Jugando con fuego
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Jugando con fuego

El presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez, durante el acto de apertura de campaña del PSC para las elecciones del 14F.

Artículo de opinión de Diego Jalón.

El Partido Socialista, que hoy en día es lo mismo que decir Pedro Sánchez, está jugando con fuego en Cataluña. En varios sentidos. El más peligroso es la decisión de celebrar, pese a la situación desbocada de la pandemia en Cataluña y en toda España, las elecciones el 14 de febrero para que el “efecto Illa” no pierda impulso. Los catalanes se enfrentan así a una situación surrealista, en la que la Generalitat autoriza a los ciudadanos a romper los confinamientos perimetrales para acudir a los mítines y permite a los contagiados y a quienes guardan cuarentena en sus domicilios por haber estado en contacto con positivos salir de sus casas y acercarse a los colegios electorales a depositar su papeleta.

 

Al parecer, se repartirán esos EPIs que nuestros sanitarios antes no tenían a los miembros de las mesas electorales, para que, embutidos en ellos, intercambien saludos, DNIs y sobres de votación con los enfermos, que en su camino a los colegios se cruzarán con otros ciudadanos menos protegidos. Los que ahora se han ofuscado con el “volem votar” son los socialistas, dispuestos no a saltarse la Constitución como hicieron en su día los indepes, sino todas las recomendaciones sanitarias, esas que según el antes ministro y ahora candidato, “salvan vidas”.

 

Pero también juega con fuego el presidente en la estrategia política, esa que le ha diseñado el vice Pablo Iglesias, una de las mentes más singulares de nuestra política actual. Y es que lo peor que le podría pasar a su Gobierno es que el “efecto Illa” funcionase de verdad y su candidato ganase las elecciones. No es probable que ocurra, pero si no confían en ello, ¿a qué tanta prisa por votar pasándose la pandemia por el forro? Si gana Illa todo el tinglado de su Gobierno Frankenstein comenzaría a tambalearse. Ya estamos viendo algunas grietas, como la negativa de ERC a apoyar el decreto de los fondos europeos.

 

Aunque gane, Illa nunca será presidente. Como ya le pasó a Inés Arrimadas, nunca podrá presentarse a la investidura. Correría el riesgo de que PP y Ciudadanos le ofrezcan su apoyo mientras ERC se lo niega. La reedición del tripartito con la que sueña Iglesias pasa por que el presidente sea de ERC. Pero para los de Aragonés, no dejará de ser un motivo de enorme cabreo perder las elecciones tras haberse inmolado tres veces en Madrid (moción de censura, investidura y presupuestos). Una inmolación que los votantes catalanes pueden precisamente hacerles pagar ahora en las urnas y dejar de nuevo a los republicanos como segunda o incluso tercera fuerza en Cataluña, por detrás de Puigdemont y de Illa. Será una humillación muy difícil de gestionar en el futuro.

 

Y mientras la parte maquiavélica, taimada y fatua de nuestro Gobierno anda alimentando esta hoguera de contagios y vanidades electorales, pasando tres pueblos de los derechos sociales y de la agenda 2030, de la pandemia, las nevadas y los terremotos, la parte más laboriosa y aplicada, las Calviños y los Escrivás tratan de alejarse del fuego y centrarse en la olla. Porque no nos engañemos, el gran reto además de vencer la pandemia, son ahora los fondos europeos. Es fundamental que lleguen y que los aprovechemos para llevar a cabo las reformas estructurales que nos permitan crecer más y mejor en los próximos años.

 

No lo van a tener fácil las hormigas, porque la cigarra de Galapagar también quiere diseñar esa estrategia y seguir jugando con fuego. Y aquí no va a ser él solo el que se queme, arderemos todos. Ya nos ha avisado el comisario europeo de Asuntos Económicos, Valdis Dombrovskis. Los planes que se presenten a Bruselas deben ser más concretos. No vale con cantos de cigarras: “El plan español necesita más trabajo”. Y pide también mecanismos que garanticen que los fondos se empleen en los proyectos para los que sean concedidos. A ver cómo lidiamos con esto.

 

Necesitamos un plan coherente, a nivel nacional, con estudios detallados de las infraestructuras y las reformas más necesarias y convenientes, que tenga en cuenta las sinergias entre los proyectos y que nos permita, cuando se ejecute, ser más competitivos, más sostenibles, más digitales, tecnológicos e innovadores, crear más riqueza, ofrecer mejor educación a nuestros jóvenes, tener un sistema de salud más fuerte y ser más resilientes ante el cambio climático.

 

Lo que no podemos permitirnos es otro “Plan E”, otro conjunto de proyectitos, aceras y rotondas para enriquecer a los amiguetes y volver a llenar España de carteles a mayor gloria de un Gobierno incapaz de gestionar con inteligencia estas ayudas europeas que tanta falta nos hacen. De momento creo que no vamos por el mejor camino posible. Tanto los criterios como el reparto de fondos que se está comenzando a decidir no es el más adecuado. La oposición ha pedido consenso al Gobierno y la creación de una agencia independiente para la gestión de estos fondos. Pero en Moncloa se niegan a ceder el control directo. El gran miedo es que se adjudiquen con criterios políticos. Un buen ejemplo lo tenemos aquí, en Castilla y León.

 

La Junta remitió hace meses al Gobierno un plan de proyectos e iniciativas de recuperación y resiliencia con un presupuesto de 6.000 millones. La mayoría tienen un componente digital y están relacionados con la transición verde. Además, recoge tanto proyectos públicos, como privados y de colaboración público-privada, una colaboración que será imprescindible para esta aventura.

 

Los proyectos están vinculados a la reindustrialización, la automoción, la industria alimentaria y el sector energético, sectores todos ellos con importante presencia en el tejido empresarial de Castilla y León. Es un trabajo serio, detallado y que funciona como un todo, un plan que puede suponer un importante apoyo para afrontar el reto demográfico, impulsar la cohesión económica, social y territorial y favorecer el desarrollo del ámbito rural.

 

Bueno, pues frente a este esfuerzo, la respuesta del Gobierno es destinar a Castilla y León solo 335 millones de los primeros 10.000 que van a llegar de Europa. Será la Comunidad que menos reciba, un 3,35%, 128 euros por habitante frente a una media nacional de 213. Por territorio, la comunidad ocupa el 18,6% de la superficie de España y sus 2,4 millones de habitantes, el 5,1% por ciento de la población. En el modelo actual de financiación autonómica, que ya es un desastre, Castilla y León recibe un 7% del total. Y ahora se quedará en la mitad. ¿Saben qué comunidades saldrán más beneficiadas? No hace falta que lo diga, creo que ya lo sabemos todos. Seguimos jugando con fuego.