones de habitantes, tiene más PIB que Cataluña con sus 30.000 km2 y sus más de 7,5 millones de catalanes. Lo cual, sintetizando mucho, se debe a varias razones que solamente esquematizamos[1]:

 

  • Factores que favorecen la concentración de riqueza en Madrid por el llamado efecto capitalidad, que implica grandes economías de escala, aglomeración, fuerza implícita de lo que pueda significar Marca España, etc.

 

  • Régimen con menor presión fiscal en la Comunidad de Madrid (sobre todo por el IRPF y los impuestos de sucesiones y donaciones), lo que favorece las inversiones propias y foráneas en la capital. Incluso se habla de vascos y navarros que ya se avecindan en Madrid por razones tributarias.

 

  • Mayor estabilidad política en el Gobierno regional capitalino, frente a la inestabilidad en el caso de la Generalidad de Cataluña en los últimos tiempos.

 

  • Mejores infraestructuras madrileñas, como paradigmáticamente representan los anillos de la red arterial circundante: M-10/20/30/45/50/¿60?

 

  • Volumen de inversión extranjera en 2019: 85 por 100 del total en Madrid, y sólo 6 por 100 en Cataluña, en 2019.

 

  • Madrid es la primera Comunidad en crecimiento del PIB: 2,6 por 100 en 2019, frente al 1,8 de Cataluña.

 

  • Empleo: según la última EPA, creció en Madrid en 2019 a un ritmo del 4,6 por 100. Figurando ya Madrid entre las CC.AA. que quedan por debajo de un 10 por 100 de desocupación.

 

  • De Cataluña, tras su anodina declaración de independencia, se fueron 5.400 empresas, la mayoría a Madrid. Sólo han retornado un 18 por 100, casi siempre de menor tamaño.

 

Ante todo, lo mencionado, la reacción política del Ministerio de Hacienda, en febrero de 2020, no ha podido ser más irracional: un intento de armonizar, a escala regional, el peso de los impuestos cedidos por el Estado. Con lo que, en cierto modo, se perseguiría dificultar las inversiones en Madrid, interviniendo su régimen fiscal. Como se ha dicho, algo totalmente anómalo, cuando el propio Estado es un agente moroso. Al deber a las Comunidades en este momento, 2.500 millones de euros por conceptos de transferencias del IVA no realizadas, por el 50 por 100 a que tienen derecho las referidas CC.AA.

 

Claro es que, de alguna manera, en el contexto del reto demográfico, y más concretamente en lo que se refiere a la España vacía, conviene estudiar si la Nación requiere un mayor equilibrio de desarrollo territorialmente hablando. En realidad, desde una serie de enfoques, tiene poco sentido que las grandes regiones del entorno de la capital, Castilla y León y Castilla-La Mancha fundamentalmente, estén en un proceso de despoblación, con un proceso de crecimiento desbordante de Madrid. Pero que todavía no tiene los efectos irradiadores (spread) que cabe esperar de cara al futuro. Ya que en el propio espacio capitalino empiezan a apreciarse muchas facetas de deseconomías de escala y de aglomeración.

 

  1. LA FORMACIÓN DEL MERCADO COMÚN ESPAÑOL[2]

 

Entramos ahora en un área nueva, con mayor peso de la Historia de los territorios españoles. Subrayando que análogamente a lo que sucedió en el resto de Europa Occidental, la historia de España en la Edad Media fue de una gran complejidad: un tejer y destejer de episodios y guerras, conquistas y derrotas, con sucesivas transformaciones políticas, económicas y sociales. Pero con un hecho singular a escala europea: la presencia del Islam durante ocho largos siglos, que dejaron su impronta en multitud de facetas de la vida española: los paisajes de huerta; los monumentos históricos, religiosos, militares, palaciegos y civiles; un gran número de vocablos en la lengua española, etc.[3].

 

Ese fenómeno de islamización y de recristianización, hace fácil la comprensión de la historia, por el progresivo avance hacia el Sur, con el repliegue secuencial de los invasores musulmanes. El largo proceso, que se inició a principios del siglo VIII, tuvo en sus tres centurias iniciales muy escasa actividad (siglos VIII al XI); con los cristianos al Norte incapaces aún de avanzar, y con los musulmanes en el Sur, reacios a ocupar las tierras norteñas más frías y húmedas.

 

Finalmente, en 1492, se consolidaron las áreas culturales y lingüísticas de la Iberia de entonces, de forma premonitoria con los contornos de las Comunidades Autónomas de hoy.

 

 

Y fue en mi libro Una idea de España, resultado de mi paso por la Universidad de la Sorbona en París, durante los años 84 y 85 del siglo pasado, cuando me planteé explicar la evolución de las grandes instituciones económicas, que permitieron la formación del mercado común español, a lo largo de los siglos XVIII a XX. Con la unión monetaria, la consolidación arancelaria, la unificación fiscal, los códigos de comercio, etc.

 

A las conclusiones anteriores sobre migraciones, diferencias interregionales, centros de gravedad, hay que subrayar que es en los estudios territoriales donde entre antiguas coronas y unidades políticas, y unificación del periodo liberal jacobino (desde 1808), se marcan las tensiones que hoy tenemos entre comunidades autónomas y Estado posiblemente federal por nuestra Constitución de 1978.

 

La conclusión final de este artículo es que tales tensiones continuarán, e incluso aumentarán. Si no hay una nueva ley de financiación autonómica, que pueda satisfacer al conjunto. Algo difícil, teniendo en cuenta que el Estado podría inclinarse por un trato bilateral discriminatorio a favor de Cataluña y el País Vasco. Algo nada aconsejable, porque una discriminación siempre es hiriente para las partes discriminadas del conjunto, que es la Nación española.

 

En ese sentido, también tendremos que estudiar cómo las antiguas entidades políticas –y sobre todo Castilla y León y Castilla-La Mancha, ambas núcleos centrales de la antigua Corona de Castilla— tienen que recuperar un cierto vigor económico. La despoblación es un hecho inevitable en buena medida, pero tiene también posibles compensaciones económicas racionales para cambiar un círculo vicioso por un círculo virtuoso.

 

Pensando en Castilla y León, nos comprometemos a plantear, en el próximo futuro, lo que puede ser un nuevo modelo territorial, a articular para la fase actual de lo que José Ortega y Gasset llamó la España invertebrada. Que no habría que desvertebrar más con la idea, de raíces históricas, de reconfigurar una nueva comunidad autónoma, sería la 18, con el antiguo Reino de León.

 

Cuando Fernando III asumió la Corona de Castilla incluyendo a León, fue un paso decisivo para la formación de España. No se olvide eso por los historiadores, antiguos y más jóvenes.

 


[1] “Madrid en primer lugar del ranking”, La Razón, 23.II.2020.

[2] Ramón Tamames, Una idea de España, Plaza y Janés, Barcelona, 1985.

[3] Sobre la impronta islámica, la vieja polémica entre Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz sigue siendo de interés. Del primero, “España en su historia. Cristianos, moros y judíos” (1.a edición en 1948; 2.a edición, Crítica, Barcelona, 1983), y “Los españoles, cómo llegaron a serlo”(l.a edición, 1959; 2ª edición, Taurus, Madrid, 1965). De Claudio Sánchez Albornoz, “España, un enigma histórico” (...), y “El drama de la formación de España y los españoles”, (1.a edición, 1973; 2.a edición, EDHASA, Barcelona, 1977).

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