La cara y la cruz del sistema sanitario público regional

Las listas de espera quirúrgicas han mejorado en el año 2018, sin embargo el envejecimiento de las plantillas de enfermeros y médicos es un tema a resolver. 

La Sanidad pública de Castilla y León es un tema muy recurrente para los que defienden la gestión del Gobierno regional y para los que por el contrario ven en estas políticas el talón de Aquiles del ejecutivo de Juan Vicente Herrera. El consejero del ramo de la Junta, Antonio María Sáez Aguado, probablemente el consejero al que más veces se le ha pedido la dimisión por parte de la oposición y de algunas plataformas en pro de la Sanidad, presentó la semana pasada los datos de las listas de espera quirúrgicas.

 

Saéz Aguado sacó músculo y aseguró que el Plan Perycles (Plan Estratégico de Eficiencia y de Control y Reducción de Listas de Espera) -que echó a andar en abril de 2016- ha logrado el objetivo previsto para diciembre de 2019 un año antes. El consejero explicó que la meta era reducir la lista hasta los 22.500 pacientes en espera y 65 días de demora en diciembre de 2019. A 31 de diciembre de 2018 se habían logrado estas cifras (22.524 pacientes y 65 días de demora), lo que supone un descenso del ocho por ciento respecto al pasado año. Hasta los hospitales más conflictivos como el de Salamanca o el Clínico de Valladolid han logrado mejorar sus números

 

Los números son positivos. Aunque pudiera parecer excesivo que más de 22.000 castellanos y leoneses esperen a ser operados y la media para entrar en quirófano sea de 65 días, es conveniente compararlo con otras comunidades y con la media nacional. En España el tiempo medio de espera es de casi un mes superior al de Castilla y León, hasta llegar las 93 jornadas. Asimismo, la Comunidad castellano y leonesa es la cuarta región con menor número de pacientes en espera quirúrgica, siempre analizando la tasa por cada mil habitantes.

 

Sáez Aguado presume también de que el cien por cien de los pacientes con patologías establecidas como prioridad 1, no han superado en ningún caso los 30 días de espera máxima para ser intervenidos; algo que no ocurre en otras Comunidades españolas. No obstante, al igual que con las listas del paro, los gobernantes deben tomar cartas en el asunto y no conformarse con unos números que por el momento les sonríe.

 

Es casi imposible que el sistema sanitario elimine las listas de espera, pero deben seguir trabajando por una reducción aún más que considerable. 2019 espera cerrarse con una demora media de 60 días y con un número de pacientes inferior a los 20.000 que, por cierto, ya son pacientes. Tampoco cabe olvidar que hace tan solo seis años la cifra prácticamente se duplicaba: 39.384 pacientes esperaban una media de 111 días.

 

En la otra cara de la moneda de la Sanidad pública, hemos conocido estos días –mediante una alerta lanzada por el sindicato Satse de Castilla y León- que en los próximos diez años se jubilará la mitad de la plantilla de enfermería de Sacyl. Los propios denunciantes han reclamado medidas que permitan un relevo regional en el sistema de salud regional. De lo contrario, el colapso en la Salud pública puede ser incontrolable.

 

Con una plantilla de enfermería tan envejecida, casi el 50 por ciento del personal supera los 55 años, en una década se habrán jubilado más de 4.300 trabajadores. Unos datos que no son exclusivos de los enfermeros. El Consejo de Colegios Oficiales de Médicos de Castilla y León ha cifrado que aproximadamente cerca de 5.000 médicos (de poco más de 10.800 que en la actualizad ejercen en la Comunidad) podrán jubilarse en este mismo periodo.

 

Es sin duda uno de los retos para los próximos años: el rejuvenecimiento de la plantilla de médicos y enfermeros, que es la base principal de un sistema sanitario en Castilla y León, que aspira también a seguir reduciendo sus listas de espera. Es la cara y la cruz de la Salud regional. Veremos quién es el próximo consejero de Sanidad tras las elecciones de mayo y si estas dos prioridades están en su agenda política.