La cárcel de Topas pierde 52 vigilantes y se queda con uno para cada dos reclusos y medio

Las jubilaciones merman una plantilla con menos internos, pero medio centenar de efectivos menos para las labores de vigilancia, las de contacto más directo con los reclusos.

El personal de vigilancia de la cárcel de Topas es el que más ha sufrido el ajuste de plantilla en la cárcel salmantina. Una pérdida de efectivos que retrata la situación en el penal, donde se produce una pérdida de efectivos justo en el área de mayor importancia para el trabajo de rehabilitación de los internos. Sin embargo, su número ha bajado considerablemente de manera paralela a la reducción de la población penitenciaria.

 

Según los datos de una respuesta parlamentaria a pregunta del diputado David Serrada (PSOE), la cárcel de Topas ha perdido 35 efectivos de plantilla desde 2012 y hasta el pasado 2017: ha pasado de 487 a 452. Sin embargo, la peor parte de este ajuste se ha hecho en la plantilla de vigilancia. Este grupo representa la inmensa mayoría del colectivo de trabajadores del sistema y, además de garantizar el mantenimiento del orden, está directamente implicado en las tareas educadoras y de rehabilitación de los presos. Pues bien, el número de vigilantes en Topas ha pasado de 332 a 280 en seis años, 52 efectivos menos para esta tarea, en buena parte por las 14 jubilaciones de las que no se ha cubierto ninguna con incorporaciones. La cárcel salmantina se queda con un vigilante para cada dos reclusos y medio: 280 para los 772 de finales de 2017.

 

Mientras tanto, los problemas de personal crecen. La edad media de la plantilla es de 52 años, en la línea con la media española (54 años), un panorama preocupante por su envejecimiento. La plantilla burocrática ha pasado de 98 a 120 efectivos, con la incorporación el año pasado de 13 efectivos para suplir jubilaciones en un plan para compensar la pérdida de plantilla en las cárceles. La plantilla de vigilantes es, pese a su importancia, la que más ha notado el recorte de efectivos. No sólo ha aumentado el número de personas en administración, sino que se mantienen los puestos directivos y de intervención, y sólo bajan los sanitarios en cinco personas. En Topas hay un total de 118 plazas vacantes de un total de 436 puestos y los sindicatos solicitan que se cubran todas estas plazas.

 

 

MENOS PRESIÓN

 

Este recorte de plantilla ha llegado paralelo a la reducción de internos. Topas tenía a finales de 2017 menos de 800 para sus 1.222 celdas disponibles; en 2010 había más de 1.600 presos y la cárcel salmantina era una de las más masificadas del país: su récord son los 1.860 de 2008. La proliferación de las agresiones, un total de 44 entre 2011 y 2017, obligaron a reducir esta presión, aunque en los últimos años no se han registrado incidentes catalogados como graves o muy graves, según los datos del Gobierno.

 

Ahora Topas tiene una plantilla total de 452 empleados para menos de 800 presos, cuando hace una década el personal superaba los 500, pero con hasta 1.800 internos. En poco tiempo ha pasado de ser una de las más pobladas del país a la más vacía, con más de 400 celdas libres.